lunes, 14 de febrero de 2011

Enfrentamientos entre la oposición y la policía en una manifestación en Teherán

Enfrentamientos entre la oposición y la policía en una manifestación en Teherán

El Gobierno iraní prohibió la convocatoria, organizada para apoyar los pueblos egipcio y tunecino.- Ya hay decenas de detenidos, según afirma el líder opositor Mir Husein Musaví, bajo arresto domiciliario

Grupos de manifestantes y efectivos de las fuerzas de seguridad iraníes se han enfrentado en diversos puntos de Teherán donde la oposición había convocado una manifestación que estaba prohibida por el régimen . Según informaron diversos testigos, la policía usó gases lacrimógenos y balas de fogueo para dispersar a la muchedumbre que de forma silenciosa había ocupado la plaza Azadí, en el suroeste de la ciudad. Hasta el momento, no hay informaciones fiables sobre si en los disturbios se han producido víctimas ni sobre el supuesto número de detenidos, aunque según ha asegurado el opositor Mir Husein Musaví -que está bajo arresto domiciliario- en su página web ya hay decenas de personas encarcelas. "Los testigos dicen que en algunas partes de Teherán las fuerzas de seguridad han arrestado a decenas de manifestantes", ha indicado Musavi en su web .

Lo que sí se conoce es que algunos de los manifestantes, muchos de los cuales eran hombres mayores que acudieron junto a sus esposas e hijos, gritaron consignas como "muerte al dictador", según han contado algunos testigos.

Teherán ha amanecido tomada por las fuerzas de seguridad en respuesta a la decisión de la oposición iraní de manifestarse a favor de los alzamientos en el norte de África , pese a que las autoridades habían advertido de que la marcha estaba prohibida. Desde primera hora de la mañana, agentes y voluntarios islámicos Basij vestidos de civil patrullaban por los accesos a las avenidas Enguelab (revolución) y Vali-e Asr, escenario en junio de 2009 de multitudinarias marchas populares contra la reelección del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que la oposición calificó de fraudulentas.

Entonces, nada más conocerse el resultado, cientos de miles de personas se echaron a las calles de todo el país para apoyar la denuncia de la los líderes de la oposición reformista, Mir Husein Musaví y Mehdi Karrubí , ambos ahora bajo arresto domiciliario, de que se había producido "un fraude masivo". En la violenta represión de aquellas manifestaciones, que duraron varios meses, murieron decenas de personas y miles fueron encarceladas.

Más de un centenar han sido desde entonces juzgadas y condenadas a diversas penas de prisión, e incluso a muerte, acusadas de conspirar con fuerzas extranjeras para tratar de derribar al régimen. Tras meses de silencio, la oposición iraní colgó este fin de semana un comunicado en la página web Kaleme.org , afín a Musaví, en el que instaban a la población a manifestarse hoy en el centro de Teherán en favor de las revueltas de Egipto que terminaron con la dimisión de Mubarak el pasado viernes .

En la nota, los opositores critican, además, la "hipocresía" del régimen iraní, que ha apoyado públicamente los alzamientos en el norte de África al tiempo que impide las manifestaciones en su propio territorio. La web denuncia, igualmente, que tanto Musaví como Karrubí han sido confinados e incomunicados por las fuerzas de Seguridad en sus casas, en un intento por impedir la manifestación.

"Varios coches de Policía han cortado los accesos en la calle. Además, las líneas telefónicas, tanto fijas como móviles, de Musaví y de su esposa Zahra Rahnavard están cortadas desde el domingo", ha explicado la página Kaleme.org. La oposición se queja también de que el régimen ha emprendido una campaña de intimidación que en la última semana ha culminado con cerca de una veintena de arrestos. Además, las autoridades han censurado diversas páginas web de noticias internacionales y tratado de distorsionar la emisión de los canales por satélite.

En este sentido, la oficina encargada de asuntos de prensa ha comunicado hoy con insistencia a los periodistas extranjeros que la marcha no está autorizada, por lo que carecen de permiso para informar desde la calle.

Argelia, ¿la tercera revolución?

Argelia, ¿la tercera revolución?

La división de la oposición y el miedo a la violencia lastran la movilización contra el régimen de Buteflika - Los grupos laicos convocarán nuevas protestas


¿Fue el inicio de la tercera revolución en el mundo árabe o mostró más bien el desinterés de la población argelina por las reivindicaciones formuladas en Túnez y Egipto ? Al día siguiente de la primera manifestación callejera convocada en Argelia para "cambiar el sistema", actores políticos y comentaristas de la prensa, que goza de un amplio margen de libertad, polemizaban sobre su alcance.

La manifestación del sábado fue, en realidad, una concentración, en la plaza del 1 de Mayo , de algo más de 2.000 personas a las que miles de antidisturbios impidieron efectuar el recorrido anunciado. Varios cientos o quizá miles de aspirantes a protestar ni siquiera pudieron hacerlo porque las fuerzas de seguridad les privaron de medios de transporte y les impidieron físicamente llegar al lugar de la cita.

Ningún miembro del Ejecutivo argelino que encabeza desde hace 12 años Abdelaziz Buteflika evaluó el desarrollo de la protesta, pero su opinión quedó reflejada en la portada del diario gubernamental El Moudjahid, que tituló: "Manifestación con escaso eco". Aunque los manifestantes fueran 10.000, como sostienen los convocantes, sigue siendo una cifra muy baja en una ciudad de cuatro millones de habitantes en la que, a finales de los años ochenta del siglo pasado, cientos de miles se echaron a la calle.

¿Por qué fueron tan pocos el sábado si las características sociales de Argelia, segundo país más poblado de África del Norte, son similares a las de sus vecinos en cuanto a niveles de paro, peso demográfico de la juventud, desesperación de los jóvenes, etcétera? Se diferencia de Túnez y Egipto por la riqueza -al igual que sucede en Libia- de las arcas del Estado gracias a los hidrocarburos (155.000 millones de dólares en reservas, lo que equivale a unos 115.000 millones de euros) y por un régimen político bicéfalo con una cabeza civil, Buteflika, y otra militar, el potente servicio DRS.

"La gente tenía miedo de la violencia", responde Mustafá Buchache, portavoz de la Coordinadora que agrupa a los partidos y asociaciones convocantes. "Aun así estamos satisfechos", añade. "2011 será el año del cambio y de la democracia", vaticina, al tiempo que proyecta nuevas convocatorias. La próxima está prevista para el sábado. "Un primer paso hacia el cambio", titulaba en portada El Watan, el más leído de los diarios francófonos.

Al miedo porque la manifestación había sido prohibida y porque las protestas callejeras acaban en disturbios con muertos, hay que añadir, quizá, la división de la oposición al régimen en tres bloques: la Coordinadora compuesta por formaciones laicas; la Alianza, en la que los islamistas moderados tienen peso, y los socialdemócratas del Frente de Fuerzas Socialistas. Estos dos últimos no convocaron el sábado.

Esta segmentación de los adversarios del régimen se debe, en parte, a viejas rencillas, pero también a recelos ideológicos. Los laicos desconfían de los "barbudos". Prueba de ello es que el único islamista que se apuntó a la manifestación del sábado, Ali Belhadj, que pasó 12 de sus 54 años en la cárcel, fue abucheado cuando apareció en la plaza del 1 de Mayo.

Este tímido arranque de la protesta "no significa que los ciudadanos van a seguir mucho tiempo al margen del debate sobre el cambio que la oposición tiene el mérito de haber abierto", escribía el columnista Kharroubi Habib en Le Quotidien d'Oran. "El poder se equivocaría si considerase la prevención ante estas iniciativas como la expresión del apoyo del que goza". "Está claro que la mayoría de los argelinos quieren el cambio del actual sistema".

Se pondrán en marcha para promoverlo cuando la oposición se una y sea capaz de movilizarles o cuando se produzca una chispa detonante como sucedió en Túnez, el 17 de diciembre, con la inmolación de un vendedor ambulante humillado por la policía. En menos de un mes en Argelia ya han fallecido cuatro personas que se prendieron fuego.

El sistema es más complejo que en Túnez, explicaba, el 18 de enero, tras la primera inmolación de un argelino, Xavier Driencourt, embajador de Francia en Argel. Aun así, afirmó ante la comisión parlamentaria de Asuntos Exteriores que si la experiencia tunecina tenía éxito "tendrá consecuencias" en Argelia. Falta por saber cuándo.

domingo, 13 de febrero de 2011

El Ejército egipcio suspende la Constitución y se da seis meses de plazo para transferir el poder

El Ejército egipcio suspende la Constitución y se da seis meses de plazo para transferir el poder

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas transferirá el poder a manos civiles tras las elecciones de septiembre.- Las dos cámaras del Parlamento han sido disueltas

La transición egipcia avanza y queda claro que lo hará tutelada muy de cerca, al menos en los próximos seis meses, por el Ejército. Ese es el plazo que los militares se han dado para transferir el poder a manos civiles. Hasta entonces, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas sancionará leyes y dirigirá el país, cuya representación exterior correrá a cargo del jefe militar (y ministro de Defensa de Mubarak desde 1991 hasta hace dos días), el general Mohamed Husein Tantaui. En su último comunicado, los generales han anunciado la suspensión de la Constitución y la disolución de las dos cámaras del Parlamento, una de las grandes reivindicaciones de los manifestantes que propiciaron la caída del régimen de Hosni Mubarak. Nada se dice de la otra gran demanda, el levantamiento del estado de emergencia en que vive el país desde la llegada al poder del ex dictador en 1981. Los militares han dejado claro durante los 18 días de protestas (y el día y medio de celebraciones que han seguido) que esa medida no se aplicará hasta que la plaza de la Liberación de El Cairo se vacíe de manifestantes. Y eso es precisamente lo que un pequeño núcleo se resistía a hacer esta mañana, bajo la exigencia de mayores garantías y plazos para culminar una auténtica transición a la democracia.

La incógnita ahora es si les bastará el nuevo comunicado militar, en el que se ha informado también de la futura creación de una comisión de enmienda constitucional cuyas conclusiones serán votadas en referéndum. La suspensión de la actual Carta Magna, que blindaba por completo el poder del ex dictador, es fundamental para reformarla y dar cabida al pluralismo político. También deja Egipto en manos de una dictadura militar en la que todo depende de la voluntad del Ejército para conducir al país a una democracia. En lo inmediato, como ya se comunicó ayer, el Ejecutivo legado por Mubarak se mantendrá para despachar los asuntos ordinarios. La idea es que, cuando sea posible, se forme un nuevo Gobierno que la mayoría de egipcios pueda entender como representativo para favorecer la transición. En septiembre, a las elecciones presidenciales que ya había previstas se sumarán unas legislativas.

El anuncio de los militares ha coincidido con una rueda del primer ministro del Gobierno -uno de los legados del rais- quien simbólicamente se ha enterado a la vez que el resto del país de las nuevas medidas. Mientras recibía las notas que le comunicaban la nueva situación, y que leía a los periodistas, Ahmed Shafiq ha insistido en que su mayor preocupación es "la seguridad" y que su prioridad es "volver a la normalidad". También ha dicho que cree que Hosni Mubarak, el dictador caído el viernes tras casi 30 años de mandato, se encuentra en Sharm el Seij (este del país), como han apuntado medios de todo el mundo en los últimos días.

Pequeños altercados en la plaza

Mientras, en la plaza de la Liberación, donde se concentraron las protestas contra Mubarak durante 18 días, algunos grupos de manifestantes se resistían esta mañana a salir. "No voy salir de la plaza. Será sobre mi cadáver. Confío en el Ejército pero no en aquellos que controlan a los militares entre bastidores", ha señalado en declaraciones recogidas por Reuters Mohamed Salah, un manifestante que se ha negado a desmontar su tienda en la plaza. Los últimos protagonistas de las protestas exigían mayores garantías para la transición. Su negativa ha provocado momentos de tensión, con empujones y pequeñas escaramuzas, cuando las fuerzas del orden han intentado desalojarlos. "No queremos que ningún manifestante se siente en la plaza después de hoy", ha asegurado el jefe de la policía militar.

Por la tarde, solo quedaban dos de las tiendas que, días atrás, ocupaban el centro de la plaza. Una de ellas sirve para reclutar a voluntarios de limpieza que ayuden a asear otros barrios de El Cairo. El tráfico ha quedado restablecido y los coches tratan de avanzar, en el típico caos cairota, entre numerosos paseantes. Centenares de personas se acercan a recordar lo que ha pasado. Un pino donde la gente cuelga sus mensajes y una pancarta donde se escriben los nombres de los fallecidos -sus mártires- certifican que la plaza de la Liberación es un emblema de la revolución egipcia. Solo un pequeño núcleo de personas, en una de las esquinas, parece mantener la reivindicación.

Y es que en la mayor parte de la plaza de la Liberación, y de Egipto, las protestas son agua pasada. La mayoría del pueblo ha depositado un voto de confianza en el Ejército, que ayer, con todo el poder en sus manos tras la caída de Mubarak, pareció tomarse una pausa. Se limitó a mantener en su puesto al último Gobierno de Mubarak y a tranquilizar a Estados Unidos e Israel diciendo que respetaría la paz de Camp David. Tanto el cambio como la estabilidad eran discutibles. Constituían una simple convención, dependiente por completo de la dirección que adoptaran los acontecimientos.

Ni dictadores ni islamistas: Una tercera vía para el mundo árabe

Ni dictadores ni islamistas: Una tercera vía para el mundo árabe


Los regí­me­nes auto­ri­ta­rios árabes están siendo sacu­di­dos de raíz o se encuen­tran en plena caída. Y lo mismo está ocu­rriendo con muchas de las fala­cias exis­ten­tes sobre los árabes en sí.

Durante déca­das, estos regí­me­nes han uti­li­zado la ame­naza del isla­mismo fun­da­men­ta­lista para mani­pu­lar a sus 'alia­dos' occi­den­ta­les: o nos apo­yáis, o estos extre­mis­tas os van a mon­tar otro Irán antes de que os déis cuenta. Y Occi­dente, teme­roso, deci­dió optar por lo malo conocido.

La calle árabe, sus durante tanto tiempo mar­gi­na­dos ciu­da­da­nos, ha demos­trado la fal­se­dad de este argu­mento. Y lo ha hecho, ade­más, de un modo que ha sor­pren­dido a casi todo el mundo, empe­zando por los pro­pios islamistas.

Los millo­nes de tune­ci­nos, egip­cios y otros que han irrum­pido en el cen­tro mismo de la vida polí­tica de sus paí­ses han enviado seis men­sa­jes muy claros:

El pri­mer men­saje, el más gene­ral, es que los pue­blos árabes se han can­sado de aguan­tar tanto a sus dic­ta­do­res como a los que les han pro­mo­vido. Han hecho falta varias déca­das para lle­gar a este punto, pero al fin se ha alcanzado.

Los paí­ses árabes de la era post­co­lo­nial tie­nen una media de 60 años de vida. Durante la mayor parte de este periodo, las élites gober­nan­tes han dis­puesto de tiempo y espa­cio para cons­truir una nación y edi­fi­car un estado. Durante los años que siguie­ron a la inde­pen­den­cia, la abru­ma­dora tarea fue con­se­guir que las nue­vas enti­da­des terri­to­ria­les enca­ja­sen con las anti­guas enti­da­des loca­les, den­tro de las fron­te­ras colo­nia­les here­da­das, y disol­viendo, de paso, el sen­ti­miento paná­rabe que pudiera estar incrus­tado entre la pobla­ción. Los gober­nan­tes argu­men­ta­ron enton­ces que estas nece­si­da­des estra­té­gi­cas jus­ti­fi­ca­ban el dar prio­ri­dad al desa­rro­llo por encima de la demo­cra­cia. Algu­nos invo­ca­ban incluso la débil noción de "espe­ci­fi­ci­dad cul­tu­ral" para afir­mar que la demo­cra­cia es un sis­tema poco apro­piado para los árabes. El resul­tado fue un modelo basado en la segu­ri­dad y en el con­trol autoritario.

Ade­más, la gue­rra con Israel fue uti­li­zada como excusa para denos­tar la aper­tura polí­tica y la demo­cra­ti­za­ción, al ser tacha­das ambas de dis­trac­cio­nes de la prin­ci­pal causa árabe. Al final, tanto esta causa como el otro gran obje­tivo, el desa­rro­llo, han fra­ca­sado. En lugar de lograr pro­greso y vic­to­rias, la mayo­ría de los esta­dos árabes, tanto monar­quías como repú­bli­cas, se trans­for­ma­ron en corrup­tos nego­cios fami­lia­res, en torno a los cua­les sur­gie­ron opor­tu­nis­tas cama­ri­llas, bajo la pro­tec­ción, todos ellos, de dra­co­nia­nos apa­ra­tos de segu­ri­dad res­pal­da­dos por un indi­fe­rente Occi­dente. La corrup­ción y la inefi­ca­cia afec­ta­ron a todos los aspec­tos de la vida social, polí­tica y económica.

Todo esto tenía que ter­mi­nar, y lo ha hecho ahora, gra­cias a la revuelta de un pue­blo que no está dis­puesto a seguir siendo humi­llado. El pue­blo ha dado por con­cluido el tiempo otor­gado a sus gober­nan­tes para crear sis­te­mas polí­ti­cos y eco­nó­mi­cos viables.

El segundo men­saje de las revuel­tas des­acre­dita la creen­cia común de que la única alter­na­tiva con­ce­bi­ble a la dic­ta­dura es un régi­men isla­mista. Aún esta­mos en los pri­me­ros días, pero exis­ten ya sufi­cien­tes evi­den­cias de que este impulso va enca­mi­nado hacia una ter­cera vía, más allá de esa cerrada dua­li­dad. Tanto en Túnez como en Egipto, la fuerza domi­nante de la revo­lu­ción es una nueva gene­ra­ción de jóve­nes edu­ca­dos, cuyas valien­tes accio­nes han tocado la fibra de todos los estra­tos de la socie­dad, dejando atrás a los tra­di­cio­na­les (e inefi­ca­ces) par­ti­dos de la oposición.

Su éxito a la hora de movi­li­zar a tan­tos miem­bros de la "mayo­ría silen­ciosa" demues­tra que millo­nes de árabes están har­tos tanto del sta­tus quo como de cual­quier alter­na­tiva de futuro basada en la reli­gión. Cier­ta­mente, los isla­mis­tas tie­nen una gran influen­cia en el mundo árabe, inclui­dos estos dos paí­ses. Pero son sólo una parte del esce­na­rio polí­tico, y, de momento, se están decan­tando más por com­par­tir el poder que por controlarlo.

El ter­cer men­saje es que el cam­bio que anun­cian estas revo­lu­cio­nes no es fruto del tra­bajo de una élite, o de un grupo pro­mo­vido por un golpe de Estado o una inter­ven­ción extran­jera. Al con­tra­rio, este cam­bio está ins­pi­rado por el pue­blo, y lo está rea­li­zando el pue­blo. Y el hecho de que la pater­ni­dad del cam­bio per­te­nezca sólo al pue­blo per­mite tener con­fianza en que el des­tino de los árabes está, al fin, en sus pro­pias manos. La nueva era estará defi­nida por el poder del pue­blo, y no por una junta revo­lu­cio­na­ria o por un monarca cus­to­dio actuando en nom­bre del pueblo.

El cuarto men­saje es que esta pro­testa gene­ra­li­zada tiene un carác­ter fun­da­men­tal­mente polí­tico. Las exi­gen­cias de tra­bajo y de mejo­res con­di­cio­nes de vida pue­den haber sido el cata­li­za­dor, y son impor­tan­tes en sí mis­mas, pero las aspi­ra­cio­nes polí­ti­cas se han colo­cado pronto a la cabeza de las deman­das. En Túnez, el eslo­gan domi­nante de la "Revo­lu­ción de los Jaz­mi­nes" era: "Vivi­re­mos sólo con pan y agua, pero sin Ben Ali". En Egipto, el eslo­gan "El pue­blo quiere cam­biar el régi­men" expresa la misma idea. La gente no se está escon­diendo detrás de peti­cio­nes modes­tas y a corto plazo; lo que quie­ren es cam­biar el sis­tema polí­tico en su con­junto. Se trata de un cam­bio espec­ta­cu­lar y sin concesiones.

El quinto men­saje, que nece­sita ser com­pren­dido por las cla­ses gober­nan­tes y por quie­nes las apo­yan desde fuera, es que la (super­fi­cial) esta­bi­li­dad basada en una segu­ri­dad armada ya no es una opción. Este modelo puede haber aguan­tado durante mucho tiempo, pero los acon­te­ci­mien­tos actua­les han demos­trado que, al final, acaba haciendo aguas. La miope estra­te­gia de Occi­dente con­sis­tente en com­prar esta­bi­li­dad a costa de cerrar los ojos ante la repre­sión sólo revela la fal­se­dad de sus valo­res democráticos.

Por último, el sexto men­saje es que la tra­di­cio­nal­mente mano libre de los regí­me­nes auto­ri­ta­rios (inclui­dos los árabes) está empe­zando a sufrir pará­li­sis en un mundo inter­co­nec­tado por la cober­tura infor­ma­tiva que, más allá de las fron­te­ras, ofre­cen los medios por saté­lite y las redes socia­les. La ola de pro­testa que reco­rre los paí­ses árabes (como en Túnez y Egipto) crece pri­mero de manera orga­ni­zada en redes socia­les como Face­book y Twit­ter, se hace visi­ble des­pués en las calles, y es reco­gida y trans­mi­tida a con­ti­nua­ción por las tele­vi­sio­nes por saté­lite e internacionales.

El resul­tado es que el tra­bajo de los ser­vi­cios de segu­ri­dad del Estado y de inte­li­gen­cia, e incluso el de los mili­ta­res, se vuelve mucho más difí­cil. Estas ins­ti­tu­cio­nes no poseen ni la habi­li­dad ni las herra­mien­tas para hacer frente a "movi­mien­tos elec­tró­ni­cos de resis­ten­cia civil". Frente a una deter­mi­na­ción sin armas pero masiva, y bajo la atenta vigi­lan­cia del resto del mundo, estos apa­ra­tos de segu­ri­dad y los regí­me­nes a los que pro­te­gen han sido des­en­mas­ca­ra­dos como tigres de papel.

La libertad y los árabes

La libertad y los árabes

¿Qué mejor prueba que la caída de Mubarak de que la historia no está escrita y que toma direcciones que escapan a todas las teorías? El Occidente liberal y democrático debería celebrarlo

El movimiento popular que ha sacudido a países como Túnez, Egipto, Yemen y cuyas réplicas han llegado hasta Argelia, Marruecos y Jordania es el más rotundo desmentido a quienes, como Thomas Carlyle, creen que "la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres". Ningún caudillo, grupo o partido político puede atribuirse ese sísmico levantamiento social que ha decapitado ya la satrapía tunecina de Ben Ali y la egipcia de Hosni Mubarak, tiene al borde del desplome a la yemenita de Ali Abdalá Saleh y provoca escalofríos en los gobiernos de los países donde la onda convulsiva ha llegado más débilmente como en Siria, Jordania, Argelia, Marruecos y Arabia Saudí.

Lo que sí sabemos es que, en su origen, este movimiento ha sido civil, no religioso

Lo ocurrido debería haber barrido reticencias inspiradas en prejuicios culturales y racistas

Es obvio que nadie podía prever lo que ha ocurrido en las sociedades autoritarias árabes y que el mundo entero y, en especial, los analistas, la prensa, las cancillerías y think tanks políticos occidentales se han visto tan sorprendidos por la explosión socio-política árabe como lo estuvieron con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y sus satélites. No es arbitrario acercar ambos acontecimientos: los dos tienen una trascendencia semejante para las respectivas regiones y lanzan precipitaciones y secuelas políticas para el resto del mundo. ¿Qué mejor prueba que la historia no está escrita y que ella puede tomar de pronto direcciones imprevistas que escapan a todas las teorías que pretenden sujetarla dentro de cauces lógicos?

Dicho esto, no es imposible discernir alguna racionalidad en ese contagioso movimiento de protesta que se inicia, como en una historia fantástica, con la inmolación por el fuego de un pobre y desesperado tunecino de provincia llamado Mohamed Bouazizi y con la rapidez del fuego se extiende por todo el Oriente Próximo. Los países donde ello ha ocurrido padecían dictaduras de decenas de años, corruptas hasta el tuétano, cuyos gobernantes, parientes cercanos y clientelas oligárquicas habían acumulado inmensas fortunas, bien seguras en el extranjero, mientras la pobreza y el desempleo, así como la falta de educación y salud, mantenían a enormes sectores de la población en niveles de mera subsistencia y a veces en la hambruna. La corrupción generalizada y un sistema de favoritismo y privilegio cerraban a la mayoría de la población todos los canales de ascenso económico y social.

Ahora bien, este estado de cosas, que ha sido el de innumerables países a lo largo de la historia, jamás hubiera provocado el alzamiento sin un hecho determinante de los tiempos modernos: la globalización. La revolución de la información ha ido agujereando por doquier los rígidos sistemas de censura que las satrapías árabes habían instalado a fin de tener a los pueblos que explotaban y saqueaban en la ignorancia y el oscurantismo tradicionales. Pero ahora es muy difícil, casi imposible, para un gobierno someter a la sociedad entera a las tinieblas mediáticas a fin de manipularla y engañarla como antaño. La telefonía móvil, el internet, los blogs, el Facebook, el Twitter, las cadenas internacionales de televisión y demás resortes de la tecnología audiovisual han llevado a todos los rincones del mundo la realidad de nuestro tiempo y forzado unas comparaciones que, por supuesto, han mostrado a las masas árabes el anacronismo y barbarie de los regímenes que padecían y la distancia que los separa de los países modernos. Y esos mismos instrumentos de la nueva tecnología han permitido que los manifestantes coordinaran acciones y pudieran introducir cierto orden en lo que en un primer momento pudo parecer una caótica explosión de descontento anárquico. No ha sido así. Uno de los rasgos más sorprendentes de la rebeldía árabe han sido los esfuerzos de los manifestantes por atajar el vandalismo y salir al frente, como en Egipto, de los matones enviados por el régimen a cometer tropelías para desprestigiar el alzamiento e intimidar a la prensa.

La lentitud (para no decir la cobardía) con que los países occidentales -sobre todo los de Europa- han reaccionado, vacilando primero ante lo que ocurría y luego con vacuas declaraciones de buenas intenciones a favor de una solución negociada del conflicto, en vez de apoyar a los rebeldes, tiene que haber causado terrible decepción a los millones de manifestantes que se lanzaron a las calles en los países árabes pidiendo "libertad" y "democracia" y descubrieron que los países libres los miraban con recelo y a veces pánico. Y comprobar, entre otras cosas, que los partidos políticos de Mubarak y Ben Ali ¡eran miembros activos de la Internacional Socialista! Vaya manera de promocionar la social democracia y los derechos humanos en el Oriente Próximo.

La equivocación garrafal de Occidente ha sido ver en el movimiento emancipador de los árabes un caballo de Troya gracias al cual el integrismo islámico podía apoderarse de toda la región y el modelo iraní -una satrapía de fanáticos religiosos- se extendería por todo el Oriente Próximo. La verdad es que el estallido popular no estuvo dirigido por los integristas y que, hasta ahora al menos, éstos no lideran el movimiento emancipador ni pretenden hacerlo. Ellos parecen mucho más conscientes que las cancillerías occidentales de que lo que moviliza a los jóvenes de ambos sexos tunecinos, egipcios, yemenitas y los demás no son la sharia y el deseo de que unos clérigos fanáticos vengan a reemplazar a los dictadorzuelos cleptómanos de los que quieren sacudirse. Habría que ser ciegos o muy prejuiciados para no advertir que el motor secreto de este movimiento es un instinto de libertad y de modernización.

Desde luego que no sabemos aún la deriva que tomará esta rebelión y, por supuesto, no se puede descartar que, en la confusión que todavía prevalece, el integrismo o el Ejército traten de sacar partido. Pero, lo que sí sabemos es que, en su origen y primer desarrollo, este movimiento ha sido civil, no religioso, y claramente inspirado en ideales democráticos de libertad política, libertad de prensa, elecciones libres, lucha contra la corrupción, justicia social, oportunidades para trabajar y mejorar. El Occidente liberal y democrático debería celebrar este hecho como una extraordinaria confirmación de la vigencia universal de los valores que representa la cultura de la libertad y volcar todo su apoyo hacia los pueblos árabes en este momento de su lucha contra los tiranos. No sólo sería un acto de justicia sino también una manera de asegurar la amistad y la colaboración con un futuro Oriente Próximo libre y democrático.

Porque ésta es ahora una posibilidad real. Hasta antes de esta rebelión popular a muchos nos parecía difícil. Lo ocurrido en Irán, y, en cierta forma, en Irak, justificaba cierto pesimismo respecto a la opción democrática en el mundo árabe. Pero lo ocurrido estas últimas semanas debería haber barrido esas reticencias y temores, inspirados en prejuicios culturales y racistas. La libertad no es un valor que sólo los países cultos y evolucionados aprecian en todo lo que significa. Masas desinformadas, discriminadas y explotadas pueden también, por caminos tortuosos a menudo, descubrir que la libertad no es un ente retórico desprovisto de sustancia, sino una llave maestra muy concreta para salir del horror, un instrumento para construir una sociedad donde hombres y mujeres puedan vivir sin miedo, dentro de la legalidad y con oportunidades de progreso. Ha ocurrido en el Asia, en América Latina, en los países que vivieron sometidos a la férula de la Unión Soviética. Y ahora -por fin- está empezando a ocurrir también en los países árabes con una fuerza y heroísmo extraordinarios. Nuestra obligación es mostrarles nuestra solidaridad activa, porque la transformación de Oriente Próximo en una tierra de libertad no sólo beneficiará a millones de árabes sino al mundo entero en general (incluido, por supuesto, Israel, aunque el Gobierno extremista de Netanyahu sea incapaz de entenderlo).