martes, 13 de diciembre de 2011

La bandera palestina ya ondea en la Unesco

La bandera de Palestina ondea desde hoy martes en la sede de la Unesco en París. Es la primera agencia de la ONU que ha reconocido como miembro de pleno derecho a ese territorio.

El izado de la enseña palestina se produjo en un acto solemne al que asistió el presidente palestino, Mahmud Abbas, y la directora general de la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Irina Bokova.

La Conferencia General de la Unesco admitió el 31 de octubre a Palestina como miembro número 195 de la organización.

La adhesión se convirtió en oficial el pasado día 23, cuando Palestina aceptó la Constitución de la Unesco en los Archivos Nacionales de Londres.

La admisión de Palestina en la Unesco se hizo en contra de la opinión de algunos países, entre ellos Estados Unidos, que anunció la congelación de su contribución a la organización.

Al acto de izado de la bandera también acudió el ministro palestino de Exteriores, Riyad al Maliki; el presidente de la Conferencia General de la Unesco, Katalin Bogyay, y el del Consejo Ejecutivo, Alissandra Cummins, entre otras personalidades.

El petróleo distancia a Canadá de Kioto


Campo petrolero en arenas bituminosas de Alberta, Canadá

Las arenas bituminosas canadienses guardan enormes reservas petroleras.

Con la decisión de retirarse del Protocolo de Kioto para la reducción de gases invernadero Canadá ha desplazado circunstancialmente a Estados Unido del papel de "malo" de la película que protagonizan quienes proponen medidas para salvar el medio ambiente, quienes aspiran que se haga sin afectar la economía y quienes simplemente no creen que esté pasando algo que requiera acciones internacionalmente coordinadas.

"El Protocolo de Kioto no representa una vía para Canadá", dijo este lunes el ministro de asunto ambientales Peter Kent, aduciendo que "Kioto está en el pasado. Y por eso estamos invocando el derecho legal de Canadá de retirarnos".

El anuncio hecho desde Ottawa por Kent, justo al regreso de la XVII Conferencia de las Partes de la ONU sobre Cambio Climático, que se realizó en Durban, Sudáfrica, no sorprendió demasiado ya que se venía especulando con la posibilidad desde hacía semanas.

Además la medida parece complementar el alineamiento con EE.UU. que ha venido poniendo en práctica el gobierno conservador del primer ministro, Stephen Harper.

Con el abandono del liderazgo que ejercía Canadá en temas ecológicos, se podría complicar el cumplimiento de Kioto y perjudicar las futuras negociaciones para el medio ambiente.

Efecto dominó

Según los acuerdos de Kioto, los canadienses debían tener en 2012 emisiones 6% por debajo de los niveles de 1990, año en el que se firmó el compromiso.

Sin embargo, ya en 2009 el nivel estaba 17% por encima, en gran medida por el desarrollo de su pujante industria petrolera en Alberta.

Peter Kent, ministro del Ambiente de Canadá

El ministro del ambiente de Canadá, Peter Kent, regresó de Durban y anunció el retiro.

La falla en cumplir con el objetivo implica una multa de unos US$14.000 millones, que según el ministro Kent, "los contribuyentes canadienses no deberían tener que pagar".

Aunque Canadá produce menos del 2% de los gases de efecto invernadero, algunos ambientalistas aseguran que la decisión podría tener graves consecuencias para el futuro del debate ambiental.

"Para Canadá implica una tremenda pérdida de credibilidad. Y va a hacer a países que ya son suspicaces mucho menos proclives a confiar en este tipo de tratados internacionales", aseguró a BBC Mundo, John Bennett, presidente de la oficina canadiense del Sierra Club.

"Si un país rico y en otro tiempo líder ambiental como Canadá no puede o no quiere reducir sus emisiones, ¿lo van a hacer los países en desarrollo?".

Sin embargo, Bennett no teme que vaya a producirse un efecto dominó con países grandes siguiendo el ejemplo canadiense y denunciando el tratado.

"No creo que vayamos a ver a Japón desprestigiándose a sí mismo de esta manera, mientras que Rusia estará ocupada con sus asuntos políticos domésticos. Así que no habrá un efecto dominó, pero se van a reducir las ambiciones globalmente".

Arenas bituminosas

Uno de los argumentos canadienses es que sin la participación de EE.UU. y China, los dos mayores emisores de gases de efecto invernadero, los acuerdos de Kioto no pueden funcionar adecuadamente.

El ministro Kent explicó que existe la preocupación de que la economía nacional salga perjudicada si se trata de cumplir con los compromisos de Kioto.

"Alcanzar los objetivos de Kioto en 2012 equivaldría a sacar cada uno de los autos de las vías canadienses, o clausurar completamente todo el sector agrícola y cortar la calefacción para cada casa, oficina, fábrica o edificio en Canadá", aseguró Kent.

ONU celebra acuerdos de Durban

vista de una sesión de la conferencia de durban

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, aseguró que el acuerdo alcanzado en Durban que extendió el Protocolo de Kioto tras 2012 es "un importante avance" en la lucha contra el cambio climático.

"La suma de todos los compromisos es un importante avance en nuestro trabajo contra el cambio climático", señaló ante la prensa el portavoz de Ban, Martin Nesirky, en la sede central del organismo en Nueva York sobre el resultado de la XVII Conferencia de las Partes de la ONU sobre Cambio Climático (COP17).

La COP17 terminó el domingo con la aprobación de la Plataforma de Durban para la Acción Reforzada, un conjunto de acuerdos que incluyen un segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto.

Pero según explica el corresponsal de asuntos ambientales de la BBC, Richard Black, la verdadera razón que determinó la salida canadiense del acuerdo internacional son las arenas bituminosas del oeste del país.

El desarrollo de esos yacimientos, favorecido por el avance tecnológico y los altos precios del crudo, promete elevar el perfil de Canadá como proveedor de energía en los próximos años.

"Extraer algo que se pueda usar de las arenas bituminosas requiere sustancialmente más energía que extraer petróleo convencional y sustancialmente mayores emisiones de gases invernadero", explica Black.

Alineamiento norteamericano

En 2009, en la Convención de Cambio Climático de la ONU que se realizó en Copenhague, la delegación canadiense explicó que reduciría sus emisiones, pero "alineada" con las de EE.UU., país que realiza un plan "voluntario" de reducción.

"EE.UU. frecuentemente seguía a Canadá en temas ambientales, pero esta decisión hará más difícil hacer que EE.UU. cambie de posición, algo que de por sí no iba a ser fácil", explicó John Bennett a BBC Mundo.

Aunque desde un punto de vista político podría parecer extraño ese alineamiento, en términos comerciales tiene la lógica de la coordinación entre los dos principales socios comerciales.

La principal necesidad estadounidense en materia de seguridad es reducir su dependencia del petróleo y, particularmente, de fuentes "complicadas" como las del Medio Oriente.

Entre otros recursos que abundan en Canadá y que necesitarán los estadounidenses para alimentar su economía están el agua, y los productos agrícolas y forestales.

Canadá pueda no estar haciendo muchos amigos en la escena ecologista, pero está asegurando la productiva relación con su principal socio y único vecino.

“La posibilidad de que Reino Unido funcione sin Europa es mínima”



El filósofo polaco, Zygmunt Bauman, en Barcelona. / CARLES RIBASr

“Las posibilidades de que el Reino Unido funcione al margen de Europason mínimas, porque ni siquiera una superpotencia como Estados Unidos es capaz de actuar al margen de los mercados globalizados”. El filósofo y sociólogo Zigmunt Bauman (Poznań, Polonia, 1925), que reside en Inglaterra desde hace décadas, remite al viejo titular del Timesque rezaba “El continente, aislado” cuando había niebla en el canal de la Mancha. “Ya no es así”, señala, “con la decisión de Cameron, el Reino Unido se separará de Europa con consecuencias imprevisibles”.

Bauman, que está en Barcelona para cerrar el ciclo de diálogos organizado por la Fundación Catalunya Caixa en La Pedrera, considera que el problema del mundo contemporáneo para poder aplicar políticas efectivas, es el divorcio entre el poder y la política. “Antes el poder y la política residían en el estado nación”, explica, “podía haber contradicciones, debates y posiciones contrapuestas sobre un tema, pero una vez se había decidido qué era lo que se iba a hacer ya no había ninguna duda: el estado nación lo haría”. Nada de esto sucede ahora. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy decidieron algo el sábado y se han pasado el fin de semana temblando hasta ver como respondían hoy los mercados. Esto es lo que entiendo por separación de poderes. Los políticos han perdido el brazo ejecutor”.

“Cameron mintió cuando dijo que lo hacía en el interés del Reino Unido; lo hacía en interés del partido Tory”, asegura. “La diferencia entre Cameron y Margaret Thatcher o John Major es que estos entendían claramente que para utilizar a Europa en beneficio del Reino Unido había que estar en Europa, en las instituciones. Major incluso hizo amigos entre los líderes europeos; tenía una gran amistad con Helmuth Kohl. Cameron no, está muy lejos de Europa y no conoce a nadie y todos están contra él; ha dejado libre la silla que Thatcher nunca hubiera abandonado y se juega la supervivencia del Reino Unido como entidad económica viable, capaz de asegurar la ley y el orden dentro de ciertas condiciones de vida. Por el contrario, creo que Europa sale reforzada de este episodio, porque la presencia británica era un factor que alteraba la política europea”.

Cree Bauman que la única posibilidad que tiene la Unión Europea de salir adelante es que consiga reconciliar el poder y la política. Pero considera que están en quiebra los dos pilares sobre los que se articula una sociedad: la solidaridad y la confianza. “En estos momentos sólo se construyen alianzas ad hoc, mientras dure la satisfacción. No existe la lealtad. Una cosa sirve sólo hasta que sale la siguiente que la reemplaza. De la misma manera que las relaciones entre el yo y el resto son extremadamente volubles, lo mismo sucede para entrar o salir de una alianza. La confianza es la base de las relaciones humanas y ahora no hay nada en que confiar. De hecho se produce una especie de círculo vicioso. “La gente cree que las cosas son frágiles y quebradizas, que nada es permanente, lo que hace que se comporten como si todo fuera frágil y quebradizo, lo que hace que esta percepción acabe cumpliéndose”.

Históricamente, Bauman considera que estamos en un interregno, en el sentido del concepto que acuñó Tito Livio en su Historia de Roma. “Rómulo reinó 38 años, que era la media de vida en su tiempo. Cuando murió nadie conocía otra cosa que el reinado de Rómulo. En eso consiste un interregno. ¿Qué hacer después de Rómulo? Esto es lo que crea temores. Es esa situación en la que lo viejo ha muerto pero no ha nacido lo nuevo. El poder, el poder real que controla nuestras vidas ya es global, pero nuestros políticos piensan y actúan como si todavía fuera local. Nos enfrentamos a la necesidad de crear un nuevo paradigma, un nuevo modelo que vuelva a conectar la política con el poder. Y no creo que esto se pueda hacer al nivel del estado Nación. Habrá que crear algo equivalente a lo que hicieron nuestros padres con el estado Nación; unificar las leyes, las jurisdicciones… La idea de que los estados locales pueden determinar lo que sucede está fuera de lugar. La soberanía es un concepto zombie, que hace creer que está viva, pero está muerta.

Para Bauman el liberalismo tal y como lo definió Adam Smith, ha fracasado. “Esbozó la teoría de que pese a que en las sociedades todo es mudable, nada es perfecto, y las circunstancias llevan al desorden, existe la mano invisible del mercado que acaba poniendo orden. El colapso del crédito demuestra lo contrario. El mercado no es sabio, produce constantes problemas que es incapaz de resolver por sí solo. Otro principio ha caído. Y si no confiamos en el mercado ¿Qué hacemos con nuestros ahorros? ¿Por qué no optamos por vivir carpe diem? Esta es posiblemente una de las consecuencias de esta crisis. Otra consecuencia es la desaparición del sueño de la meritocracia. Las desigualdades siempre han existido, pero desde hace varios siglos se cree que la educación podía restablecer la igualdad de oportunidades. Ahora, el 51% de los jóvenes titulados universitarios están en el paro y los que tienen trabajo, tienen un empleo muy por debajo de sus cualificaciones. Los grandes cambios de la historia nunca llegaron de los pobres de solemnidad, sino de la frustración de gentes con grandes expectativas que nunca llegaron”.

martes, 22 de noviembre de 2011

CINCO RAZONES PARA NO ATACAR IRÁN




Israel y EE UU se lo deberían pensar mucho antes de llevar a cabo una acción preventiva contra las instalaciones nucleares iraníes.


AFP/Getty Images

Una vez más, ha comenzado el tic tac habitual en los medios de comunicación y los círculos diplomáticos: ¿estamos ante la perspectiva de un ataque israelí respaldado por Estados Unidos?

Es posible que gran parte del ruido de sables y las filtraciones de Israel pretenda utilizar el informe del OIEA para mover a la comunidad internacional a hacer algo más a propósito del programa iraní y a lanzar una advertencia sobre las posibles consecuencias en caso de que no actúe. China y Rusia bloquearían cualquier propuesta de actuación enérgica, e incluso quizá nuevas sanciones, en Naciones Unidas. Los israelíes quizá decidan, por diversas razones, que deben lanzar un ataque militar en algún momento; y podría ser que el presidente estadounidense no esté en situación de poder disuadirlos. Israel es una nación pequeña que vive en el filo de la navaja y tiene un pasado oscuro y un historial de acciones preventivas victoriosas contra amenazas militares, así que es muy posible que actúen en algún momento, aunque no sea necesariamente ahora.

Antes de que tomen la decisión, he aquí las cinco razones por las que deberían pensar en mantener sus aviones y misiles en tierra:

1. No existe un buen final. Atacar las instalaciones nucleares iraníes es como cortar la hierba. Conseguir desbaratar de forma permanente la capacidad iraní de producir material fisible y darle calidad de armamento es la única forma de evitar que la hierba vuelva a crecer. Y no hay ningún ataque –ni siquiera una serie de ellos– capaz de conseguirlo. Las instalaciones reforzadas, la existencia de plantas de sobra y el carácter secreto de sus localizaciones son obstáculos importantes para cualquier acción. Incluso en el mejor de los casos –un ataque incompleto que, por ejemplo, retrase el programa nuclear en dos o tres años–, los iraníes volverían a impulsarlo con la legitimidad y el apremio que les daría el hecho de haber sido atacados por una potencia extranjera. La autodefensa se convertiría en el principio rector del programa nuclear y encontraría un eco tremendo en todo Oriente Medio y la comunidad internacional.

Se puede alegar, por supuesto, que los israelíes cortarían la hierba de forma periódica, con un ataque contra Irán cada 18 meses o así. Pero esa situación sería seguramente insostenible; ambos países estarían en un estado de enfrentamiento permanente y mantendría la región en llamas durante años.

2. Nadie puede impedir que Irán adquiera un arma nuclear. Excepto Irán. Lo cierto es que India, Pakistán, Corea del Norte e incluso Israel –países con una profunda inseguridad y, al mismo tiempo, convencidos de que tienen ciertos derechos– han desarrollado armas nucleares en secreto. Irak y Siria también estaban en pleno proceso. Teherán ya había emprendido un programa nuclear con el Sha, y quizá habría tratado de conseguir armas con el tiempo.

Pero negar el arma nuclear a Irán no significa solo quitarle los juguetes; significa cambiar la mentalidad y la motivación nacional de una potencia que históricamente se ha considerado a sí misma una gran nación. Aun en el improbable caso de que el país persa se convirtiera en una democracia, su imagen regional y sus ambiciones podrían seguir empujándole a desarrollar el programa nuclear. Como mínimo, negarle este tipo de armamento significa transformar por completo la mulacracia de Teherán, mientras que un ataque militar de los israelíes podría lograr lo contrario, legitimarla aún más, sobre todo si hay víctimas civiles. No existe mejor forma de movilizar a una población dividida ni de sacar a la luz su lado nacionalista y unificador que demonizar a un enemigo común. Los israelíes serían objeto de un enorme esfuerzo propagandístico de Irán en todo el mundo árabe, un esfuerzo que con seguridad obtendría grandes simpatías.

3. El coste para Estados Unidos es enorme. Cuando los países emprenden acciones que acarrean gran incertidumbre y riesgo, es preciso preguntarse dos cosas. La primera, si puede hacerse. Y la segunda, qué coste tendrá. Es comprensible que el hecho de que Israel se enfrente a una amenaza existencial haga quitar importancia al precio que pueden pagar otros países, en especial Estados Unidos. Al fin y al cabo, a los estadounidenses, a miles de kilómetros de distancia, les resulta fácil suponer que Irán es un actor racional y nunca usaría un arma nuclear por la posibilidad de que Israel o EE UU lo borraran del mapa. Los israelíes, por supuesto, sostienen que la amenaza de represalia no es un factor disuasorio aceptable, y protegerán ante todo sus propios intereses.

Pero veamos qué podría suponer un ataque israelí para los intereses de Estados Unidos y una economía aún en recesión. Aunque los iraníes no impidieran más que de forma temporal la navegación por el Estrecho de Ormuz (por el que pasa el 40% de todo el petróleo), el precio del crudo se dispararía, lo cual debilitaría y perjudicaría todavía más los mercados mundiales y haría enorme daño a la frágil recuperación de las economías estadounidense. Las incertidumbres económicas y financieras podrían ser de dimensión global y verdaderamente catastróficas. Al mismo tiempo, los iraníes intentarían empeorar la situación de las fuerzas estadounidenses en Afganistán y las que aún quedan en Irak, lo cual complicaría una situación de seguridad ya inestable en ambos países. Además del resurgimiento de Al Qaeda en Irak (una amenaza suní), las fuerzas estadounidenses se enfrentarían al peligro chií. Justo cuando EE UU está decidido a dejar Irak, podría verse obligado a quedarse. Es posible que Teherán atacara a sus enemigos y los que considera como tales en toda la región, incluido el Golfo Pérsico y, en especial, en un sitio como Bahréin. La capacidad iraní de atacar el territorio estadounidense es limitada, pero su facultad de llevar a cabo una guerra clandestina contra intereses estadounidenses e israelíes en todo Oriente Medio es mucho más temible.

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4. Dará legitimidad y popularidad a Irán en Oriente Medio. El Gobierno de George H.W. Bush hizo todo lo posible para evitar que Israel respondiera a los ataques iraquíes con Scuds durante la guerra del Golfo de 1991. La razón era convincente: Irak estaba desafiando a la comunidad internacional y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, y se había formado una coalición internacional de 34 países para defender el bien común mundial. Lo que menos hacía falta era que Sadam Huséin convirtiera su invasión de Kuwait en un enfrentamiento árabe-israelí. Lo mismo sucede ahora, hasta cierto punto.

Las sanciones quizá no impidan jamás que los iraníes adquieran el arma, pero sí tienen cierto efecto; e Irán está ya muy aislado. Un ataque israelí podría echar abajo toda esa labor, sobre todo tras las revoluciones árabes de este año. Los gobernantes de algunos Estados del golfo Pérsico quizá lo recibirían bien, pero la calle árabe lo consideraría otro ejemplo de agresión israelí y doble rasero estadounidense. A los árabes les encantaría que les bajaran los humos a los iraníes, pero la intervención israelí complicaría la acogida al ataque y, sin duda, dificultaría los intentos de EE UU de arreglar la situación después.

5. Si los israelíes atacan, EE UU tendrá que intervenir obligatoriamente. Es imposible que una acción israelí no represente grandes complicaciones y una respuesta militar contra intereses estadounidenses. Es evidente que el Teherán supondrá que el ataque israelí se coordinó con EE UU. Lo más probable es que haya un cierre a la navegación del Estrecho de Ormuz y ataques contra instalaciones militares y embajadas estadounidenses. Aunque Estados Unidos no participe de forma directa en el ataque, seguramente se les pedirá que ayuden o apoyen a Israel contra ataques de Hezbolá y Hamás con armas de alta trayectoria. La credibilidad internacional de Washington, bajo mínimos, empeorará aún más. Estados Unidos está envuelto en las dos guerras más largas de su historia y todavía tiene miles de soldados en dos países musulmanes. Y que quede una cosa clara: EE UU no está ganando esas guerras. Lo que menos necesita es otro conflicto contra otro país musulmán cuya resistencia y cuya capacidad de tomar represalias (aunque sean asimétricas) no deben subestimarse jamás.

Todas estas preocupaciones las expongo sabiendo muy bien que el hecho de que Irán adquiera un arma nuclear es un enorme problema para Estados Unidos, Israel y la comunidad internacional. Incluso podría dar un vuelco a la situación. Irán está decidido a adquirir el arma, y ni las sanciones ni la diplomacia parecen servir para parar a Teherán. Nadie debe trivializar las consecuencias de una bomba iraní. No podemos ocultar la cabeza debajo del ala, pero tampoco debemos perderla.

Si hubiera una posibilidad o expectativa razonable de que un ataque israelí pudiera acabar con la capacidad nuclear iraní, entonces sería posible defenderlo con argumentos más convincentes. Pero no es así. Y eso nos deja en una situación muy delicada, atrapados, por el momento, entre dos opciones igual de desagradables: una acción militar peligrosa y quizá catastrófica, o aprender a convivir con una bomba iraní que podría cambiar radicalmente el equilibrio de poder en Oriente Medio

EL ISLAMISMO MODERADO SE ABRIRÁ PASO EN EGIPTO


15 de noviembre de 2011

FP en español entrevista a Tarek Osman, el escritor egipcio que anticipó la revolución, sobre el futuro político que aguarda al país árabe.


Su discurso, preciso y didáctico, es una disección permanente de la realidad actual de Egipto. Preclaro, Tarek Osman, el autor de Egypt on the brink, el aclamado libro que anticipó la revolución que hizo caer a Hosni Mubarak, confía en que, tras una inminente victoria del islamismo conservador en las urnas, el país de los faraones verá triunfar a las corrientes políticas más liberales en consonancia con una larga historia nacional de convivencia pacífica entre distintos. Entretanto, este joven economista político, que vive a caballo entre El Cairo y Londres, augura tensiones crecientes en el seno de una sociedad desconcertada y lastrada por una situación económica dramática.

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FP en español. ¿Ha entrado la llamada Primavera Árabe en un punto muerto?

Tarek Osman. Se dan dos fenómenos a la vez: hay revoluciones contra regímenes opresores, por un lado, Libia, Siria o Egipto, y, por otro, vemos efectivamente fracasos sucesivos en los últimos 50 años en el mundo árabe. El liberalismo árabe fracasó; también el nacionalismo árabe. La fórmula de capitalismo distorsionado adoptada en los últimos 35 años ha hecho lo propio. Y la mitad del mundo árabe tiene menos de 30 años. Unidos estos dos factores podríamos concluir que la gente joven está rechazando no sólo estos regímenes, sino la herencia política anterior. En este sentido, no veo esa parálisis en el proceso. Es normal que haya intermitencias. Sigo viendo la situación muy inestable. Esta generación sigue intentando buscar su voz, de construir nuevos Estados. Y es un proceso que tomará su tiempo. Además, no tengo ninguna duda de que el régimen sirio acabará cayendo. En Yemen la situación es diferente: nos encontramos ante una sociedad profundamente tribal. En Libia la situación es más complicada que en Túnez o Egipto, porque su desarrollo social está muy retrasado respecto a estos países. El proceso en este país será más largo y veremos más turbulencias.

FP. ¿Cree que los resultados de las primeras elecciones posteriores a las revueltas condicionarán el futuro de las mismas?

T.O. Completamente. Pero, la cuestión crucial es: ¿por qué tipo de Estado votarán estos jóvenes? Observamos una emergencia de islam sociopolítico en todo el mundo árabe. Pero dentro de este movimiento existen muchos tipos, diversas narrativas. No sólo una. En Túnez tenemos un islam bastante moderado y liberal. Rachid Ghannuchi [líder de Ennahda], del que hablé en mi libro, es un pensador liberal. Si bien en los 80 era más radical, lleva 20 años exiliado en Londres expuesto a diferentes influencias. En términos de la participación de los distintos sindicatos profesionales, de las corrientes liberales, educación, nivel cultural, derechos de la mujer, etc. Túnez es un país más desarrollado que el resto del mundo árabe. Por tanto, esto favorecerá el auge de un movimiento moderado dentro del islam político. En Egipto la situación es distinto: el islamismo en Egipto es muy diferente. El movimiento ha vivido un experimento considerablemente duro. El régimen los persiguió con dureza, circunstancia que ha marcado de forma indeleble su pensamiento. Los Hermanos Musulmanes fundamentalmente han prestado un indudable servicio social (búsqueda de trabajos para los más pobres, transporte, ayuda sanitaria, educación) a los egipcios. En Túnez no ha sido el caso. El nivel de desarrollo general en Egipcio es más bajo que Túnez. Y su sociedad es más conservadora en general. Esto explica que el islamismo en Egipto es y será mucho más conservador y menos liberal. En conclusión: no podemos generalizar en todo el mundo árabe; en cada país el movimiento político islámico tiene unas características distintas.

FP. ¿Cree que los militares han secuestrado de alguna manera la revolución de febrero?

T.O. No estoy de acuerdo con la afirmación. Lo que ocurre en Egipto es el resultado del debilitamiento de los distintos actores políticos del país en los últimos 35 años. Los tradicionales partidos liberales de Egipto son hoy muy débiles (como es el caso de Al Wafd). El movimiento laborista está dividido. ¿Quiénes fueron los tres grandes actores de los hechos de este año? En primer lugar, los jóvenes, que iniciaron las protestas en diciembre. No están muy organizados, carecen de líder y proceden de ámbitos ideológicos muy diversos. En segundo lugar, los Hermanos Musulmanes. Están organizados, estructurados y tienen recursos financieros. Jugaron un gran papel en la revolución, especialmente en la última semana. Y, en tercer lugar, obviamente los militares, que recibieron el poder de Mubarak [el Consejo Supremo] con la aprobación de la sociedad. ¿Podemos esperar que los militares sigan dirigiendo el poder a medio plazo? Mi respuesta es no. Los militares tratarán de mantener sus prerrogativas, pero sería inmaduro pensar que éstos seguirán en el poder. La enorme interacción registrada entre la juventud y el islamismo, en la sociedad en general, impedirá que los militares sigan manteniendo el control. La única excepción sería que Egipto se sumiera en el caos total.

FP. ¿Qué piensa de la creciente tensión entre coptos y musulmanes?

T.O. Es un tema muy importante. Como analizo en mi libro, el sectarismo existente, que algunos lo limitan a los últimos dos o tres años, se remonta, al menos, a los últimos 40 años. Hemos visto la disolución, el debilitamiento del egipcianismo -concepto que aspira a crear una narrativa nacional egipcia común- y el reforzamiento del islamismo y del cristianismo en las últimas cuatro décadas. Para mucha gente, desafortunadamente, la identidad está íntimamente relacionada con la religión. Ése es el mayor problema que afrontamos. La historia de este enfrentamiento se remonta a las últimas cuatro décadas. Veremos más enfrentamientos y muestras de sectarismo como las registradas últimamente. La única esperanza es que en el movimiento liberal, especialmente entre los más jóvenes, existe la asunción de que hacer más fuerte el egipcianismo y, en suma, recuperarlo es de vital importancia para el futuro del país.

FP. ¿Cree que los Hermanos Musulmanes serán la primera fuerza tras las elecciones que tendrá lugar este mes?

En dos o tres años los Hermanos Musulmanes se fragmentarán en distintas facciones

T.O. El islam político será uno de los mayores beneficiarios de lo sucedido hasta ahora en el corto plazo en todo el mundo árabe. Dentro de este ámbito, los Hermanos Musulmanes constituyen el actor más numeroso, pero no el único. Tendrán una importante fuerza parlamentaria. Jugarán un rol importante en la construcción de la nueva legislación del país. Una cuestión de vital importancia para ellos. Pero, cuando hablas con líderes del movimiento, parecen reacios a asumir mucha responsabilidad, a dirigir el país. Saben que el momento económico es difícil y de no lograr lo que la sociedad espera ésta le pasará factura. Pero los Hermanos no están muy unidos ni cohesionados. Hay varias tendencias en su seno. Hemos visto dos fracturas en el movimiento en los últimos 9 meses. Tienen serios problemas con el salafismo, el movimiento extremista. Es decir, dificultades con otras fuerzas y con sus propios correligionarios. Mi pronóstico es que, dadas las divisiones existentes en el movimiento, en dos o tres años los Hermanos Musulmanes se fragmentarán en distintas facciones.

FP. ¿Qué tendencia será la dominante dentro del islamismo en Egipto?

T.O. Egipto va a vivir muchas turbulencias todavía. Al principio, las fuerzas más conservadoras tomarán la delantera. Tendremos un Parlamento muy dividido tras las elecciones. Los islamistas serán el bloque principal. Creo que en el corto plazo la narrativa general del islamismo será conservadora, más que la que ha resultado vencedora en Túnez en estos momentos. Pero, la cuestión es si en el medio plazo mantendrán ese dominio: mi respuesta es no. En primer lugar, porque cuando oyes a sus líderes, se observa que carecen de figuras capacitadas para una dirección sofisticada; crearán problemas sociales y económicos. Egipto ha sido una sociedad agraria en la que religiones diferentes han coexistido pacíficamente durante muchos siglos. Los islamistas más conservadores se enfrentan a la historia en este sentido. Ganarán en las próximas elecciones, pero una vez que el país se estabilice la historia regresará. Y los más conservadores perderán preeminencia en beneficio de los moderados. Pero esta es una etapa excepcional.

FP. ¿En qué medida cree que la sharia formará parte del gobierno de las nuevas mayorías políticas árabes?

T.O. La sharia ya ha sido la primera fuente de legislación en Egipto en los últimos cuarenta años. Nada nuevo. Pero la gran pregunta es si los nuevos actores parlamentarios extenderán la aplicación de lashariaa a la naturaleza del Estado y a las dinámicas sociales del país. Es decir, si veremos un Estado religioso opuesto al secular. Y si veremos leyes que persigan a los cristianos o liberales o al turismo, por poner dos ejemplos. Sí pienso que veremos un mayor conservadurismo en la legislación en el próximo Parlamento. Pero no creo que veamos un cambio estratégico en la orientación de la legislación constitucional egipcia. Creo que después de haber hablado con líderes de los Hermanos Musulmanes, son más inteligentes de lo que pensamos y no van a proceder de una manera ciega. A diferencia de cómo los retratan los medios occidentales, los Hermanos tienen una capacidad para evitar la confrontación entre los polos opuestos. Cuando se habla con las generaciones más jóvenes de la organización, creen estar en su momento. Egipto ha vivido un balance de tolerancia a lo largo de muchísimos siglos; saben de los riesgos de quebrarlo actuando con precipitación. Y, como he dicho antes, no tienen siquiera una sola narrativa. Son plenamente conscientes de ello.

FP. ¿Cuál de los retos que afronta la sociedad egipcia?

La nueva narrativa que surja de El Cairo no será amistosa ni con Israel ni con EE UU. También se enfrentará a Arabia Saudí

T.O. Los retos que tiene por delante la sociedad egipcia comienzan por la falta de transparencia. La gente desconocía la realidad social, política y económica del Estado por culpa de la tenebrosa trayectoria del gobierno en los últimos 30 años. En segundo lugar, el funcionamiento económico de Egipto depende de cuatro pilares económicos, hoy seriamente amenazados: remesas extranjeras, inversiones extranjeras directas, turismo y subsidios al petróleo y a los alimentos. Para ninguno hay soluciones inmediatas en estos momentos. La situación económica es muy mala. En tercer lugar, la seguridad en el país ha empeorado. Por último, el sentimiento general de la sociedad es muy tenso. El nivel de violencia y de tono entre diferentes actores es latente. Retos inmediatos que cualquier gobierno tendrá que afrontar de forma inmediata. La juventud de la población es un activo, pero el país ha sido incapaz de aprovecharlo en los últimos 20 años.

FP. ¿Qué papel cree que tendrá el nuevo Egipto en el conflicto árabe-israelí?

T.O. Tal vez mi perspectiva es más macro. Si observamos los últimos cuarenta años, desde la caída del nacionalismo los árabes están fuera de la historia como conjunto. En los 70 comienza a triunfar la pax americana en Oriente Medio, con Arabia Saudí como principal centro. En los 80 sigue reinando, pero un nuevo actor llega a la escena: Irán tras la revolución islámica, que se presenta con una nueva narrativa. Y trata de extender su influencia en partes del Golfo, Líbano e Irak. Después de la Conferencia de Paz de Madrid en 1991 una nueva narrativa israelí se impone –con Isaac Rabin y Shimon Peres—, de corte económico: no hay nada llamado mundo árabe, Israel es el líder económico de Oriente Medio. Y ahora hay una narrativa que se consolida: la turca. Desde que gobierna Justicia y Desarrollo, Turquía se dirige al mundo árabe de nuevo con una perspectiva otomana, islámica y moderna a la vez. Pero, al observar los tres modelos, vemos que los árabes siguen durmiendo. Carecen de narrativa. ¿Por qué? Porque Egipto sigue ausente. El poder principal de Oriente Medio sigue estando fuera de escena. Con independencia del nuevo Estado que emerja en Egipto –sea éste islamista moderado o conservador– El Cairo volverá a Oriente Medio, con más contundencia. Un nuevo orden emerge en Túnez, Libia y en Siria, países que han apoyado tradicionalmente el papel central de Egipto en el mundo árabe. La nueva narrativa que surja de El Cairo no será amistosa ni con Israel ni con EE UU. También se enfrentará a Arabia Saudí. En consecuencia, Oriente Medio será un lugar muy tenso en los próximos años.