martes, 22 de noviembre de 2011

Un rabino afirma que: 'Un judío no debe huir de los árabes sino ahuyentarlos'


El rabino Shmuel Eliyahu. | Haaretz.com

El rabino Shmuel Eliyahu. | Haaretz.com

"La cultura árabe es muy cruel... Tienen códigos diferentes, normas de violencia convertidas en ideología". "Un judío no debe huir de los árabes sino que debe ahuyentarlos. La expulsión de árabes de los barrios judíos es parte de la estrategia". "En el momento que dejas entrar en tu entorno a un árabe, tarda sólo cinco minutos en empezar a hacer lo que le da la gana".

Éstas son algunas de las expresiones en el pasado atribuidas a Shmuel Eliyahu, actual rabino de Safed (norte de Israel), que han provocado este martes la decisión del fiscal general y asesor del Gobierno israelí,Yehuda Weinstein, de abrir una investigación criminal por supuesta incitación al racismo.

En un comunicado, Eliyahu ha reaccionado negando las acusaciones: "Mi posición sigue siendo que el Estado debe actuar sólo contra los que dentro del sector árabe apoyan el terrorismo y no contra todos los árabes en general. Estoy convencido que la investigación me permitirá dejar claras mis ideas". Su abogado cree que "las declaraciones citadas no son delictivas y por tanto no le llevarán ante un Tribunal".

El diputado extremista Mijael Ben-Ari ha condenado lo que define como"investigación para silenciar". "El rabino de Safed es silenciado pero en mezquitas se seguirán cantando odas al terrorismo y en las universidades seguirán llamando al boicot racista contra el Estado de Israel. Sólo hay libertad de expresión para la izquierda", ha afirmado Ben-Ari que no esconde su admiración hacia Kaj, el movimiento ilegalizado en Israel por racista en los años 90.

Otros rabinos han aplaudido la decisión de Weinstein contra "el racista y exponente de la intolerancia de aquellos que usan de forma equivocada e inaceptable el judaísmo".

Pidió no vender o alquilar casas a árabes

En octubre de 2010, Eliyahu provocó una gran polémica y críticas al firmar con otros 17 rabinos una iniciativa (una especie de edicto religioso) exigiendo no vender o alquilar casas a árabes. En 2006, Eliyahu fue llevado a los tribunales por unas afirmaciones contra la población árabe. El juicio fue frenado tras llegarse a un acuerdo en el que el acusado se comprometió a retratarse de forma clara de sus declaraciones.

El ministerio de Justicia israelí ha justificado hoy la apertura de la investigación reproduciendo expresiones en la prensa de Eliyahu como la siguiente: "Los árabes tratan a sus mujeres de acuerdo con sus normas sociales que son apoyadas por el Corán y según las cuales está permitido pegar a las mujeres. No se trata de pequeños golpes sino golpes con sillas, abusos que finalizan con la chica en el hospital tras sufrir la pesadilla de su vida".

Eliyahu se opone a la presencia de árabes en la vieja y bíblica ciudad de Safed. "Hay que evitar que los árabes dominen nuestras calles e impongan sus costumbres", dijo en una ocasión.

¿Ha cambiado algo en Egipto?


Manifestantes celebran en El Cairo en febrero pasado.

La euforia de febrero duró poco entre los manifestantes de Plaza Tahrir.

Miles de egipcios se encuentran reunidas en la simbólica plaza Tahriri, en El Cairo, para protestar en contra de la junta militar que detenta el poder desde la caída de Hosni Mubarak.

El periodista Stephen Sackur, quien conoció bien a Egipto durante los años de Mubarak, regresó al país para ver si algo ha cambiado en los últimos meses.


La oscuridad otoñal envuelve El Cairo. Estoy esperando frente a altas puertas de hierro mientras un guardia armado examina mis papeles.

Un movimiento de cabeza hosco me hace pasar a una instalación atestada. Soldados de uniforme se amontonan cerca de sus vehículos blindados.

Éste es el ministerio de Información de Egipto. Es mi primera visita a la casa de propaganda de El Cairo en 20 años.

Tengo la impresión de que poco ha cambiado.

La última vez que estuve aquí me metí en líos.

Había hecho un documental de televisión que despertó las iras del ministro de Información de la época, Safwat Sharif.

"Usted está perjudicando a este país", me había gritado Sharif entonces. "La próxima vez que se le pase la mano, no lo dejaremos entrar a Egipto."

Hosni Mubarak

Aunque Mubarak se encuentre en prisión, el pilar de su gobeirno, los militares, continúa en el poder.

Hoy en día, Safwat Sharif tiene problemas más urgentes que atender.

Está en la cárcel, enfrentando un juicio por corrupción y conspiración junto a su amo político de treinta años, Hosni Mubarak.

Pero que nadie se llame a engaño por las impactantes imágenes de ex hombres fuertes que languidecen tras los barrotes de su celda, en piyamas.

La revolución del pasado invierno consiguió que rodaran algunas cabezas, pero no destruyó al antiguo régimen.

Por los últimos nueve meses, Egipto ha estado dirigido por un consejo militar, una junta, encabezada por el hombre que sirvió lealmente a Mubarak, durante 20 años, como ministro de Defensa y comandante en jefe del ejército.

Coptos transportan ataúd

El 9 de octubre, unos veinticinco manifestantes de la minoría copta perdieron la vida.

En febrero pasado, el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, le prometió a los egipcios que el ejército estaría de su lado.

Sus palabras, en ese momento, trajeron la confianza. Sus acciones, desde entonces, han estado más bien lejos de confirmarlas.

"La verdadera revolución está por venir", declara Tarek Shalaby, un veterano de las protestas de la Plaza Tahrir.

Hace seis meses, fue arrestado, apremiado físicamente y sentenciado a seis meses de prisión por un tribunal militar, sentencia que fue suspendida.

Ahora, cada vez que escribe su blog o que marcha, corre el riesgo de unir su destino al de otros miles de activistas con largas condenas de cárcel.

¿Por qué perdió el ejército la confianza de la generación de Tahrir?

En busca de respuesta, me dirijo a uno de mis viejos amigos en El Cairo, Mohamed Gohar, un sabio veterano de casi cuatro décadas en los medios de comunicación, un empresario de televisión con la piel muy dura.

"Si hubieras estado conmigo el 9 de octubre, entenderías", dice.

Lo que me cuenta es tan vívido que me deja estupefacto.

Un grupo de manifestantes, en su mayoría coptos, se reunieron en la calle bajo su oficina, esa noche, para protestar por una serie de ataques de tipo sectario.

Francotiradores abrieron fuego sobre la multitud, luego, vehículos del ejército embistieron contra la multitud, aplastando y triturando cuerpos.

Me cuenta que los muertos y heridos fueron transportados a la escalera de su piso, que escondió a 17 desesperados hombres y mujeres en un baño trasero, mientras las tropas registraban el edificio en busca de cristianos.

"¿Viste "La lista de Schindler"? Sentía que la estaba reviviendo. Me sentía avergonzado de ver que los soldados estaban haciéndole esto a mi pueblo", dice.

"¿Por qué lo hacen?", le pregunto.

OSama Heikal, ministro de Información egipcio

El ministro de Información de Egipto, Osama Heikal, se comporta como un veterano en el puesto, pese a no tener más de unos meses en él.

"Para enviar un mensaje: sin ellos, Egipto sería un caos. Los generales han manejado este país durante 60 años, ¿tú crees que lo van a soltar ahora?

El próximo fin de semana, los egipcios votan en elecciones parlamentarias.

Los votantes enfrentarán un sopa alfabética de partidos políticos que va desde islámicos estrictos hasta seculares a ultranza, pero, cuando se cuenten los votos, el poder real seguirá en manos de la junta.

Ya hasta se habla de una nueva constitución que garantice poderes especiales a las fuerzas armadas.

Y un misterioso, pero aparentemente bien financiado movimiento político, está exhortando al mariscal de campo Tantawi a presentarse a la presidencia en 2013.

"Ya no"

Todo esto me lleva de vuelta al ministerio de Información.

Tras la revolución, Tantawi decretó el cierre de esta odiada fuente de censura y engaño oficial. Cinco meses más tarde, los generales cambiaron de idea.

Y héme aquí, estrechándole la mano al nuevo ministro de Información de Egipto, un pulcro experiodista llamado Osama Heikal.

Con sólo meses en el puesto, demuestra la habilidad jabonosa del veterano.

La matanza de más de decenas de coptos fue lamentable, concede, pero el ejército está investigando.

El estado de emergencia terminará apenas se restablezca la estabilidad.

Mientras me encamino hacia la salida, un miembro de su personal se me acerca. Sospecho que se me viene encima una andanada por las preguntas impertinentes que le hice a su jefe.

En vez de eso, me palmotea la espalda.

"Magnifica entrevista," dice. "Este fulano es un mentiroso. Todavía se piensan que pueden decir lo que quieran y que la gente les cree.

"Pero no, ya no."

lunes, 21 de noviembre de 2011

Egipto: por qué regresaron los manifestantes a la Plaza Tahir

Las manifestaciones han regresado a la simbólica Plaza Tahrir, en El Cairo. En los últimos dos días más de veinte personas han muerto en enfrentamientos entre las autoridades y las personas que protestas contra el nuevo statu quo.

La situación incluso llevó al gabinete de ministros a presentar este lunes en la noche su renuncia a la junta militar.

La protesta que comenzó en El Cairo, este fin de semana, se ha extendido a otras ciudades de Egipto, principalmente a Alejandría, en el norte, Islmailia, en el este, y Suez.

En el foco principal, la Plaza Tahrir, de la capital egipcia, según el corresponsal de la BBC, John Leyne, cada intento de las fuerzas de seguridad de sacar a los manifestantes del lugar despertaba más ira, y provocaba el efecto contrario: más gente se unía a la protesta.

Por lo menos un millar de personas resultó herido, entre ellas, unos cuarenta policías.

Miles permanecieron en el lugar, durante una noche que vio esporádicos enfrentamientos, a pesar de los esfuerzos del imán de una mezquita local por negociar una tregua.

Presencia militar

Según el corresponsal de la BBC, Jonathan Marcus, tras lo que fue una revolución inconclusa -si es que se trata de una revolución- que logró sacar de escena al presidente Hosni Mubarak y sus asociados más inmediatos, el verdadero pilar del régimen, los militares, continúa ejerciendo el poder.

El desafío de los manifestantes al poder del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que reemplazó un gobierno de Mubarak de tres décadas, no tiene precedentes en un país donde los militares nunca han abandonado tal lugar de privilegio en el escenario politico, en sesenta años.

Para quienes protestan, el Consejo Supremo continúa siendo un organismo que procede en secreto y que permite los arrestos arbitrarios y la tortura de quienes se muestran contrarios al gobierno.

Protesters hide as police shoot tear gas

La protesta revela acuciantes problemas inmediatos, pero también una desilusión con lo conseguido tras la salida de Mubarak.

Esta es la razón, previsible para muchos analistas en febrero pasado, de que la euforia tras la salida del expresidente Mubarak se tornara en desilusión, desencanto e ira.

Por mucho que hayan rodado algunas cabezas, los manifestantes argumentan que la vieja guardia continúa en el poder.

Si bien es cierto, por ejemplo, que el ministro de Información de Mubarak, Safwat Sharif, se encuentra enjuiciado por corrupción y conspiración, a la cabeza de la junta militar se halla el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, quien fuera el ministro de Defensa del antiguo régimen durante veinte años.

Tantawi prometió, apenas Mubarak abandonó el poder, clausurar el aparato de censura que operaba desde el ministerio de Información.

Cinco meses más tarde, los generales cambiaron de idea. El ejemplo es, para muchos, iluminante porque revela que los militares tienen mucho que defender.

De partida, un presupuesto desconocido, no sometido para nada al escrutinio de organismos contralores.

En seguida, todo lo que viene con el ejercicio sostenido del poder: relaciones, conexiones y un estatus privilegiado dentro de la sociedad.

Economía y elecciones

El estado de la economía parece ser el gran galvanizador del variopinto grupo que ha vuelto a ocupar las calles de Egipto.

"Cada intento de las fuerzas de seguridad de sacar a los manifestantes del lugar despertaba más ira, y provocaba el efecto contrario: más gente se unía a la protesta"

John Leyne, corresponsal de la BBC en Cairo

El alto precio de la canasta básica de alimentos no ha bajado, el empleo continúa siendo escaso, a lo que se agregan una baja sustancial del turismo y las quejas contra la corrupción, que sigue extendiéndose a todos los niveles del país.

Y si alguien critica a los manifestantes por impaciencia, apuntando hacia las próximas elecciones parlamentarias, fijadas para diez días más, hay quienes señalan que los gobernantes militares no se han esforzado por hacer del proceso un acto digno de crédito.

Como defectos se señala que no existe una comisión electoral independiente, del mismo modo como no existe un registro electoral fiable.

Las elecciones al parlamento no han tenido, como paso previo, elecciones municipales y, en cuanto a partidos políticos, éstos permanecen sin registro oficial o en estado casi larvario.

Los que protestan

Entre los que han vuelto a la Plaza Tahrir se hallan quienes, en febrero pasado, creyeron haberlo cambiado todo, quienes, nueve meses más tarde, piensan que los militares están gobernando para mantener el poder al alcance de la mano, incluso después de la elecciones.

La alianza La Revolución Continúa suspendió su campaña política para protestar contra la violencia.

Manifestante enfrenta a la policía.

Los manifestantes anticipan el deseo de los militares de permanecer en el poder a cualquier costo.

La coalición juvenil 6 de Abril, que jugó un papel protagónico en desatar la revolución de febrero llama a apoderarse de la Plaza Tahrir indefinidamente y acusa a los militares de llevar "la máscara de Mubarak".

El ex director del Organismo de Energía Atómica, Mohamed el-Baradei criticó ácidamente al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas al describirlo como el principal causante de la violencia y repitió su idea de "un gabinete de rescate".

Por su parte, la cofradía de la Hermandad Musulmana, que mantuvo un bajo perfil el pasado febrero, espera conseguir algunos adeptos entre los desilusionados del modelo propuesto por las democracias occidentales.

El movimiento confía en obtener buenos resultados en las elecciones, de modo que su participación ha sido bastante cauta en los últimos incidentes.

También, aunque se trate de una minoría, las tensiones del gobierno no son menos explosivas con los coptos.

Estos cristianos egipcios afirman haber sido víctimas de una embestida de vehículos militares, el 9 de octubre, que dejó varios muertos, cuando protestaban frente al ministerio de Información por ataques sectarios.

Para el periodista de la BBC, Jonathan Markus, esta segunda fase de violencia puede ser la más peligrosa para la estabilidad del país, donde están en juego intereses contrapuestos, fuertemente arraigados.

martes, 15 de noviembre de 2011

El Gobierno israelí arremete contra las ONG críticas con la ocupación



El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. / Pool (Getty Images)

“El Gobierno de Netanyahu solo quiere callar a la izquierda israelí. Esta ley es una excusa más”, dice Hagit Ofran, directora del departamento de Seguimiento de los Asentamientos en la ONG israelí Shalom Ajsav (Paz Ahora). Esta activista sufrió en primera persona uno de los últimos ataques de grupos radicales de la ultraderecha cuando días atrás recibió varias llamadas de teléfono amenazándola de muerte y su coche apareció con los cristales rotos y con pintadas como “Muerte a los izquierdistas”.

El proyecto de ley al que se refiere Ofran (promovido por dos miembros del Likud, el partido de Netanyahu) se aprobó el domingo por el Comité Ministerial para la Legislación y afectará principalmente a las ONG calificadas como “políticas” y que principalmente trabajan en la defensa de los derechos humanos en los territorios palestinos. Según esta ley, el techo máximo de ayuda procedente del exterior para cada una de estas organizaciones será de 20.000 shekels (unos 4.000 euros), lo que supone un serio riesgo para las finanzas de estas organizaciones.

Las ONG no podrán ingresar más de 4.000 euros de ayuda exterior

Incluso el partido ultraconservador Israel Beitenu, liderado por el titular de Exteriores, Avigdor Lieberman, presiona para que se apruebe una segunda iniciativa por la que se gravarían con un 45% las donaciones extranjeras dirigidas a aquellas organizaciones.

Sin embargo, las ONG no son las únicas que han puesto el grito en el cielo en lo que llaman una derechización salvaje de la política del Gobierno. Incluso en las entrañas del propio partido de Netanyahu, el conservador Likud, surgen voces discordantes. Una de ellas es la de Reuven Rivlin, presidente del Parlamento, acusado en varias ocasiones de politizar su cargo, supuestamente neutral. “Algunos dentro del Likud se están aislando incluso en casa”, decía este fin de semana en la sede de su partido en Tel Aviv en referencia a los dos diputados de su formación, Tzipi Hotovely y Ofir Akunis, que han impulsado la ley después del intento fallido por aprobarla el pasado verano.

El ministro de Exteriores israelí, Avigdor Lieberman. / MENAHEM KAHANA (AFP)

Entonces, el fiscal general del Estado la declaró inconstitucional, lo que paralizó, al menos momentáneamente, su aprobación en el Parlamento. Hotovely decía al término del Gabinete que “es el derecho del Estado de Israel no sucumbir a los intentos extranjeros para comprar influencia dentro de Israel”.

El Comité Ministerial para la Legislación también aprobaba el domingo varios proyectos de ley igualmente controvertidos. Uno por el que el Comité Constitucional del Parlamento (formado en su mayoría por legisladores conservadores) podrá vetar el nombramiento de cualquier juez en la Corte Suprema israelí. La última, una enmienda a la Ley Antidifamación, destinada a endurecer las penas por “comportamientos antinacionales” y donde los periodistas israelíes considerados de izquierdas son el principal blanco.

Tzipi Livni, líder de Kadima, principal partido de la oposición, decía tras conocerse la aprobación de los proyectos de ley que “Israel es el tipo de país donde todo el mundo puede decir sus opiniones, incluso si no nos gustan”. La experiodista Shelly Yachimovich, actual líder de Partido Laborista, iba más allá. “Netanyahu no puede seguir escondiéndose detrás de los miembros de su partido y lavarse las manos ante esta avalancha de leyes antidemocráticas”.

El Primer Ministro israelí parece haberse mostrado en su círculo más cercano contrario a la ley que reformaría el sistema judicial, pero sí ha dicho públicamente que apoyará la que limita la financiación de las ONG, aunque con algunas enmiendas. Entre ellas, elevar el techo financiero de 20.000 shekels y distinguir entre organizaciones de defensa de derechos humanos y otras de carácter político, lo que para su Ejecutivo son casi todas las que denuncian la actuación de su Gobierno. Estas iniciativas se someterán a debate parlamentario en los próximos días.

Viaje a la cárcel más cara del mundo


La cárcel de Guantánamo alberga a 171 prisioneros sospechosos de terrorismo: cada uno cuesta a los contribuyentes de Estados Unidos 587.000 euros al año



Una de las celdas de la prisión militar para supuestos terroristas en la base naval de Guantánamo. / JORGE A. BAÑALES (EFE)


La prisión de Guantánamo no es solo un dolor de cabeza diplomático y político para la Administración de Barack Obama. Según la Casa Blanca es, también, un agujero de dinero. Este centro de detención preventiva, en su gran mayoría vacío, alberga a 171 prisioneros. Cada uno le cuesta a los contribuyentes norteamericanos 800.000 dólares (600.000 euros) al año. En total, mantener a esos supuestos terroristas aquí, de forma indefinida, le supone a Estados Unidos 137 millones de dólares de sus presupuestos anuales, una cifra nada desdeñable en un contexto en el que el Congreso, en Washington, está buscando recortar 1,5 billones de dólares en el gasto público. A fecha de hoy, esta es la prisión más cara del mundo.

En los casi 10 años que esta cárcel lleva abierta en la base militar adosada a la isla de Cuba, el Pentágono se ha empeñado con esmero en lavar la imagen de centro de abusos y torturas a sospechosos retenidos eternamente. La mayoría de los 779 detenidos que se agolparon en su punto máximo en estas celdas han sido ya transferidos a otros países (cinco de ellos a España) o puestos en libertad. Algunos por pura necesidad. Aún se recuerda en esta prisión a un reo apodado Bob Media Cabeza, un preso que había sido herido de gravedad en el campo de batalla y que a todos los efectos prácticos tenía la edad mental de un bebé.

O el célebre Al Qaeda Claus, al que algunos soldados bautizaron así por su larga barba blanca. Tenía más de 100 años, algo que hace dudar de que cuando fue capturado en Afganistán fuera una amenaza muy creíble contra EE UU. Bill el Loco estuvo encarcelado unos pocos meses. Cuando llegó aquí comenzó a beberse su orina y a comerse sus heces. Pronto se le diagnosticó demencia. Esos casos y muchos otros, de equívocos e interpretaciones muy laxas de las leyes internacionales que rigen la guerra, quedaron al descubierto en abril, gracias a la publicación por parte de EL PAÍS y otros medios internacionales de los documentos secretos de Guantánamo, facilitados por el portal Wikileaks.

Y aunque el Ejército norteamericano se empeñe en demostrar lo adecuado que es ahora el trato a estos presos, a escasos metros de aquí resiste todavía Camp X-Ray, cárcel de infausta memoria. Es cierto: a día de hoy es más un museo, los vestigios de una prisión inhumana al aire libre que los soldados emplean para demostrar cuánto han mejorado. Solo estuvo abierta 90 días en 2002. Pero fueron 90 días de imágenes que dieron la vuelta al mundo, y no por buenos motivos.

El 6 de enero de 2002 el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld, arquitecto de esta catedral de las prisiones, le ordenó al general de brigada Michael Lehnert que construyera un centro de máxima seguridad dentro de la base naval de Guantánamo. Le dio un plazo de 96 horas. En cinco días llegarían los primeros 20 prisioneros, sospechosos de ser terroristas de Al Qaeda en Afganistán. Con lo que tenía, Lehnert construyó Camp X-Ray. Y le sobraron días. Es una perrera, no hay otra forma de describirlo: alhambrada, celdas de hormigón al aire libre, rejas, metal y cemento.

Aquí se agolpaban en 2002 los presos, maniatados, arrodillados, con los ojos y los oídos tapados, totalmente privados de sus sentidos, sin saber dónde se hallaban. Lucían —y algunos aún lucen— monos de color naranja porque en muchos países árabes ese es el color de los condenados a muerte. Es intimidación por atuendo.

Ahora, quienes visitan esta base y esta prisión de apariencia impoluta, se encuentran de bruces con un nuevo lema oficial: “Segura, humanitaria, legal, transparente”. Lo que antes se conocía como Camp Delta, la prisión de uso general, está ahora dividido en seis cárceles diferentes. Tres de ellas están vacías, pero se mantienen operativas. Camp 4 alberga a los presos de buena conducta. Se les identifica porque van vestidos de blanco. Se les ve jugando, a menudo, a fútbol en su patio exterior. Camp 5 es la cárcel de máxima seguridad. Allí se encuentran, aislados y vestidos con monos de color naranja, los presos más peligrosos, como el supuesto ideólogo de los atentados contra Washington y Nueva York de 2001, Khaled Sheikh Mohammed.

En total, 1.300 personas trabajan en este complejo carcelario. No son solo soldados. También hay intérpretes, cocineros, asesores culturales y psiquiatras. Los soldados controlan a los presos cada tres minutos, como mínimo. A aquellos que se encuentran aislados en Camp 5 se les controla cada 30 segundos. El sueldo medio de un oficial de la Marina asignado aquí a Guantánamo es de unos 2.900 dólares. Estas tropas cobran el mismo complemento de peligrosidad que sus compañeros reciben en el frente de guerra afgano, donde, a diferencia de aquí en Cuba, sí que hay ataques mortales con frecuenci