martes, 13 de diciembre de 2011
PREPARADOS PARA SALTAR A LA PALESTRA
¿TIENE FACEBOOK UNA POLÍTICA EXTERIOR?
El gigante de las redes sociales tiene el poder de cambiar el mundo a mejor. ¿Quiere hacerlo?
John Moore/Getty Images Un manifestante egipcio en febrero de 2011 con una pancarta con el nombre de la red social que ayudó a organizar las protestas |
A finales de 2008, el consejero delegado de Facebook, Mark Zuckerberg, reflexionaba sobre una masiva manifestación política que se había llevado a cabo en Colombia unos meses antes. Un joven había creado un grupo de Facebook para mostrar su repugnancia por las guerrillas de las FARC, y un mes después, el 4 de febrero, millones de ciudadanos colombianos y de todo el mundo se manifestaron en contra de los revolucionarios.
Las protestas contra las FARC fueron el primer aviso de lo que este año culminó en una oleada mundial, la del uso de los medios sociales en los movimientos políticos de masas; Facebook y Twitter se han convertido, casi de la noche a la mañana, en las tribunas, las peticiones y las asambleas comunes de todo el mundo. Empezó en Oriente Medio con los indignados amigos en Facebook, pero la reacción en cadena acabó llevando a movimientos ciudadanos y manifestaciones que han transformado el paisaje. No solo en Túnez, Egipto y Libia, donde lograron derrocar a los tiranos, sino también en Siria, Yemen, Bahréin, y más tarde en España, Israel, India, Gran Bretaña, Estados Unidos y en otros países. Facebook es el hilo que une a todos estos movimientos y se ha convertido en la nueva infraestructura de protesta.
Y este no es el final. Zuckerberg ha empezado a estudiar mandarín como preparativo para impulsar Facebook en China, no como parte de una vanguardia política, sino por su enorme interés en que el servicio que ofrece triunfe en aquel país. ¿Quién sabe qué cambios, políticos o de otro tipo, provocará?
Hace tres años, Zuckerberg tenía ya cierta idea de lo que se avecinaba. “De aquí a 15 años”, predijo, “es posible que haya cosas como la ocurrida en Colombia casi a diario”. Está claro que fue demasiado prudente con los plazos y, por eso, seguramente, es un error decir que 2011 ha sido el “año de los medios sociales”. En años futuros veremos todavía más repercusiones del uso de estas herramientas digitales, que no dejan de evolucionar. Facebook, que aún no ha cumplido ocho años, tendrá pronto mil millones de usuarios activos. Twitter tiene menos, 100 millones, pero éstos son una élite: personas destacadas en los medios de comunicación, la política, los negocios y la tecnología. Mientras tanto, legiones de empresarios en Silicon Valley y otros lugares están desarrollando nuevos productos de medios sociales que quizá acaben siendo más eficaces a la hora de ayudar a la gente a organizarse.
Lo que hace que Facebook sea tan útil en la política es precisamente el hecho de que, ante todo, es una herramienta social. En dicha web uno se limita a decir: “Voy a ir al centro comercial”, y el sistema se lo cuenta a sus amigos. De modo que, si quieres que tus amigos en Túnez sepan que estás harto del presidente Zine el Abidine Ben Alí, parece lógico emplear un sistema que ya sabes que es muy bueno para llegar a grandes grupos de personas. El mensaje, tanto si es de insatisfacción política como sobre asuntos más frívolos, puede hacerse viral a una gran velocidad.
Por supuesto, ni Facebook ni Twitter causaron la Primavera Árabe. Los medios sociales pueden ayudar a la gente a organizarse y crear conciencia, pero no pueden obligar a nadie a poner su vida en peligro. Los dos elementos juntos son una combinación incendiaria. Y por eso es muy poco probable que Zuckerberg repita sus reflexiones de 2008. Ahora tiene razones de peso para permanecer callado. Facebook está prohibido, con más o menos éxito, en:Birmania, Cuba, Irán y Corea del Norte, entre otros sitios. Pero el servicio funcionaen decenas de países no democráticos y su responsable quiere que siga siendo así.
| Legiones de empresarios en Silicon Valley están desarrollando nuevos productos de medios sociales que quizá acaben siendo más eficaces a la hora de ayudar a la gente a organizarse | ||||||
El gran interrogante de los medios sociales es China. Dos enormes servicios nacionales que siguen el modelo de Twitter, los llamados weibos, operados por Sina yTencent, cuentan con cientos de millones de usuarios. Aunque los censores del Gobierno de Pekín y de las empresas intentan filtrar cuidadosamente los comentarios, no siempre lo consiguen. Tras el choque mortal de un tren de alta velocidad en Wenzhou, ocurrido en julio, hubo tantos comentarios indignados de ciudadanos que parecía aceptable criticar al Ministerio de Ferrocarriles. Eso animó a muchos periodistas a informar sobre el accidente con más atrevimiento, incluso en medios de propiedad estatal.
El crecimiento de los weibos y la pasión que despiertan en la población añade una nueva incertidumbre a la política china. Aunque no se puede llamar democracia, es una especie de manifestación de voluntad popular. Por supuesto, los usuarios no se hacen ilusiones de que no se supervisen sus comentarios. Para sortear la censura, muchos usuarios se inventan palabras clave que representan los nombres de los líderes o grandes controversias. A menudo, esas discusiones sobre temas delicados consiguen sobrevivir a la censura.
Por otra parte, los censores aún pueden ganar. Este verano, decenas de miles de ciudadanos de la ciudad septentrional de Dalian se reunieron en su plaza central en una manifestación política que algunos consideran la mayor de la historia china reciente. Protestaban contra una planta química al borde del mar que se había inundado durante un monzón, que tenía el potencial de propagar las sustancias nocivas al puerto y las aguas de alrededor. Si bien las autoridades aceptaron trasladar la planta, parece ser que los censores consiguieron que la información sobre la manifestación no llegara a los weibos. La mayoría de los chinos nunca se enteraron de ello.
Aunque Zuckerberg dice que entrar en China es una de las principales prioridades estratégicas de Facebook, es difícil imaginar que le permitan operar dentro del país sin los filtros y la censura que sufren habitualmente todos los demás medios sociales. Un portavoz de la rede social en Washingtondeclaró hace poco al periódico The Wall Street Journal que no es inconcebible que la empresa esté dispuesta a cooperar. “Tal vez bloquearemos cierto contenido en unos países y en otros no”, dijo Adam Conner. “A veces nos encontramos en situaciones incómodas porque, ahora, quizá permitimos demasiada libertad de expresión en países que no la han experimentado antes”.
Es posible que ni siquiera Mark Zuckerberg pueda prever qué va a pasar, pero de algo no cabe duda: los medios sociales, una vez puestos en marcha, continuarán dando el poder a la gente corriente de todo el mundo para tener una voz pública.
CELAC: INTEGRACIÓN REGIONAL A LA CARTA
Con el nacimiento de este nuevo foro, América Latina y el Caribe tratan de establecer un debate y coordinación de acciones entre los países de la región. Sin olvidar la interacción con Estados Unidos, la Unión Europea y China. ¿Será viable este proyecto?
JUAN BARRETO/AFP/Getty Images |
La III Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC), al que no asistieron los gobernantes de Costa Rica, El Salvador y Perú, ha concluido con la aprobación de un conjunto de 19 resoluciones sobre temas como asuntos de seguridad, democracia y orden constitucional, así como cuestiones sociales, de derechos humanos y de diferendos territoriales, y la Declaración de Caracas sobre la CELAC, una nueva iniciativa, principalmente venezolana, que responde a un reacomodo de fuerzas políticas y económicas en el hemisferio, a los retos y desafíos que enfrenta la Organización de Estados Americanos (OEA) y a la dinámica de integración regional que se ha construido en las pasadas dos décadas.
CELAC nace en un complejo entorno latinoamericano y caribeño, por lo que es necesario contextualizar este proceso, a fin de considerar su viabilidad como foro de debate y coordinación de acciones entre los países de la región. Sin olvidar la interacción con Estados Unidos (EUA) y en menor medida con la Unión Europea (UE) y China.
La dinámica latinoamericana
El escenario latinoamericano y caribeño se caracteriza por una compleja y diversa geometría integracionista, que en algunos casos –particularmente el centroamericano y andino– se fundamentan en una especie de integración regional a la carta. Existe una larga lista de esquemas y foros de integración que responden al juego geopolítico regional y a la persistencia de los intereses y las cosmovisiones doméstico-estatales que enfatizan más la perspectiva particular y no la construcción de identidades regionales.
Hoy esa dinámica regional se caracteriza por la presencia de un líder especial en la zona con proyección global: Brasil –que adoptó una política exterior de hegemonía consensual–; seguido, a distancia, por un México cuya proyección allende sus fronteras se ha visto disminuida, notablemente, por los problemas internos que enfrenta y que le hacen volver su mirada a otras prioridades. Detrás de esos dos gigantes latinoamericanos se ubica una segunda categoría de potencias intermedias con muy diferentes estilos y propósitos, pero en general buscando consolidarse como líderes en la zona, aunque con igual complejidad en sus retos y desafíos internos: Argentina, Chile, Colombia y Venezuela (en este caso más por el proyecto del presidente Hugo Chávez que por una cuestión de la sociedad venezolana). En una tercera categoría aparecen tres países que han intentado tener una visibilidad regional para impulsar sus proyectos individuales: Bolivia, Cuba y Ecuador. Y finalmente el resto son naciones, en su mayoría, frágiles y vulnerables.
De igual manera hay un amplio horizonte en cuanto a planteamientos políticos, desde lo que Jorge Castañeda denomina una “izquierda retrógrada y populista” (Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua), hasta aquellos regímenes conservadores (principalmente Chile), pasando por una “izquierda moderada y progresista” y gobiernos de centro.
De ahí que sea difícil referirse a América Latina como una comunidad, sino más bien se trata de un conjunto de países que intentan constituir un esquema de coordinación regional, pero con fracturas profundas y rivalidades históricas que la mayor parte del tiempo pesan más que la agenda común. Por ello, la misma CELAC ha incorporado, en su agenda, algunos temas que impedirán el consenso sobre algunas decisiones, como los asuntos bolivianos de la coca originaria y ancestral y su reclamo de una salida al mar.
| CELAC es un intento de disminuir la presencia de EE UU en la región y no afectará las relaciones bilaterales con la UE | ||||||
Pretensiones de CELAC
La Declaración de Caracas, documento que define la estructura de la CELAC y que se adoptó en abril 2011 en la capital venezolana, señala que se “…avance en el proceso de integración política, económica, social y cultural haciendo un sabio equilibrio entre la unidad y la diversidad de nuestros pueblos”, por lo que teniendo en cuenta la diversidad de la formación de la identidad latinoamericana se constituya en “…un espacio que reivindique el derecho a la existencia, preservación y convivencia de todas las culturas, razas y etnias que habitan en los países de la región”. Para ello se recogen como principios básicos: el derecho de aprobar el sistema político y económico que se desee, el respeto al derecho internacional, la solución pacífica de controversias, la prohibición del uso y de la amenaza de la utilización de la fuerza, respeto a la autodeterminación y la soberanía, respeto a la integridad territorial, la no injerencia en los asuntos internos y la protección y promoción de los derechos humanos y de la democracia. Asimismo la CELAC contribuirá a “…la consolidación de un mundo pluripolar y democrático, justo y equilibrado, y en paz, despojado del flagelo del colonialismo y de la ocupación militar.”
En el encuentro de Caracas, cada representación llevó su propia propuesta e hizo una lectura particular de la realidad regional y de las expectativas sobre la nueva entidad. De esta forma, para algunos estaba naciendo una nueva organización regional, que acabaría con la OEA e independizaría a América Latina del dominio estadounidense; mientras que para otros se establecía una plataforma de coordinación tanto para la participación en foros hemisféricos, como globales y con los espacios de integración política, económica, social y de seguridad que existen en la región.
La entidad operará bajo los principios de flexibilidad y participación voluntaria en las iniciativas y declaraciones que se aprueben; por ello se adoptará un “…mecanismo representativo de concertación política, cooperación e integración de los Estados latinoamericanos y caribeños y como un espacio común que garantice la unidad e integración de nuestra región.” Sin embargo, quedó pendiente la decisión sobre la forma en que se toman las decisiones.
Por su parte, lo que está claro es que CELAC es un intento de disminuir la presencia estadounidense en la región y no afectará las relaciones bilaterales e interregionales con la Unión Europea, ni incidirá en los vínculos con China, que seguirán siendo predominantemente bilaterales.
En definitiva, CELAC nace como un foro para debatir y coordinar acciones que cada país adoptará de manera voluntaria y acorde con sus intereses (las próximas cumbres serán en Chile -2012-, Cuba -2013- y Costa Rica -2014-), con lo que se consolida la idea de una integración a la carta. Por ende, no prosperó la tesis chavista de una organización regional que sepultara la OEA y en consecuencia la influencia estadounidense. Así el nuevo espacio regional –adoptado mediante una declaración y no un tratado constitutivo– tendrá que demostrar que, efectivamente, los Estados latinoamericanos y caribeños pueden encontrar puntos de coincidencia y dejar de lado sus diferencias políticas, económicas, sociales, culturales y geopolíticas para impulsar iniciativas conjuntas, al mismo tiempo que operan en las otras instancias de integración regional.
¿TIENE FACEBOOK UNA POLÍTICA EXTERIOR?
Las protestas contra las FARC fueron el primer aviso de lo que este año culminó en una oleada mundial, la del uso de los medios sociales en los movimientos políticos de masas; Facebook y Twitter se han convertido, casi de la noche a la mañana, en las tribunas, las peticiones y las asambleas comunes de todo el mundo. Empezó en Oriente Medio con los indignados amigos en Facebook, pero la reacción en cadena acabó llevando a movimientos ciudadanos y manifestaciones que han transformado el paisaje. No solo en Túnez, Egipto y Libia, donde lograron derrocar a los tiranos, sino también en Siria, Yemen, Bahréin, y más tarde en España, Israel, India, Gran Bretaña, Estados Unidos y en otros países. Facebook es el hilo que une a todos estos movimientos y se ha convertido en la nueva infraestructura de protesta.
Y este no es el final. Zuckerberg ha empezado a estudiar mandarín como preparativo para impulsar Facebook en China, no como parte de una vanguardia política, sino por su enorme interés en que el servicio que ofrece triunfe en aquel país. ¿Quién sabe qué cambios, políticos o de otro tipo, provocará?
Hace tres años, Zuckerberg tenía ya cierta idea de lo que se avecinaba. “De aquí a 15 años”, predijo, “es posible que haya cosas como la ocurrida en Colombia casi a diario”. Está claro que fue demasiado prudente con los plazos y, por eso, seguramente, es un error decir que 2011 ha sido el “año de los medios sociales”. En años futuros veremos todavía más repercusiones del uso de estas herramientas digitales, que no dejan de evolucionar. Facebook, que aún no ha cumplido ocho años, tendrá pronto mil millones de usuarios activos. Twitter tiene menos, 100 millones, pero éstos son una élite: personas destacadas en los medios de comunicación, la política, los negocios y la tecnología. Mientras tanto, legiones de empresarios en Silicon Valley y otros lugares están desarrollando nuevos productos de medios sociales que quizá acaben siendo más eficaces a la hora de ayudar a la gente a organizarse.
Lo que hace que Facebook sea tan útil en la política es precisamente el hecho de que, ante todo, es una herramienta social. En dicha web uno se limita a decir: “Voy a ir al centro comercial”, y el sistema se lo cuenta a sus amigos. De modo que, si quieres que tus amigos en Túnez sepan que estás harto del presidente Zine el Abidine Ben Alí, parece lógico emplear un sistema que ya sabes que es muy bueno para llegar a grandes grupos de personas. El mensaje, tanto si es de insatisfacción política como sobre asuntos más frívolos, puede hacerse viral a una gran velocidad.
Por supuesto, ni Facebook ni Twitter causaron la Primavera Árabe. Los medios sociales pueden ayudar a la gente a organizarse y crear conciencia, pero no pueden obligar a nadie a poner su vida en peligro. Los dos elementos juntos son una combinación incendiaria. Y por eso es muy poco probable que Zuckerberg repita sus reflexiones de 2008. Ahora tiene razones de peso para permanecer callado. Facebook está prohibido, con más o menos éxito, en:Birmania, Cuba, Irán y Corea del Norte, entre otros sitios. Pero el servicio funcionaen decenas de países no democráticos y su responsable quiere que siga siendo así.
Legiones de empresarios en Silicon Valley están desarrollando nuevos productos de medios sociales que quizá acaben siendo más eficaces a la hora de ayudar a la gente a organizarse
El gran interrogante de los medios sociales es China. Dos enormes servicios nacionales que siguen el modelo de Twitter, los llamados weibos, operados por Sina y Tencent, cuentan con cientos de millones de usuarios. Aunque los censores del Gobierno de Pekín y de las empresas intentan filtrar cuidadosamente los comentarios, no siempre lo consiguen. Tras el choque mortal de un tren de alta velocidad en Wenzhou, ocurrido en julio, hubo tantos comentarios indignados de ciudadanos que parecía aceptable criticar al Ministerio de Ferrocarriles. Eso animó a muchos periodistas a informar sobre el accidente con más atrevimiento, incluso en medios de propiedad estatal.
El crecimiento de los weibos y la pasión que despiertan en la población añade una nueva incertidumbre a la política china. Aunque no se puede llamar democracia, es una especie de manifestación de voluntad popular. Por supuesto, los usuarios no se hacen ilusiones de que no se supervisen sus comentarios. Para sortear la censura, muchos usuarios se inventan palabras clave que representan los nombres de los líderes o grandes controversias. A menudo, esas discusiones sobre temas delicados consiguen sobrevivir a la censura.
Por otra parte, los censores aún pueden ganar. Este verano, decenas de miles de ciudadanos de la ciudad septentrional de Dalian se reunieron en su plaza central en una manifestación política que algunos consideran la mayor de la historia china reciente. Protestaban contra una planta química al borde del mar que se había inundado durante un monzón, que tenía el potencial de propagar las sustancias nocivas al puerto y las aguas de alrededor. Si bien las autoridades aceptaron trasladar la planta, parece ser que los censores consiguieron que la información sobre la manifestación no llegara a los weibos. La mayoría de los chinos nunca se enteraron de ello.
Aunque Zuckerberg dice que entrar en China es una de las principales prioridades estratégicas de Facebook, es difícil imaginar que le permitan operar dentro del país sin los filtros y la censura que sufren habitualmente todos los demás medios sociales. Un portavoz de la rede social en Washington declaró hace poco al periódico The Wall Street Journal que no es inconcebible que la empresa esté dispuesta a cooperar. “Tal vez bloquearemos cierto contenido en unos países y en otros no”, dijo Adam Conner. “A veces nos encontramos en situaciones incómodas porque, ahora, quizá permitimos demasiada libertad de expresión en países que no la han experimentado antes”.
Es posible que ni siquiera Mark Zuckerberg pueda prever qué va a pasar, pero de algo no cabe duda: los medios sociales, una vez puestos en marcha, continuarán dando el poder a la gente corriente de todo el mundo para tener una voz pública.
IRÁN: EN EL LABERINTO DE LA INCERTIDUMBRE 12 de diciembre de 2011 Lino González El jardín del fin (Un viaje por el Irán de ayer y de hoy) Ángela Rodic
En general, cuanto mayor es el protagonismo de un país en la escena internacional, menos conocido suele ser: los prejuicios se alían fácilmente con los lugares comunes informativos para conseguir que sociedades heterogéneas, regímenes políticos complejos y economías con un alto nivel de desarrollo queden reducidos a unos pocos titulares. Es el caso de Irán, al que en estos momentos gran parte de los países occidentales consideran un Estado indeseable.
En su libro El Jardín del fin, la periodista española Ángela Rodicio nos propone un viaje por el Irán de ayer y de hoy, tratando de ofrecer una panorámica lo más amplia posible del país y de sus gentes. Combinando la reseña histórica, las crónicas de sus viajes a Irán desde 1997 como enviada especial de Televisión Española y el relato de sus visitas como turista, la autora compone un libro que trata de abarcar casi todos los aspectos necesarios para conocer mejor el país.
AFP/Getty Images
Muchas páginas del libro están dedicadas a la historia política, militar y cultural de la civilización persa, que se remonta a la Dinastía Aqueménida fundada por Ciro II el Grande en el siglo sexto antes de Cristo. El pasado no siempre explica el presente, aunque sí lo condiciona en gran medida. Al mismo tiempo, y desde la primera página, Rodicio trata de ofrecer un retrato del Irán actual, el que se surgió en 1979 con el derrocamiento del Sha y el triunfo de la Revolución Islámica encabezada por el ayotalá Jomeini.
La autora explica que el principal problema que afronta desde hace más de una década el régimen teocrático, además de su aislamiento internacional, es el desencanto de la población con unos gobernantes que han construido un sistema político y económico que parece agotado: “En el sistema iraní, lo informal triunfa sobre lo formal, el poder y la influencia derivan tanto -si no más- de la personalidad como del cargo, y las dinámicas de las diversas facciones determinan los debates y las decisiones políticas”. Un régimen con una estructura de poder vertical dentro de la que distintas facciones ideológicas tratan de conservar o mejorar su estatus. Las facciones dentro del régimen iraní, según la autora, serían básicamente tres: los conservadores encabezados por el Líder Supremo Alí Jamenei, que cuentan con el poder que les otorgan los Guardianes de la Revolución; los pragmáticos, que desean una gestión económica del país menos dependiente del aparato estatal; y los progresistas, liderados por Jatamí durante sus siete años como Presidente de Irán, que sintonizan mejor con las expectativas de los jóvenes que reclaman cambios profundos y tangibles. Mientras el poder siga en manos del ala más conservadora, será difícil que se produzcan cambios significativos. Los Guardianes de la Revolución no son sólo una especie de guardia pretoriana de los clérigos más conservadores liderados por Jamenei: también gestionan innumerables negocios impidiendo en muchos casos el saneamiento de una economía burocratizada en exceso y con grandes índices de corrupción. Como afirma Rodicio, la transparencia de las actividades del Gobierno es nula. Mahmud Ahmadineyad, presidente del país desde 2005, es el representante más populista e histriónico de esa derecha conservadora iraní.
A nivel económico, Irán es dependiente de los ingresos derivados de la venta del petróleo y el gas (el segundo y el cuarto productor mundial, respectivamente). A pesar de su entidad como productor, debido a las sanciones económicas internacionales que le impiden el acceso a la tecnología occidental, se ve obligado a importar entre el 40% y el 60% de la gasolina que necesita para consumo interno. La población tiene la sensación de que los ingresos derivados de la venta de hidrocarburos no se redistribuyen equitativamente.
El libro analiza con abundantes detalles el cansancio de la población iraní frente a unos gobernantes que no son capaces de lograr el progreso material para la mayoría de los habitantes. Además de la falta de libertades, el desencanto de una parte considerable de los iraníes tiene que ver con la situación económica: desarrollo estancado, inflación persistente, alta tasa de desempleo (la cifra oficial es el 20%), moneda débil e imposibilidad de acceso a una vivienda, sobre todo en Teherán, donde el metro cuadrado de las viviendas alcanza precios similares a los de París, Berlín o Nueva York. La frustración de la población más joven -un 60% de los iraníes tiene menos de 30 años- es comprensible.
El principal problema que afronta el régimen teocrático es el desencanto de la población con unos gobernantes que han construido un sistema que parece agotado
En el epílogo, Rodicio recoge una queja que le expresó el pasado febrero un joven profesor de inglés en la Plaza Tahrir de El Cairo y que sirve para explicar el descontento social que se vive en Oriente Medio, incluido Irán: “Hasta ahora, aunque una generación sufriese, un padre condenado a la pobreza sabía, no obstante, que sus hijos podían avanzar un eslabón en la cadena social, para mejor, y eso hacía que todo el mundo se callase y aguantase, confiando en un futuro mejor para los suyos. Ahora eso se ha roto. Vemos que el estancamiento es letal; que el pesimismo y la desgracia es lo único que heredarán nuestros hijos. No tenemos más remedio que rebelarnos”.
El empeño que está mostrando el régimen iraní a la hora de desarrollar su programa nuclear ha complicado en los últimos años su ya precaria situación internacional. Rodicio recuerda que Irán es un país relativamente aislado en la región. Sus aliados internacionales en estos momentos son, sobre todo, Rusia y China, interesados en sus recursos energéticos y en la venta de armas y de la tecnología nuclear y extractiva que las empresas occidentales no pueden vender a Teherán debido a las sanciones. Sin embargo, como recuerda Rodicio, no conviene olvidar que los recursos energéticos de Irán, su principal bendición, son también su gran amenaza, tanto como su posición estratégica en las rutas de paso de los gaseoductos y oleoductos internacionales que se proyectan construir. En otras palabras, el miedo de las potencias occidentales a un Irán con armas nucleares, el mantra repetido desde hace algunos años para justificar un posible ataque preventivo, no debe ocultar que desde 1979 se ha venido considerado al país persa como una apetecible pieza geoestratégica que desearían cobrarse de uno u otro modo estadounidenses y europeos, mediante la agresión externa o fomentando los movimientos desestabilizadores internos ya existentes. Como explica Ángela Rodicio: “Si existiese una plantilla de las vicisitudes del petróleo, desde su descubrimiento y explotación, y se pusiera sobre los vaivenes de la historia política de Irán en los últimos cien años, veríamos que la coincidencia es total. Se podría decir de todo Oriente Medio, pero en el caso de Irán, por su identidad nacional y peso como Estado desde la Antigüedad, las consecuencias han sido, y son, profundas”.