jueves, 15 de septiembre de 2011

El modelo turco, inspiración para la «primavera árabe»


Tres partidos islamistas egipcios han copiado el programa político de Erdogán, mientras los tunecinos admiten su estrecha relación con el gobierno de Turquía


El modelo turco, inspiración para la «primavera árabe»
REUTERS
Con toda seguridad, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogán, recibirá una bienvenida de héroe en la gira por los países de la “primavera árabe” iniciada este lunes. La firme actitud de enfrentamiento con Israel mantenida por el ejecutivo de Erdogán le ha convertido en una figura extremadamente popular en el mundo árabe. Y de entre sus admiradores, destaca un grupo: los islamistas.

Cuando el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogán ganó las elecciones en 2002, la Hermandad Musulmana egipcia hizo poco por ocultar su entusiasmo. Esta euforia, sin embargo, se fue diluyendo poco a poco, cuando quedó claro que las políticas de los islamistas turcos eran más que moderadas. Pero la antigua simpatía ha renacido en los últimos meses.

“La Hermandad Musulmana saluda la decisión de Turquía de expulsar al embajador israelí y de cortar todos los lazos militares con Israel, dada la negativa de este país a disculparse (por el abordaje al Mavi Marmara, en el que murieron nueve civiles turcos)”, declaró la organización el pasado 4 de septiembre. “Este paso demuestra que el gobierno turco electo se pliega a las demandas y deseos de su pueblo.

Las autoridades egipcias deberían tomar medidas similares contra Israel, que ha lanzado una ofensiva en las fronteras de Egipto, matando a policías y soldados”, aseguró. Una demanda que ha vuelto a repetir este domingo, tras el asalto a la embajada israelí en El Cairo.

No obstante, esta renovada admiración por el islamismo turco se debe, ante todo, al cambio de estrategia de los islamistas norteafricanos, que han comprendido que una postura democrática rinde mejores resultados que el radicalismo a la hora de atraer seguidores. Y Turquía aparece como el ejemplo del éxito, donde al AKP acaba de iniciar su tercer mandato con mayoría absoluta.

Admiración por el «modelo turco»

“El llamado “modelo turco” ha adquirido una nueva importancia en las conversaciones en curso entre islamistas y no islamistas en las nuevas sociedades árabes libres, especialmente en aquellos contextos donde el tono predominante de la discusión política ha acentuado la importancia de construir un orden civil, democrático y no sectario”, explica el profesor Hassan Mneimneh, especialista en islamismo del Instituto Hudson.

La admiración por el “modelo turco” es tal que tres de los cuatro partidos islamistas recientemente creados enEgipto han adoptado íntegramente el programa político del AKP. Aunque dos de ellos (Libertad y Justicia y Al Wasat) se limitan a seguir el ejemplo de los turcos, el tercero ha llegado al extremo de copiarles el nombre, Justicia y Desarrollo.

“Seguí el proceso de la llegada al poder del AKP y su éxito me impresionó”, explica su fundador, el exmiembro de la Hermandad Musulmana Jalik Al Zafarani. “Hemos estado luchando con el régimen de Mubarak para formar este partido desde 2005. Nuestra solicitud fue finalmente aceptada tras las protestas del 25 de enero (que derrocaron al presidente Hosni Mubarak)”, relata.

Pero las expectativas de Al Zafarani –encarcelado en cinco ocasiones por el régimen de Mubarak- van más allá: “Los turcos son nuestra esperanza. Nuestros ideales sois vosotros”, asegura en una entrevista con un periodista del diario turco “Today’s Zaman”. “Desde la época otomana, habéis sido los líderes del mundo musulmana, y, con la ayuda de Dios, continuará siendo así”, dice.

La influencia del Nahda

Algo similar cabe decir de los islamistas de Túnez, donde el partido Nahda fue legalizado poco después de la caída de Zine Abidine Ben Alí, y su líder Rashid Ganushi pudo regresar tras veintidós años en el exilio. Aunque la sociedad tunecina es mayoritariamente secular, la influencia del Nahda crece cada día.

“Nuestra relación con el AKP es muy cercana. Mis libros han sido traducidos al turco, y se me considera una referencia en el movimiento islamista turco. Este modelo es el más cercano a nuestro movimiento”, explicaba Ganushi en una entrevista con ABC realizada poco después de su regreso. “Davutoglu, el ministro de Exteriores de Turquía, es amigo mío desde los años noventa”, asegura el anciano político, al tiempo que cuenta cómo el embajador y otros diplomáticos turcos le visitan frecuentemente desde su retorno.

Ganushi es invitado con frecuencia a Turquía, tanto a “explicar sus experiencias” como a reforzar los contactos entre el AKP y el partido Nahda. También lo han sido otros líderes islamistas de África del Norte y Oriente Medio. Las relaciones que se tejen sirven, sin duda, para extender la influencia turca en el abanico político de aquellos países. La gran incógnita, ahora, es si el ejemplo turco servirá para moderar a los radicales, o si la fachada democrática de estos partidos será el gran Caballo de Troya para que los islamistas se hagan con el poder en las resacas que deja la “Primavera Árabe”.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Sarkozy y Cameron se plantan en Libia


Los gobernantes de Francia y Reino Unido improvisan un viaje a Trípoli y Bengasi para restar protagonismo a la visita del primer ministro turco Erdogan.

solo se puede esperar de sarkozy esa actitud tan infantil y tan estupido. Quiere llegar unas horas antes del primer ministro turco, si el tuviera una inteligencia y moral etico no lo haria en esa forma, pero como dije, es una actitud muy infantil y solo eso se espera de Sarkozy, Sarkozy cree que lo van a recibir como el mundo arabe recibio a Erdogan, eso es imposible porque el mundo arabe no se ha olvidado que los britanicos y franceses fueron grandes colonizarones(ladrones e invasores). El mundo arabe y musulmán jamas olvidara de esas invasiones.


Nicolas Sarkozy pisará mañana Trípoli y Bengasi, convirtiéndose en el primer jefe de Estado que visita la nueva Libia tras la caída de Muamar el Gadafi y confirmando así el recorrido y el giro espectacular de su política exterior con respecto a los países del Mediterráneo involucrados en la primavera árabe. Este giro abarca desde los titubeos iniciales -cuando no oposición velada- con respecto a la rebelión contra el presidente tunecino Zine el Abidine Ben Ali, al apoyo explícito en primera línea a los insurgentes libios.


Sarkozy se adelantará previsiblemente y por un cuerpo al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que ha anunciado también para mañana su visita Libia, a la que llegará previsiblemente por la tarde. Y estará acompañado del primer ministro británico, David Cameron, el otro líder occidental que ha comandado la operación militar concebida para desalojar al dictador libio.

Hace casi seis meses, el sábado 19 de marzo, un solemne Sarkozy anunciaba desde el palacio del Elíseo al mundo entero la operación militar diseñada para neutralizar la fuerza militar de Gadafi y defender a la población civil y a las tropas rebeldes acantonadas en Bengasi. "En este momento, aviones de la coalición están atacando posiciones de Gadafi", proclamó entonces.

El jefe del Estado francés se convirtió en el primer mandatario que recibió -también en El Elíseo- a los miembros del Consejo Nacional de Transición libio, el órgano político de la insurgencia. En ese encuentro juzgó un papel determinante de intermediario el filósofo y activista Bernard-Henri Lévy, muy involucrado con las revoluciones árabes -en Túnez, Libia y Egipto, países que había visitado recientemente con la intención de recoger testimonios de primera mano y ver con sus propios ojos el desarrollo de las revueltas-, y que según la prensa francesa acompañará hoy al presidente en su visita.

Con el reconocimiento del Consejo Nacional Libio, Sarkozy dejaba claro que Francia abandonaba los tanteos iniciales respecto de la primavera árabe, retomaba la iniciativa internacional -que no ha vuelto a abandonar- y recobraba una estatura internacional a un año de unas decisivas e inciertas elecciones presidenciales.

Todo comenzó a finales de febrero, cuando sustituyó a la ministra de Asuntos Exteriores, Michèle Alliot-Marie, cuestionada por unas sospechosas vacaciones navideñas en Túnez gozando de privilegios reservados a los amigos del dictador Ben Ali. Un miembro del clan del dictador tunecino puso a disposición de Alliot-Marie, su marido y sus padres un avión privado para que se desplazaran hasta su lugar de vacaciones en la costa tunecina.

Por si fuera poco, semanas después, en la Asamblea Nacional, la ministra aconsejaba a la policía tunecina pedir ayuda e información a la policía francesa para reprimir las revueltas de una manera profesional e incruenta. Así, mientras la revolución de los jóvenes del mundo árabe ganaba adeptos en todo un planeta que miraba hacia allí expectante, Francia languidecía con viejas maneras paternalistas de república neocolonialista aquejada de una miopía diplomática alarmante.

Tras el nombramiento de Alain Juppé, Sarkozy, al que nunca le han gustado nada las medias tintas, decidió pasar de último de la clase a primero de la lista. Reconoció al Consejo Nacional de Transición libio y se convirtió en el líder occidental más decidido a expulsar a Gadafi costara lo que costara. Se embarcó en una guerra imprevisible de la que ahora espera sacar réditos políticos, económicos y electorales.

Los políticos están claros y se comprobarán hoy, cuando él y Cameron den un discurso retrasmitido a todo el mundo en la plaza de la Libertad de la liberada Bengasi.

Los económicos se vislumbraron el pasado 2 de septiembre, cuando -de nuevo- El Elíseo acogió una gran conferencia internacional, con más de 70 delegaciones, concebida para preparar la nueva Libia después de Gadafi. Fue sintomática la intervención de Juppé esa mañana en una radio francesa. Desmintió con una sonrisa la noticia de la existencia de un acuerdo por el que el Consejo Nacional de Transición libio concedía a Francia el 35% de la explotación del petróleo libio. Pero luego añadía: "Claro que a nadie puede extrañar -y es lo justo- que los países que han estado en la primera línea a la hora de defender a los rebeldes no gocen ahora de determinadas ventajas".

Para calibrar los réditos electorales de esta operación internacional habrá que esperar a las elecciones del año que viene. Por lo pronto, Sarkozy sigue arrastrándose en los sondeos, lastrado por una crisis económica que ahoga y cerca cada vez más a Francia y los socialistas, hoy por hoy, aún sin un líder, le superan en las encuestas.

Turquía y el intento de regreso al Imperio otomano


bandera de Turquía

Bajo la dirección del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, y el ministro de relaciones exteriores, Ahmet Davutoglu, Turquía espera convertirse en una nueva potencia mundial

Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro de Turquía, llegó a El Cairo el lunes en la noche convertido casi en celebridad y con la evidente intención de pisar fuerte.

En el comienzo de una gira por Egipto, Túnez y Libia (los tres países del mundo árabe que este año han derrocado a sus gobernantes), Erdogan criticó con vehemencia a Israel por el asalto a la flotilla turca de 2010 y apoyó con igual ímpetu la propuesta de un estado palestino durante una reunión en la Liga Árabe.

En las calles también se sentía la presencia del mandatario. A la salida de una reunión, algunos simpatizantes vitorearon su nombre y en una de las principales calles de El Cairo se erigieron vallas publicitarias con la imagen del político con su mano en el corazón, las banderas de Egipto y Turquía y un eslogan diciente: "de la mano de Erdogan para un futuro mejor".

Más allá del tono populista, esa valla publicitaria resume las aspiraciones de Turquía, un país que está buscando cómo aprovechar la ola de cambio en el mundo árabe para convertirse en el líder regional más importante y en una potencia cuya voz debe ser tenida en cuenta en los foros internacionales.

Esa meta en su política exterior reside en su ubicación geoestratégica clave, en su solidez económica y en su rol como democracia islámica, pero también en sus vínculos históricos y culturales con los territorios que en el pasado hicieron parte del imperio otomano o estuvieron en su zona de influencia.

El espacio imperial otomano

George Friedman, el fundador y director de la compañía de inteligencia política y militar Stratfor, publicó en 2009 un libro en el que hace un pronóstico detallado de lo que ocurrirá en los próximos cien años en el mundo y llegó a una conclusión sorprendente.

Según menciona Friedman en un video sobre su libro, "la historia se repite y hay una razón por la cual hubo un imperio otomano que dominó por siglos el mundo islámico".

"A medida que Europa se retira, a medida que Estados Unidos se retira, el balance natural del mundo islámico se reafirmará, y ese balance natural está en Turquía. (…) Nadie hace una movida en la región sin mirar a los turcos y eso se volverá más evidente y más importante", predice.

Un político local que parece querer aplicar la predicción de Friedman es Ahmet Davutoglu, quien además de ser el ministro de relaciones exteriores de Erdogan es un académico que escribió un libro de 600 páginas considerado el tratado seminal de la actual política exterior de Turquía.

Davutoglu es tan respetado que fue escogido como uno de los diez pensadores globales más importantes del mundo, según la revista Foreign Policy, que explicó que bajo su liderazgo, "Turquía ha asumido un rol internacional que no ha podido ser equiparado desde cuando un sultán se sentó en el palacio de Topkapi".

Davutoglu y Erdogan

Después de escribir un tratado sobre la política exterior turca, Davutoglu (derecha) fue llamado por Erdogan para ser su ministro de relaciones exteriores

La referencia al palacio otomano de Estambul para describir a Davutoglu no es una coincidencia, pues su "doctrina" (como ya la califican algunos analistas) reside en lo que The New York Times calificó como "una Turquía que nace de nuevo y que se expande para llenar el antiguo espacio imperial otomano".

Entre sus enunciados principales hay tres que resultan particularmente relevantes en el contexto mundial actual: su política de "cero problemas con los vecinos", su foco "multi-dimensional" (con el que busca dejar huella en diversos frentes) y la idea de que la "profundidad" histórica y cultural le permitirá tener una vasta zona de influencia.

Esto ha sido puesto en práctica tanto a nivel político como económico, pues Turquía está entre las 20 economías más grandes del mundo, tiene intereses comerciales importantes en la mayor parte del mundo árabe y cuenta con una tasa de crecimiento que en la primera parte de 2011 incluso fue superior a la de China.

A pesar del interés que ha suscitado esta nueva dirección de la política exterior turca, hay quienes prefieren ser cautos al analizar las medidas del ministro de relaciones exteriores.

Sus críticos, por ejemplo, consideran que está haciendo un revisionismo histórico neo-otomano que favorecería la solidaridad musulmana en vez del secularismo del que muchos se precian en Turquía.

Por su parte, algunos analistas miran con recelo que el presente turco sea vinculado al pasado otomano.

Como le explicó a BBC Mundo Stephen Kinzer, autor de Crescent and Star: Turkey Between Two Worlds, "Turquía ha incrementado su poder estratégico tanto como cualquier otro país en el mundo en los últimos diez años".

"Turquía ha asumido un rol internacional que no ha podido ser equiparado desde cuando un sultán se sentó en el palacio de Topkapi"

Revista Foreign Policy

El comentarista político turco Cengiz Candar agrega que, si bien es cierto que Turquía tiene una herencia imperial, vincular la actual política exterior a la zona de influencia otomana es una simplificación.

"Vivimos en un mundo globalizado y la nueva diplomacia turca se extiende mucho más lejos que el imperio otomano", resalta.

Turquía y la primavera árabe

Hasta cuando la primavera árabe se desató, a principios de año, las políticas de Davutoglu se estaban cumpliendo casi a cabalidad y Turquía estaba involucrada en casi todos los temas importantes de la región.

Ankara intentó limar asperezas con Chipre y Armenia, se acercó a Georgia, a Grecia y a Siria, mantuvo relaciones cordiales con Irán y con Israel (especialmente antes de la estrategia israelí en Gaza, a finales de 2008), se involucró en el Kurdistán iraquí y trató de mediar en el conflicto entre Israel y Siria por los Altos del Golán.

Además intentó ampliar su influencia económica en la región: defendió un área de libre comercio en el Medio Oriente al que se unieron Siria, Jordania y Líbano, levantó las restricciones de visa a varios países vecinos y ya hay redes de transporte adicionales entre ellos, como un ferrocarril que recorre los territorios de Turquía, Siria e Irak.

Pero la llegada de una época de revoluciones afectó esta influencia económica (Turquía ha perdido, por ejemplo, inversiones en Libia), reveló las limitaciones de la política de Davutoglu y puso a algunos a cuestionar si son palabras vacías o si pueden de verdad generar un cambio duradero en la región.

simpatizantes Erdogan

Un grupo de egipcios saluda al primer ministro turco con una pancarta que reza "Bienvenido, querido líder de los libres".

En particular, los analistas se refieren a su idea de tener cero problemas con los vecinos. "La primavera árabe la destruyó", afirma Kinzer. "Mostró que en un vecindario tan turbulento, es imposible ser amigo de todos".

Eso quedó claro en tres casos recientes: el incidente de 2010 con Israel sobre la flotilla, el diseño en abril de una hoja de ruta para Libia que incluía que Muamar Gadafi renunciara, y la imposibilidad de controlar la situación en Siria, un país al que se había acercado especialmente.

La actual visita de Erdogan a los tres países árabes es una respuesta a esas situaciones y explica por qué, en vez de su tono diplomático de antes, prefirió esta vez una crítica feroz a Israel que incluyó la palabra "guerra" y una defensa de los territorios palestinos.

Por el otro, quiere aprovechar los cambios en los países árabes y los nuevos equilibrios en la zona para aprovechar su posición geoestratégica y sus vínculos históricos para erigirse como el principal actor regional.

"Turquía descubrió que debía decidir entre apoyar el cambio inevitable en la región o correr el riesgo de ser identificado con los regímenes autocráticos sin futuro. Optó por el primero", resaltó Candar.

Por eso no es coincidencia que su gira haya empezado en Egipto, que hasta antes de la revolución era el poder sobresaliente, y no es coincidencia que las pancartas en la calle hablen de un futuro mejor con Erdogan. Después de todo, esa es la principal apuesta turca.

martes, 13 de septiembre de 2011

El CNT se reafirma como musulmán pero promete un 'islam moderado'


Mustafa Abdul Jalil saluda al gentío en la plaza del los Mártires en Trípoli. | Efe

Mustafa Abdul Jalil saluda al gentío en la plaza del los Mártires en Trípoli. | Efe


El líder del Consejo Nacional de Transición libio, Mustafa Abdul Yalil, prometió en Trípoli ante miles de seguidores la creación de un Estado de derecho alejado de "ideologías extremistas", según informaron hoy varios medios de comunicación.

"Somos musulmanes y pedimos un islam moderado y seguiremos por ese camino", proclamó Yalil en su primer acto antemiles de seguidores, según informó el canal Al Arabiya.

"No permitiremos la entrada de ideologías extremistas de derechas o izquierdas", agregó, según informaciones de CNN.

Además, Yalil llamó a la unidad y contra el odio y la venganza. Las familias de los antiguos líderes "no son responsables de los crímenes" de sus familiares, apuntó.

"Queremos un Estado de derecho, un Estado próspero", dijo Yalil. "No al castigo, no a tomar los asuntos en vuestras propias manos y no a la opresión", pidió.

Amnistía Internacional (AI) publicó hoy un informe en el que acusaba también a los rebeldes de "abusos humanitarios, en algunos casos equivalentes a crímenes de guerra".

Según AI, los rebeldes libios "dispararon, colgaron y mataron por linchamiento" a docenas de militares y supuestos mercenarios gadafistas en el este del país, tras hacerse con el control de esa parte del país.

En ese sentido, el diario croata 'Vecernji List' informó en la noche del lunes del ajusticiamiento de docenas de soldados extranjeros que lucharon del lado de Muamar Gadafi.

Según esas informaciones, doce serbios, nueve croatas, once ucranianos y diez colombianos fueron capturados por los rebeldes tras la derrota del Ejército gadafista en Misrata. Según un testigo citado por el diario en su web, fueron sometidos a un juicio rápido y ajusticiados
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La batalla diplomática para la creación del estado palestino


murales con apoyo a la petición palestina

Un grupo de jóvenes palestinos ha tapizado parte de la barrera israelí de Cisjordania con las banderas de países que apoyan un estado palestino.

El 20 de septiembre de 2011 podría ser una fecha crucial en la larga historia del conflicto árabe-israelí.

Ese día, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, tiene planeado pedir ante Naciones Unidas que los territorios palestinos sean reconocidos como un estado con las fronteras previas a la ocupación israelí de 1967.

La noticia ha desatado una carrera diplomática para aprobar o frenar la causa palestina, además de temores sobre las posibles consecuencias.

Por un lado, Abbas ha recorrido el mundo buscando apoyo y recientemente ha hecho énfasis en los países árabes. Este martes, en el Cairo y con la presencia del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, la Liga Árabe debate cuál será la estrategia para lograr el apoyo necesario en Naciones Unidas.

Actualmente, al menos 122 países (incluyendo casi toda América Latina) reconocen el estado palestino y la ANP espera que esa cifra aumente a 150.

Por el otro, en plena época de revoluciones en el mundo árabe, hay temor de que el plan palestino sumerja a la región en un caos de mayores proporciones, especialmente a raíz del reciente ataque a la embajada israelí en la capital egipcia y las tensiones entre Israel y Turquía.

¿Cómo es el proceso de reconocimiento en Naciones Unidas?

Para que los palestinos puedan convertirse en un estado miembro en pleno derecho, el Consejo de Seguridad debe aprobar y recomendar la medida a la Asamblea General, que vota en pleno.

Como la ANP anticipa un veto de EE.UU. en primera instancia, está pensando enfocarse en la Asamblea General. Aunque no podría convertirse en miembro pleno por esta vía, si consigue dos tercios de los votos (128 países) elevaría su estatus de entidadobservadora a estado observador, casi equivalente a la posición de El Vaticano.

En términos prácticos, eso le permitiría hacer parte de ciertas agencias de las Naciones Unidas, como Unesco, la Organización Mundial de la Salud y Unicef.

Esa preocupación ha llevado a actores como Estados Unidos, la Unión Europea y el Cuarteto de Paz de Medio Oriente (EEUU, la Unión Europea, Rusia y la ONU) a pedir que los palestinos se abstengan de presentar el proyecto ante la ONU y regresen a la mesa de diálogo.

¿Por qué la ANP recurre a la ONU ahora?

En ojos palestinos, una solución bilateral al conflicto con Israel no es viable tras años de diálogos poco efectivos y una desconfianza en aumento tanto hacia el gobierno israelí como hacia la mediación de Estados Unidos.

Por eso, la ANP ahora se enfoca en las Naciones Unidas.

Según contó a BBC Mundo Aaron David Miller, quien ha sido asesor de varios secretarios de estado de Estados Unidos en el conflicto árabe-israelí y trabaja para el Woodrow Wilson Center for Scholars, "la lógica palestina es mover el foco de acción desde la negociación bilateral al foro multilateral, donde tiene mayor apoyo y donde puede adquirir más importancia".

Mahmoud Abbas

Ante el fracaso de los diálogos bilaterales, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, espera lograr el apoyo en la ONU.

La ANP (que es la entidad que controla los territorios palestinos en Cisjordania) cree que ahora es el momento ideal para pedir ese reconocimiento, pues cuenta con reportes positivos de organizaciones internacionales, como el Banco Mundial, que afirmó que las instituciones en esos territorios están "bien posicionadas para el establecimiento de un estado en cualquier momento del futuro cercano".

Un elemento adicional para entender la propuesta palestina, según explicó Amnon Aran, experto en la política exterior de los países del Medio Oriente en la City University de Londres, es la primavera árabe.

"Hay una corriente fuerte que busca enfatizar el rol de la dignidad y la oposición a cualquier tipo de opresión. Es un factor añadido que está ganando intensidad", argumentó.

Pero ese es sólo un lado de la moneda.

A la inestabilidad de la región a causa de la primavera árabe se han sumado recientemente el ataque a la embajada israelí en Cairo y las tensiones entre Turquía e Israel.

No son pocos los que vaticinan que el reconocimiento de un estado palestino podría desencadenar mayor inestabilidad regional.

¿Cómo ha reaccionado Israel?

El primer ministro, Benjamin Netanyahu, califica la petición palestina de una "violación" a los acuerdos firmados entre las dos partes y aboga por un regreso a la mesa de negociación como la única salida viable al conflicto.

Israel, además, rechaza que la ANP se esté enfocando en la aceptación que pueda recibir en las Naciones Unidas y no en los temas bilaterales.

Netanyahu

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se ha reunido con líderes mundiales para contrarrestar la propuesta palestina. En la foto, con Catherine Ashton, representante de política exterior de la UE.

El historiador israelí Benny Morris, autor del libro One State, Two States, explicó en este sentido que "ellos (los palestinos) prefieren saltarse las negociaciones recibiendo el aval internacional sobre su Estado sin tener que reconocer a Israel ni aceptar su existencia".

Para contrarrestar la propuesta palestina, el gobierno de Israel también ha puesto en marcha una intensa agenda diplomática.

Sin embargo, en la Asamblea General, es poco lo que Israel puede hacer para evitar el reconocimiento de su vecino, según su embajador en la ONU, Ron Prosor.

"Lo máximo que podemos esperar conseguir es un grupo de estados que se abstendrán o que estarán ausentes durante la votación", comentó.

¿Qué efectos podría generar el reconocimiento?

Los analistas consultados coinciden en que hay que ser cautos sobre los posibles efectos de la discusión que tendrá lugar en Naciones Unidas.

Amnon Aran asegura que si se reconocen los territorios palestinos como estado, "las implicaciones serían masivas" y se generarían preguntas de “derecho internacional sobre los asentamientos en territorio palestino, sobre la presencia del Ejército israelí y sobre los ciudadanos israelíes en esos territorios”.

La posición de América Latina

En los últimos meses, Brasil, Argentina, Uruguay, Ecuador, Chile y Bolivia reconocieron la existencia de un estado palestino. Hace pocos días se sumaron Honduras y El Salvador. En la región, sólo Colombia, Guatemala, México y Panamá no lo han ratificado.

Mientras la ANP se ha mostrado satisfecha con el apoyo mayoritario de la región, Israel ha expresado su rechazo y calificó el apoyo a los palestinos como una "interferencia altamente dañina" y "una decisión completamente contraria a todo lo que se ha acordado hasta ahora".

"Los votos del llamado Tercer Mundo están reñidos, son algo así como los swing states (estados en disputa) en Estados Unidos", explica Michael Bröning, quien dirige la oficina de la Fundación Friedrich Ebert en Jerusalén del Este.

Sin embargo, Bröning, así como otros expertos consultados por BBC Mundo, son cautos a la hora de definir la importancia de América Latina, que es calificada como "simbólica" o "marginal".

Aaron David Miller añade que "podría poner en movimiento a algunas agencias internacionales, como la Corte Internacional de Justicia, que en un futuro podría escuchar quejas palestinas contra Israel".

Un tercer efecto es lo que podría pasar con las negociaciones bilaterales, que continúan sin solución a la vista, pues ambas partes alegan que sí están dispuestas a sentarse a la mesa de diálogo, a diferencia de sus interlocutores.

Los diálogos han estado estancados desde septiembre de 2010 a raíz de la construcción de nuevos asentamientos israelíes en Cisjordania.

Abbas reconoció que, independientemente de la discusión en Naciones Unidas, volver a la mesa de diálogo es necesario, pues hay temas que sólo pueden ser resueltos de esa manera (como la seguridad, el acceso al agua, los refugiados o cómo compartir Jerusalén).

"Nuestra primera, segunda y tercera prioridad son las negociaciones", indicó. "No hay otra manera de solucionar esto. No importa qué pase en Naciones Unidas, debemos regresar a las negociaciones".

Netanyahu también aboga porque las dos partes vuelvan a negociar e incluso ha hablado de un posible acuerdo de paz interino si se pueden reanudar las conversaciones.

Pero, al mismo tiempo, rechaza que Abbas haya "evitado" volver a tocar el tema directamente y haya optado por buscar el reconocimiento en la diplomacia internacional.

"La paz sólo se puede lograr en la mesa de negociación", dijo en mayo pasado. Y recientemente agregó que la petición palestina podría "retrasar la paz por años".

Asamblea General de la ONU

La Autoridad Nacional Palestina espera lograr el apoyo de la mayoría de países en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Un último efecto que analizan algunos analistas es la posibilidad de que haya un recrudecimiento de la violencia, tanto si pasa la propuesta palestina como si es bloqueada.

Algunos consideran que, en términos prácticos, la vida común y corriente de los palestinos no cambiará para nada si se les reconoce en la ONU y que sería una decisión eminentemente simbólica.

Pero otros, como Benny Morris, argumentan que el reconocimiento "podría generar actividad (violenta) en el terreno, que podría ir en detrimento de cualquier conciliación".

"Eso (la violencia) es algo que ciertamente preocupa tanto a Abbas como a los israelíes", añadió Miller. "Ninguna de las partes lo quiere, pero podría pasar. Ya vimos lo qué ocurrió con la primavera árabe"