martes, 30 de agosto de 2011

Wikileaks vuelve a la carga desvelando más identidades protegidas que nunca



WikiLeaks ha publicado en su web unos 134.000 cables filtrados a la diplomacia estadounidense en los que deja al descubierto la identidad de fuentes protegidas, algo que preocupa al Departamento de Estado, informa hoy 'The New York Times'.

Esos cables, seis veces más que el total revelado hasta ahora por WikiLeaks desde noviembre pasado, "incluyen nombres de personas que hablaron confidencialmente con diplomáticos estadounidenses" y cuyas identidades eran marcadas como "estrictamente protegidas", sostiene el diario.

El Departamento de Estado de Estados Unidos y defensores de derechos humanos están preocupados ante la posibilidad de que esas fuentes, entre las que hay activistas, periodistas y académicos, puedan sufrir represalias, incluida la pérdida de sus trabajos, persecución o violenciaen su contra, de acuerdo con el periódico.

Un portavoz del Departamento de Estado, Michael Hammer, dijo al diario que no van a pronunciarse sobre la autenticidad de esos cables y reiteró que el Gobierno estadounidense "condena firmemente cualquier filtración ilegal de información clasificada".

Entre los cables divulgados el lunes por WikiLeaks en su web hay uno en el que aparece la identidad de un funcionario de Naciones Unidas en África y otro con el nombre de un activista extranjero de derechos humanos en Camboya.

"Ellos hablaron sinceramente con funcionarios de las embajadas estadounidenses sabiendo que no serían identificados públicamente", subraya 'The New York Times'.

Desde noviembre de 2010, varios diarios de distintos países han tenido acceso a cientos de miles de cables del Departamento de Estado filtrados por WikiLeaks.

El fundador de la organización, el periodista Julian Assange, permanece en arresto domiciliario en el este de Inglaterra a la espera de que un juez falle sobre su extradición a Suecia, que lo reclama por una supuestaagresión sexual y violación a dos mujeres ocurrida en agosto de 2010.

Assange teme que si es extraditado a Suecia pueda ser entregado después a Estados Unidos, donde podría ser procesado por delito de alta traición por las filtraciones de WikiLeaks.

Los motivos de Argelia para dar refugio a la familia Gadafi


Familia de Muamar Gadafi

La familia del coronel Muamar Gadafi entró a Argelia el lunes por la mañana después de cruzar el desierto del Sahara en un auto Mercedes y un autobús. La noticia, confirmada por el embajador argelino ante la ONU Mourad Benmehidi, causó rabia y frustración entre las nuevas autoridades de Libia, pero no sorpresa.

Argelia es el único país vecino de Libia que no ha reconocido al Consejo de Transición Nacional.

Kevin Connolly, uno de los corresponsales de la BBC en Trípoli que estuvo hace poco en Argelia, explica que en ese país hay un régimen autoritario a la antigua y "tienen la determinación de detener esta ola de cambios que suceden a sus puertas".

Argel es consciente del impacto de su decisión de darle abrigo a una parte de la familia Gadafi, por lo que -según expertos- no lo hubieran hecho si no estuvieran decididos a llegar hasta el final. La cuestión es determinar tal final.

Connolly no cree que el gobierno argelino termine dándole un techo al mismo coronel Muamar Gadafi por la sencilla razón de que "le traería más problemas que beneficios".

No es lo mismo ofrecer "ayuda humanitaria" a la esposa, nueras e hijos del líder, que si bien se han beneficiado del régimen no tienen una orden internacional de arresto, que ayudar a salir al Coronel y sus otros hijos sobre quienes pesan sendas órdenes de la Corte Penal Internacional.

Argelia firmó el Estatuto de la Corte Penal Internacional, pero no ha ratificado el tratado.

Ley del desierto

Sahara

De acuerdo con Argelia han una ley del desierto que exige ayudar a todo aquel que esté en problemas.

El embajador Benmehidi le dijo a la BBC que su país tiene la obligación de ofrecer ayuda. "De hecho, en muchas partes de la región del Sahara es una obligación por ley dar asistencia a cualquiera en el desierto".

El funcionario argelino también dejó claro que su gobierno informó tanto al secretario general de la ONU como al Consejo Nacional de Transición libio de la llegada de la familia Gadafi.

No obstante, el ministro de información de las nuevas autoridades libias, Mahmoud Shammam, declaró que la decisión de Argelia de hospedar a miembros del clan Gadafi es un "acto agresivo contra los deseos del pueblo libio".

Para el corresponsal de la BBC esta decisión es lo que muestra es una frustración en las filas de las nuevas autoridades libias de que hijos de Gadafi, que han tenido un papel en la vida económica y militar de ese país, ahora gocen de protección al otro lado de la frontera.

Hannibal estuvo al mando de la compañía de transporte marítimo; Mohamed dirigió el comité nacional Olímpico; y Aisha ayudó en la defensa de Saddam Hussein durante el juicio que llevó al líder iraquí a la horca.

Pero, según el corresponsal, lo que realmente le importa a las nuevas autoridades es el destino del propio Gadafi y de quienes están buscados por la justicia internacional".

La consumación de la victoria

Mapa de la región

Argelia es el único país vecino de Libia que no reconoce al Consejo de Transición Nacional.

De no lograr dar con el paradero para detener a Gadafi y llevarlo ante la justicia, se quedarían con esa piedra en el zapato que podría de alguna forma afectar el inicio de un nuevo gobierno.

Mourad Benmehidi dijo que hasta ahora no hay "indicaciones que sugieran que Muamar Gadafi tenga intenciones de ir a Argelia".

No obstante, Fawaz Gerges, de la London School of Economics, recuerda que las relaciones entre el gobierno argelino y las nuevas autoridades libias han sido "bastante hostiles".

"La realidad es que ese es el lugar para ir", le explica a la BBC. "De hecho, si Gadafi no es capturado en Libia, yo diría que lo puedes ver en Argelia en los próximos días".

Para lo analistas, Argelia no tiene por qué sucumbir a presiones internacionales, ni siquiera si vienen de la Liga Árabe, pues es un país rico, con petróleo y gas, y tienen una estrategia clara respecto a la primavera árabe.

"La forma en que la familia de Gadafi cruzó la frontera muestra el grado de planificación que hubo", apunta Connolly.

lunes, 29 de agosto de 2011

Primavera inquietante

Las grandes revoluciones constituyen un espectáculo desagradable. Son largas, sangrientas y de final incierto. Por el momento, el fenómeno histórico que alguien bautizó con el delicado nombre de primavera árabe exhibe todos los atributos revolucionarios. Con alguna característica adicional que lo hace especialmente inquietante para Europa: ocurre muy cerca, en una región de vital importancia geoestratégica para el planeta y en un momento en el que la población europea, alarmada por la inmigración, la crisis económica y el terrorismo, tiende a cobijarse en ideologías reaccionarias. Lo que en enero suscitaba cierta simpatía provoca ahora escepticismo, miedo o, en los sectores más receptivos al fenómeno, reacciones de impaciencia. La primavera árabe, sin embargo, no ha hecho más que empezar. Es muy pronto para evaluar la magnitud del terremoto diplomático, comercial y demográfico, y para trazar el contorno de sus consecuencias. La última revolución registrada en la región que se extiende por el norte de África y Oriente Próximo fue la iraní, en 1979, y su onda expansiva sigue haciéndose sentir con fuerza a través de Hezbolá en Líbano, de Hamás en los territorios palestinos y de la dinastía El Asad en Siria. Lo que se intuye ya con alguna claridad es que el libro de referencia para interpretar estos compases introductorios no parece El choque de civilizaciones, de Samuel Huntington, donde se vaticinaba una era de conflicto permanente entre Occidente y el Islam, sino más bien Orientalismo, de Edward Saïd. En su obra, el ensayista palestino proclamó que Occidente sólo era capaz de mirar el mundo árabe a través de un caleidoscopio de prejuicios y de un profundo complejo de superioridad, por lo que su visión sufría una distorsión que de alguna forma alcanzaba a la visión que los propios árabes tenían de sí mismos. Cada vez que los políticos y los comentaristas auguran un rápido tránsito a "la libertad y la democracia" (las palabras son siempre esas) como hizo George W. Bush en 2003 refiriéndose a Afganistán o como acaba de hacer el británico David Cameron en referencia a Libia, se homenajea a Saïd. Ni Afganistán ni Libia han tenido jamás instituciones sólidas, o un sistema judicial al margen de las tradiciones clásicas, o una clase media, y eso hace improbable que se conviertan en sociedades de tipo occidental en un futuro previsible. Ocurre que las palabras "libertad" y "democracia" funcionan en estos casos como código justificador de las intervenciones bélicas de tipo neocolonial, y encubren tanto el desconocimiento como los intereses poco confesables. El simple hecho de generalizar y de englobar dentro de la primavera árabe a países tan distantes y distintos como Marruecos, Libia, Siria, Egipto o Bahréin, unidos solamente por el idioma y los gobiernos represivos o estrictamente tiránicos, complica las cosas. Y fomenta el prejuicio orientalista. Como cuando se atribuye a las poblaciones árabes un resentimiento antioccidental que, sin embargo, sólo se percibe en la gastada retórica de los déspotas. Los riesgos son muy grandes, tanto para las poblaciones directamente implicadas como para sus vecinos y en general para el mundo. El riesgo principal no consiste en la guerra, sino en la guerra crónica que caracteriza el colapso del Estado o su inexistencia. Y no existe una fórmula que permita predecir qué país va a convertirse en un fracaso, en un espacio sin ley, fértil en bandas armadas y acogedor para el terrorismo. Somalia fracasó, pero Etiopía, a su lado y en condiciones similares, va tirando. Libia, un invento de hace medio siglo cuya población se dedicaba, hasta el hallazgo de petróleo, a vender la chatarra militar abandonada por sus invasores, muestra características similares a las de Somalia e induce al pesimismo. La guerra de Libia es la primera en la primavera árabe y muestra rasgos muy específicos. Por primera vez desde la desastrosa invasión del canal de Suez, en 1956, Francia y Reino Unido se han aliado para una intervención militar en el extranjero sin la tutela de Estados Unidos, escarmentado por las guerras de Afganistán e Irak y deseoso de asumir un papel muy secundario, casi invisible. Sin los bombardeos francobritánicos, apoyados en la estructura de la OTAN, y sin los soldados de élite enviados para ayudar a los rebeldes (aunque oficialmente no se haya hecho uso de tropas de tierra), Muamar Gadafi seguiría retozando en su jaima de Trípoli. Pero ese apoyo militar, reclamado por los jefes rebeldes, contamina el futuro del país. El Foreign Office británico insiste en que la intervención era necesaria por razones humanitarias y, sobre todo, para evitar que la crisis arrojara sobre las costas europeas grandes oleadas de inmigrantes y terroristas. No existe ninguna garantía de que eso se haya evitado. Lo que se procura no nombrar, después de las tropelías cometidas en Irak, es el petróleo. Incluso creyendo que el petróleo ligero libio, uno de los mejores y el más fácil de transportar a Europa por la evidente proximidad, no ha constituido un factor determinante en la actitud de Londres y París, ¿quién no interpretará las futuras concesiones petroleras a compañías británicas y francesas como una forma de pago? En los meses próximos, ¿será posible mantenerse al margen de una evolución política previsiblemente caótica? Libia compendía casi todo lo que puede ir mal en el proceso de cambio árabe. Alguna consecuencia negativa de la guerra en Libia se percibe ya en Oriente Próximo. Grandes cantidades de armas, en parte proporcionadas por países de la Unión Europea en estos últimos meses, han salido del país y se venden en el mercado negro de Oriente Próximo. Egipto e Israel coinciden en que cada vez son más las caravanas de armamento clandestino vendido por grupos rebeldes libios que cruzan el desierto del Sinaí para dirigirse a organizaciones armadas como Yihad Islámica. Esas caravanas no desembocan siempre en Gaza. Aunque no existe confirmación oficial, el nuevo Gobierno de El Cairo admite que al menos tres de los participantes en los recientes ataques terroristas en Israel eran egipcios, no palestinos, y podrían considerarse la expresión de una incipiente nueva generación de guerrilla islamista en los amplios espacios del Sinaí. Lo cual no significa que la primavera árabe conduzca por fuerza a una eclosión del islamismo y a la creación de sistemas religiosos. Ese es uno de los grandes temores europeos, y una de las muchas paradojas de la situación: cuesta concebir una tiranía religiosa más severa que la impuesta por el régimen wahabí en Arabia Saudí, uno de los más antiguos aliados de lo que llamamos Occidente. Y a la vez, cierto, el principal financiador de los movimientos salafistas que preconizan la guerra santa. Resulta complejo analizar lo que está sucediendo en Siria, porque el régimen de Bachar el Asad no permite la estancia de periodistas extranjeros y solo realiza alguna invitación selectiva con fines propagandísticos. Dada la fidelidad que el Ejército sirio ha mantenido hasta ahora hacia El Asad, no ha estallado una guerra como en Libia sino una campaña de protestas civiles que el Gobierno ha reprimido con mucha dureza y ocasionales arrebatos de sadismo. La ausencia de información independiente y fiable ha permitido a ambos bandos, el centralizadísimo régimen dictatorial y la difusa constelación de comités de coordinación que impulsan las protestas, mentir con liberalidad. El Gobierno de Damasco, por ejemplo, insiste en que no hay manifestaciones significativas sino sólo acciones terroristas de bandas armadas. Los comités de coordinación y los activistas que ejercen como portavoces, necesitados de atraer la atención internacional, inventan a su vez bulos como el supuesto cañoneo de ciudades desde buques de guerra. La oposición siria, a diferencia de la oposición libia (cuyos dirigentes eran hasta hace poco miembros de la élite gadafista), no ha pedido la ayuda de la OTAN ni apoyo militar alguno. Alepo, la principal ciudad del país, y Damasco, la capital, se mantienen en relativa calma, lo que concede al régimen un margen vital. Más allá de un goteo informativo compuesto por recuentos de víctimas no del todo fiables (la ONU estima unas 2.500 en total, desde marzo hasta ahora) y relatos no siempre creíbles sobre la brutalidad del régimen, hierve un debate intelectual y político de gran riqueza. La revuelta de Siria carece de líderes, cosa que inquieta en Europa y Estados Unidos porque sería mucho más fácil cambiar a un presidente por otro y propiciar algo parecido a una reforma, y un cambio de programa. Solo aspira a derribar al dictador y comenzar de nuevo. Es decir, se aspira estrictamente a la revolución. La agresión sufrida el jueves en Damasco por el dibujante Ali Ferzat, el caricaturista político más popular y mordaz de Siria, es solo una muestra de que los resquicios tolerados por la censura gubernamental (se puede criticar al poder en general, por ejemplo, aunque no caricaturizar a El Asad), la facilidad con que se puede viajar a una ciudad liberal como Beirut y una cultura antiquísima hacen que la sociedad siria sea mucho más refinada que la libia, y que las ideas cuentan tanto como las armas o más. Conviene recordar, en cualquier caso, que en esta región las paradojas son recurrentes y el fundamentalismo islámico no es siempre monolíticamente retrógrado. En Líbano, un país desgajado de Siria por las potencias coloniales y tan fragmentado como Siria en grupos religiosos, se puede pasear por un barrio controlado por la milicia chií Hezbolá (Partido de Dios) y ver en las vallas publicitarias anuncios de corsetería que tal vez no se tolerarían, por exceso de erotismo o por utilización de la mujer como objeto sexual, en algunas ciudades europeas. Líbano, que en los años ochenta, invadido por Israel y martirizado por una guerra civil a múltiples bandas, no solo se consideraba un país fracasado sino muerto y enterrado, es hoy, con Turquía, ejemplo de que en Oriente Próximo pueden existir sistemas políticos capaces de conceder a sus ciudadanos una cierta libertad y una cierta representación en el poder. Se puede ser muy pesimista respecto a Siria. El régimen creado por Hafez el Asad y seguido por su hijo Bachar muestra rasgos totalitarios, lo cual hace improbable una reforma controlada: si El Asad cae, y parece probable que lo haga a medio plazo por su falta de apoyos externos y su creciente fragilidad económica, habrá que afrontar una revolución, sin la posibilidad de que el Ejército asuma una dictadura teóricamente benevolente como en Egipto a la espera de elecciones y Parlamento constituyente. Las minorías religiosas (los alauíes que componen la élite del régimen, los cristianos, los drusos, los chiíes) pueden sentirse avasalladas por la minoría mayoritaria de los suníes, que hoy se siente a su vez discriminada por los alauíes y tal vez acumule ansias de revancha. El desastre es posible. Sin embargo, la impresión no es esa cuando uno sigue la polémica que se desarrolla en torno a Ali Ahmad Said Esber, más conocido por el seudónimo Adonis, poeta eximio, tótem de la intelectualidad siria y candidato recurrente al Premio Nobel de Literatura. Adonis, que ha residido largo tiempo en Francia y se vincula al posmodernismo, lleva años pregonando la muerte de la cultura árabe y la esterilidad de sus sociedades. El mes pasado, el escritor iraquí Sinan Antoon (profesor en Nueva York) publicó un artículo en el que denunciaba a Adonis como un neo orientalista de los definidos por Edward Saïd, incapaz de percibir la vitalidad de sus conciudadanos y, por su pesimismo frente a las revueltas, cómplice implícito de El Asad. El artículo respondía a una carta de Adonis a la oposición siria en la que recomendaba cooperación con el Gobierno para emprender reformas y preservar la laicidad del Estado. Han aflorado muchas opiniones y se ha llegado pronto a la cuestión crucial del orientalismo y del hipotético complejo de inferioridad de las sociedades árabes. Antoon y quienes se alinean con él se preguntan por qué los árabes deberían estar condenados a la sumisión ante regímenes tiránicos y abrumadoramente corruptos, sin dar con una respuesta válida. Debates como este, llenos de matices, indican que debajo de la dictadura no hay un simple magma de tribus y religiones, sino una sociedad compleja y madura. La primavera árabe comenzó en otoño en un país no árabe, Túnez, y es allí donde permite albergar mayor confianza de éxito inmediato. La crisis económica y la explosión demográfica (las sociedades del norte de África y Oriente Próximo se caracterizan por su gran porcentaje de adolescentes y jóvenes sin perspectivas de futuro) fueron una de las causas de la revuelta y ahora actúan como lastre, pero la audacia de ciertas medidas, como la obligación de mantener la paridad de hombres y mujeres en las listas electorales, revela que el cambio es ambicioso. Egipto, la gran potencia cultural del mundo árabe, aún ofrece numerosas incógnitas, pero la potencia icónica de las concentraciones en la plaza de Tahrir y de la caída del raïs Hosni Mubarak, reducido ahora a la condición de viejo enfermo juzgado por asesinato de masas, fue lo que contagió a otros países la convicción de que los tiranos no eran invencibles y el cambio era posible. De la próxima evolución política en Egipto, muy en especial del resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias (aún sin fecha), dependerá en gran medida el rumbo de la primavera árabe. En Bahréin, la monarquía suní ha aplastado sin miramientos la revuelta de los chiíes y ha apelado al apoyo militar saudí; la crisis permanece interrumpida pero no finalizada. En Yemen, el presidente Alí Abdulá Saleh (32 años en el poder) fue herido y tuvo que refugiarse en Arabia Saudí, pero amenaza con volver; las posibilidades de que el país desemboque en un caos de bandas armadas similar al de Somalia son bastante altas, aunque eso entroncaría con el turbulento pasado reciente del país. ¿Bastarán las tímidas reformas aplicadas por el rey de Marruecos para desligar su país del terremoto revolucionario? ¿Bastarán las promesas del rey de Jordania? ¿Cuánto tardará Argelia en recibir de lleno la onda expansiva de las revoluciones en sus vecinos Túnez y Libia? ¿Podrán mantenerse inmunes las dos grandes potencias de Oriente Próximo, el Irán chií y la Arabia Saudí suní? ¿Caerá el régimen sirio en la tentación de provocar una guerra regional para sostenerse por más tiempo en el poder? ¿Cómo asumirá Irak la tormenta a su alrededor? ¿Qué hará Israel si algún día se disipa su estupefacción? Por el momento, quedan muchas preguntas sin respuesta. Y el fragor revolucionario aumenta día a día

miércoles, 24 de agosto de 2011

Libia: ¿dónde puede estar Gadafi?


Los rebeldes toman su cuartel general y el coronel Gadafi responde que luchará hasta el fin y que su retirada es sólo táctica. Los rebeldes, naturalmente, no le creen, pero tampoco creen que habrá tranquilidad en Libia hasta que el líder y su entorno sean capturados. Pero, ¿dónde puede estar Gadafi?

"Creemos que está en Trípoli o muy cerca de Trípoli" -le dijo a la BBC Guma el-Gamaty, portavoz del Consejo Nacional para la Transición.

"Tarde o temprano, lo encontraremos, ya sea vivo y arrestado - y ése es el final que esperamos - o, si resiste, lo mataremos".

Cualquiera que sea el resultado, por el momento, el paradero exacto de Gadafi y su entorno es totalmente desconocido, y esto podría explicarse en virtud de una serie de túneles que- presuntamente- se extienden por Trípoli, y hacia las afueras de la capital.

El periódico británico The Daily Telegraph afirma que estos túneles fueron construidos a mediados de los '80, como parte de un vasto sistema de irrigación.

Según el mismo periódico, al menos los túneles construidos bajo Trípoli le son conocidos a la OTAN, ya que la mayoría de ellos fueron construidos por compañías occidentales.

El hotel Rixos

Anoche, entre las 8 y las 9, el enviado especial de la BBC a Trípoli, Rupert Twinfield-Haze presenció un nutrido intercambio de disparos entre los rebeldes y fuerzas leales a Gadafi, parapetadas en el bosque de detrás del el ex cuartel general de Bab al-Aziziya.

Mapa de los acontecimientos en Trípoli

Mapa de Trípoli

Haga clic en la imagen para ver con más detalle lo que ocurre en el terreno.

.

Ampliar imagen

Hoy, en la mañana, aviones de la OTAN dejaron caer sus bombas en distintos lugares de la capital libia, donde todavía hay resistencia.

Uno de esos lugares que aún resiste es el área donde se sitúa el Hotel Rixos.

El sector está todavía en manos de los partidarios de Gadafi, los que se encargaron de mantener a un grupo periodistas extranjeros detenidos en el interior. Sin embargo, los comunicadores ya fueron autorizados a abandonar el establecimiento.

El edificio presenta más de una particularidad. Según Rupert Twinfield-Haze, la televisión libia se mudó, hace unos meses, a uno de sus sótanos, que es de donde realizan sus transmisiones.

El periódico The Daily Telegraph, describió, en mayo pasado, una escalera al sótano que conducía, a través de un pasadizo de azulejos blancos, hasta una puerta metálica clausurada, a la que le faltaba la manija.

El periodista del Daily Telegraph había bajado a investigar luego de una extraña conferencia de prensa de Gadafi en el hotel, a la cual nadie lo vio entrar ni salir.

La teoría es que hay un búnker en el edificio capaz de acoger a Gadafi, familiares y guardia personal.

Sirte

Es la ciudad natal de Muamar Gadafi, y se encuentra hacia el este de Tripoli, una de las ciudades favorecidas por la asistencia económica del régimen del ex líder libio, es también uno de sus bastiones.

Los rebeldes llegaron a un acuerdo pacífico con sus habitantes y no penetraron en Sirte en ningún momento de la campaña.

Este podría ser un lugar de refugio obvio de Gadafi y la OTAN informó que se habían disparado misiles Scud contra la ciudad de Mizrata, desde las cercanías de Sirte.

Sabha

A algunos cientos de kilómetros al sur de Trípoli, en pleno desierto, se halla la ciudad de Sabha, la ciudad de los ancestros de Gadafi, como otro posible escondite.

Es una área donde Gadafi confía en tener mucho apoyo. Es una zona clave para la actividad petrolera, con sus oleoductos, pozos petroleros y refinerías, un territorio muy delicado para las perspectivas de un nuevo gobierno.

El posible escondite presenta dos características: primero, dejaría a Gadafi aislado del centro del conflicto y, segundo, la ubicación le permitiría la posibilidad de escapar por la frontera, hacia Chad o Níger.

En concreto

Partidarios de Gadafi en Sirte

Sólo en julio pasado, manifestaciones de partidarios de Gadafi en Sirte, ciudad natal del ex líder libio.

Lo cierto es que Gadafi no ha sido visto en público desde mayo, y una de sus últimas apariciones en la televisión fue a mediados de junio, mientras jugaba ajedrez con el presidente de la Federación Mundial, Kirsan Ilyumzhinov, con quien al parecer habló esta semana por teléfono.

Sudáfrica, país que ha dirigido los esfuerzos de la Unión Africana en busca de una solución a la crisis, tuvo que desmentir, el lunes, que había enviado aviones a Libia para ayudar a escapar al coronel Gadafi.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos, el lunes, dijo creer que Gadafi no había abandonado Libia.

Mientras tanto, en Londres, el corresponsal de seguridad de la BBC, Gordon Corera, dice que el MI6, el servicio de inteligencia británico que opera en el extranjero, movilizará sus contactos y agentes en el terreno para tratar de hallarlo, mientras que el centro de escuchas en el ministerio de Defensa intentará interceptar cualquier comunicación.

Sin embargo, lo único cierto es que, en estos momentos, no se sabe dónde está el coronel Muamar Gadafi.

LAS AMÉRICAS SERÁN LA CAPITAL MUNDIAL DE LA ENERGÍA


Adiós OPEP




AFP/Getty Images
Informe especial de FP: EL FUTURO ESTÁ AQUÍ

Durante medio siglo, el centro de gravedad mundial del suministro de energía ha sido Oriente Medio. Este hecho ha tenido enormes consecuencias para el mundo en el que vivimos y esto está a punto de cambiar.

En la década de 2020, la capital de la energía se habrá desplazado muy probablemente hacia el hemisferio occidental, donde estaba antes del ascenso de megasuministradores de Oriente Medio como Arabia Saudí y Kuwait, en los años 60. Las causas de este cambio son en parte tecnológicas y en parte políticas. Los geólogos saben hace mucho que las Américas albergan grandes cantidades de hidrocarburos atrapados en depósitos offshore (en el subsuelo marítimo) de difícil acceso, rocas de pizarra bituminosa en tierra firme, arenas petrolíferas y formaciones de crudo pesado. EE UU posee petróleo no convencional en cantidades que superan los dos billones de barriles, con otros 2,4 billones en Canadá y más de 2 billones en América del Sur, mientras que las existencias de petróleo convencional de Oriente Medio y Norte de África ascienden a 1,2 billones. El problema ha sido siempre cómo desbloquearlas desde el punto de vista económico.

Sin embargo, desde principios de 2000, la industria energética ha resuelto gran parte de ese problema. Con la ayuda de la perforación horizontal y otras innovaciones, la producción de gas bituminoso de Estados Unidos se ha disparado, en menos de una década, desde prácticamente cero a entre un 15% y un 20% del suministro nacional de gas natural. En 2040, podría representar más de la mitad. Este enorme incremento de volumen ha dado un giro radical a las conversaciones en la industria estadounidense de gas natural; si antes EEUU se las veía y se las deseaba para satisfacer las necesidades de gas natural del país, ahora le preocupa encontrar compradores potenciales para el superávit.

Mientras tanto la producción de petróleo en tierra firme en EE UU, condenada por los analistas a una inexorable decadencia durante dos décadas, está a punto de protagonizar una recuperación inesperada. La producción de petróleo de pizarra bituminosa, un proceso técnicamente complejo que implica extraer hidrocarburos de los depósitos sedimentarios, sólo está comenzando, pero los analistas prevén una producción de hasta 1,5 millones de barriles diarios en los próximos años, contando solo los yacimientos de las Grandes Llanuras y Texas, lo que equivale a un 8% del consumo actual de EE UU. Este avance hace que nos preguntemos qué más podría lograr la industria de energía de Estados Unidos si los precios permanecen altos y la tecnología sigue avanzando. Un aumento de la tasa de recuperación en antiguos pozos, por ejemplo, podría también frenar los declives anteriores. Además de todo esto, los analistas esperan entre 1 y 2 millones de barriles adicionales diarios provenientes del Golfo de México ahora que se está reanudando la perforación. ¿Pico del petróleo? No en un futuro próximo.
Esta reordenación de la geopolítica impulsada por los hidrocarburos ya está ocurriendo. El petropoder de Irán, Rusia y Venezuela ha retrocedido ante las abundantes provisiones de gas natural de Américas.

El panorama en el resto de las Américas es igualmente prometedor. Se cree que Brasil tiene capacidad para extraer 2 millones de barriles diarios a partir de yacimientos de aguas profundas de capas presaladas, depósitos de crudo encontrados a más de una milla bajo la superficie del Océano Atlántico que hasta hace un par de años eran tecnológicamente inaccesibles. Avances similares van a producirse en las arenas bituminosas de Canadá, donde se obtiene petróleo en minas a cielo abierto a partir de arenas alquitranadas y sería posible producir, tal vez, entre 3 millones y 7 millones de barriles diarios adicionales si el crudo pesado o el kerógeno, disponible in situen EEUU pudiera producirse de forma comercial, un proceso que supone calentar la roca para conseguir bombear petróleo en forma líquida. No cabe duda de que estos adelantos tienen que superar obstáculos medioambientales y la industria está empezando a darse cuenta de que debe encontrar la forma de vencerlos, invirtiendo en fluidos de perforación que no sean tóxicos, técnicas menos invasivas de fracturación hidráulica y nuevos procesos de reciclaje del agua, entre otras tecnologías, con la esperanza de reducir el impacto medioambiental de las perforaciones. Además, al igual que la industria petrolera de Estados Unidos, una China sedienta de petróleo ha reconocido también el potencial energético de las Américas, invirtiendo miles de millones en Canadá, EE UU y América Latina.

Mientras, Oriente Medio y África del Norte, sacudidas por las revoluciones, pronto se enfrentará a una verdad incómoda sobre su legado de combustibles fósiles. Los cambios de Gobierno en la región han provocado históricamente bruscos y duraderos descensos en la producción de petróleo. La producción petrolífera de Libia nunca ha recuperado los 3,5 millones de barriles diarios que generaba cuando el Coronel Muammar Al Gadafi derrocó al rey Idris en 1969; al contrario, lleva tres décadas estancada en los 2 millones diarios y ahora se acerca a cero. Irán producía más de 6 millones de barriles diarios en los tiempos del Sha, pero la cifra cayó estrepitosamente por debajo de los 2 millones de barriles diarios a raíz de la Revolución Islámica de 1979. No pudo recuperarse de forma significativa durante la década de 1980 y sólo ha escalado hasta los 4 millones en los últimos años. La producción de Irak también ha sufrido durante sus muchos años de agitación y ahora se sitúa en 2,7 millones de barriles diarios, por debajo de los 3,5 millones que extraía antes de que Sadam Husein llegara al poder.

La primavera árabe va a complicar más aún las cosas: una interrupción al estilo de 1979 en las exportaciones de petróleo de Oriente Medio no puede descartarse fácilmente, ni los paros o huelgas de trabajadores petroleros involucrados en el zeitgeist [espíritu de la época] político de la región. En total, más de 21 millones de barriles diarios de petróleo están en juego: una cuarta parte de la demanda mundial. El auge en las Américas, mientras tanto, debería llevar a reflexionar a los autócratas de Oriente Medio; Tal vez no puedan contar con un constante aumento de los precios del petróleo para calmar a sus inquietas poblaciones.

Esta reordenación de la geopolítica impulsada por los hidrocarburos ya está ocurriendo. El petropoder de Irán, Rusia y Venezuela ha retrocedido ante las abundantes provisiones de gas natural de América: el superávit de recursos en las Américas está obligando a los otros proveedores extranjeros a buscar compradores en Europa y Asia, haciendo más difícil que esos exportadores se afirmen mediante la dureza de una “diplomacia” energética. La industria de la energía de Estados Unidos también podría proporcionar a Europa y China la ayuda técnica necesaria para aprovechar sus recursos no convencionales, aliviando su necesidad de plegarse a Moscú o al Golfo Pérsico. Así que vigile esta área: EE UU puede volver a tomar las riendas el sector energético.