domingo, 28 de abril de 2013

LOS 50 INTELECTUALES IBEROAMERICANOS MÁS INFLUYENTES 2012





El peso de la crisis también se deja sentir a la hora de pensar. Por eso parece lógico que en la última lista de los 50 intelectuales iberoamericanos más influyentes que elabora FP en español figuren varios economistas o personas vinculadas a instituciones económicas. Junto a ellos, escritores, periodistas, filósofos, cineastas y hasta algún poeta, aunque no son, precisamente, buenos tiempos para la lírica.
Sabemos que, como todos estos ejercicios, la lista es discutible –de eso se trata– y arbitraria, aunque hemos contado con un buen número de colaboradores que nos han ayudado a confeccionarla. Gracias a todos ellos.
La selección final no ha sido fácil, pero los criterios para elaborarla sí son bien sencillos: que sean personajes vivos y activos, que desempeñen toda o buena parte de su tarea intelectual en español y/o portugués y que tengan influencia en el debate regional (iberoamericano) o internacional. De ahí que, aunque muchos le echen de menos, el siempre admirado Gabriel García Márquez no esté incluido, pues en los últimos años ha desaparecido prácticamente de la esfera pública.
Ahora necesitamos su colaboración. Queremos que sean ustedes, nuestros lectores, los que elijan a los que consideren verdaderamente influyentes. Por eso les pedimos que voten a sus tres favoritos; basta con pinchar en el recuadro debajo de cada nombres. Y que añadan hasta otros tres que, en su opinión, deberían también figurar en nuestra lista pero que ahora no están (en las casillas al final de la tabla). La fecha límite: el 22 de octubre.
Con los resultados de las votaciones publicaremos el listado de los 10 más destacados.
Como siempre, gracias por su participación.

LOS 50 INTELECTUALES IBEROAMERICANOS MÁS INFLUYENTES
HÉCTOR
AGUILAR CAMÍN


México


Periodista, novelista e historiador
CELSO
AMORIM



Brasil


Diplomático
MICHELLE
BACHELET



Chile


Política
DANIEL
BARENBOIM



Argentina/Israel/
España/Palestina

Director de orquesta y pianista
ALICIA
BÁRCENA



México


Política
JAIME
BAYLY



Perú/EE UU


Escritor y periodista
LEONARDO
BOFF



Brasil


Teólogo y filósofo
FERNANDO HENRIQUE
CARDOSO


Brasil


Político y sociólogo
MANUEL
CASTELLS



España


Sociólogo
JORGE
CASTAÑEDA



México


Político y escritor
PIEDAD
CÓRDOBA



Colombia


Política<
ARIEL
DORFMAN



Chile


Escritor
JORGE
EDWARDS



Chile


Escritor
EDUARDO
GALEANO



Uruguay


Escritor y periodista
NÉSTOR
GARCÍA CANCLINI


Argentina


Antropólogo
LUIS
GARICANO



España


Economista
JOSÉ
GIL



Portugal


Filósofo
JAVIER
GOMÁ



España


Filósofo
FELIPE
GONZÁLEZ



España


Político
SERGIO
GONZÁLEZ RODRÍGUEZ


México


Escritor y periodista
REBECA
GRYNSPAN



Costa Rica


Economista
MARTÍN
HOPENHAYN



Chile


Filósofo
ENRIQUE
IGLESIAS



Uruguay


Economista
ENRIQUE
KRAUZE



México


Ensayista e historiador
RICARDO
LAGOS



Chile


Político
JAVIER
MARÍAS



España


Escritor


CARLOS ALBERTO
MONTANER


Cuba


Escritor y periodista
QUIM
MONZÓ



España


Escritor y periodista
LUIS
MORENO OCAMPO


Argentina


Abogado
MOISÉS
NAÍM



Venezuela


Economista y columnista
ANDRÉS
OPPENHEIMER



Argentina/USA


Periodista
WILLIAM
OSPINA



Colombia


Poeta y ensayista
SAMUEL
PINHEIRO GUIMARÃES


Brasil


Escritor y político

EDUARDO
PUNSET



España


Divulgador científico
SERGIO
RAMÍREZ



Nicaragua


Escritor y político
IGNACIO
RAMONET



España


Periodista y escritor
FEDERICO
REYES HEROLES


México


Escritor y columnista
XAVIER
SALA I MARTÍN


España


Economista
YOANI
SÁNCHEZ CORDERO


Cuba


Activista y bloguera
JULIO MARÍA
SANGUINETTI



Uruguay


Político y escritor
JAVIER
SANTISO



España


Economista
FERNANDO
SAVATER



España


Filósofo
JUAN GABRIEL
TOKATLIÁN


Argentina


Politólogo
FERNANDO
VALLEJO



Colombia/México


Escritor y cineasta
ÁLVARO
VARGAS LLOSA


Perú


Escritor y periodista
MARIO
VARGAS LLOSA


Perú


Escritor
ENRIQUE
VILA-MATAS



España


Escritor
JORGE
VOLPI



México


Escritor
GABRIEL
ZAID



México


Poeta y ensayista
RAÚL
ZIBECHI



Uruguay


Activista y periodista

ISRAEL SE RODEA DE VALLAS




El país delimita sus fronteras geográficas. ¿Se aislará, aún más, en la región con esta postura defensiva?

israel egipto
MAHMUD KHALED/AFP/Getty Images
Un soldado egipcio hace guardia en la frontera con Israel.

Durante décadas la estabilidad de las fronteras geográficas ha constituido el parámetro esencial en las relaciones entre los Estados de Oriente Medio. Pero al igual que ocurre en otros ámbitos, las revueltas de los países árabes han puesto en cuestión este paradigma geopolítico. Como consecuencia del debilitamiento del poder central y de los instrumentos tradicionales de seguridad de los Estados, han aparecido retos inéditos a los que la disuasión militar convencional no proporciona una respuesta adecuada.
En este sentido, la llamada primavera árabe está teniendo una especial incidencia sobre las, hasta el momento, tranquilas fronteras israelíes. En una situación inédita desde la Guerra de Yom Kippur, todos y cada uno de los límites de separación de Israel con sus vecinos –Líbano, Siria, Jordania, Egipto y también Palestina– viven una situación de creciente inestabilidad. Como respuesta, la estrategia defensiva del país hebreo está dirigida a minimizar la amenaza mediante la construcción de barreras inteligentes a lo largo de todas sus fronteras exteriores.
En el norte, los 80 kilómetros de la divisoria con el Líbano se encuentran fortificados con alambradas y sensores electrónicos. La valla original, construida en 1970, ha sido mejorada repetidamente como consecuencia de las décadas de violencia en la zona. En 2006, milicianos de Hezbolá se infiltraron en Israel y secuestraron a dos de sus soldados, lo que provocó la incursión en suelo libanés de las Fuerzas de Defensa israelíes. Desde entonces, y ante la atenta mirada de los observadores de Naciones Unidas, la situación ha permanecido relativamente tranquila. El pasado año, Israel reforzó la sección de la valla que separa la ciudad israelí de Metulla y la libanesa de Kila, con objeto de mejorar la protección contra los francotiradores. Sin embargo, el riesgo de una extensión de la violencia desde la vecina Siria constituye un importante elemento de inquietud.
Al noreste, la situación es más peligrosa. El pasado 6 de marzo, opositores al régimen sirio secuestraron a 21 militares filipinos pertenecientes a la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS), encargada de vigilar, desde 1974, la zona desmilitarizada que separa a Israel de Siria en los Altos del Golán. Aunque días después los cascos azules fueron liberados, el secuestro ha puesto de manifiesto la degradación de la seguridad de la frontera entre los dos países. El Golán se había mantenido ajeno a los avatares de la guerra siria desde que, en marzo de 2011, los soldados israelíes abriesen fuego contra manifestantes palestinos que intentaban cruzar la frontera. Sin embargo, al igual que en otros lugares, el régimen de Assad está retirando sus fuerzas de la zona con el fin de reforzar sus posiciones en las principales ciudades que todavía controla. Esta situación ha sido aprovechada por grupos rebeldes ligados a Al Qaeda, que han ocupado varias localidades cercanas a la zona divisoria. Semanas atrás, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mostro públicamente su preocupación por que la violencia que atenaza Siria se extienda a su país. La más que posible desintegración del país árabe constituye una amenaza de primera magnitud para el Estado judío, sobre todo si los arsenales de armas químicas y biológicas sirios caen en manos inapropiadas. Por consiguiente, Netanyahu indicó que Israel necesitaba una barrera en su frontera con Siria, similar a la ya existente a lo largo de la frontera con Egipto, con la que defenderse de la infiltración de grupos armados. Pero, mientras que el límite fronterizo en el Sinaí está reconocido internacionalmente, no ocurre lo mismo con la frontera en el Golán, que constituye un legado del armisticio con el finalizó la Guerra de los Seis Días, cuando Israel capturó los Altos y luego se los anexó de forma unilateral; decisión que la comunidad internacional no ha reconocido todavía. La nueva barrera podría ser entendida como el intento israelí de apropiación definitiva del territorio en disputa.
Sin duda, la más conocida de todas las barreras defensivas construidas por Israel es la que separa ese país de la Cisjordania palestina. Para los israelíes, los 748 kilómetros de valla –muro para los palestinos– constituyen una medida defensiva efectiva contra los ataques de grupos armados procedentes de los territorios palestinos. No obstante, el hecho de que la valla/muro transcurra por territorios ocupados constituye un tema de controversia, ya que se observa como un simple intento de anexión territorial, además de constituir una violación de los derechos humanos.
También, el deterioro de la seguridad en la frontera egipcio-israelí es otra muestra inequívoca de los cambios en la región. Desde la caída de Mubarak, la Península del Sinaí vive un peligroso vacío de autoridad. La falta de vigilancia en la zona permitió que en el verano de 2011 un grupo yihadista se infiltrara en Israel y atacase dos autobuses militares y varios vehículos civiles en las proximidades de la ciudad de Eilat, que se saldó con seis israelíes y ocho asaltantes muertos. Desde entonces, son continuos los ataques contra el Ejército y la policía egipcios por parte de grupos criminales o terroristas. Pese al incremento de la presencia de fuerzas de seguridad en la zona, los gasoductos hacia Israel y Jordania han sufrido repetidos ataques. Esta ausencia de control gubernamental favorece, igualmente, el flujo de inmigrantes ilegales africanos con destino a Israel. El Gobierno judío considera que esta presión migratoria–se calcula en unas 3.000 personas al mes– constituye una amenaza estratégica para el país.
Con objeto de protegerse de ambos desafíos, Israel ha levantado un muro de 230 kilómetros de longitud y cinco metros de alto en su frontera con el Sinaí, que ha tenido un coste aproximado de 300 millones de euros. Esta barrera, finalizada a primeros del presente año 2013, transcurre desde Eilat hasta la Franja de Gaza. Además de la cerca metálica, las medidas de seguridad a lo largo de la frontera incluyen trincheras antipersonal, zonas de arena fina para detectar huellas, torres de vigilancia, sofisticados equipos de reconocimiento electrónico, unidades de respuesta rápida y un novedoso sistema de alerta temprana.
La Franja bajo control del grupo islamista Hamás desde 2007, también está rodeada, tanto por el lado israelí como por el egipcio, por un muro defensivo de 50 kilómetros de longitud. Según el punto de vista israelí, esta defensa se ha mostrado eficaz a la hora de evitar la infiltración de guerrilleros palestinos desde Gaza y se han evitado numerosos ataques. Aunque, no ha podido evitar el continuo disparo de cohetes por las facciones palestinas contra suelo israelí.
Así las cosas, el único límite geográfico de Israel que continúa abierto, en cierto modo, es el que comparte con Jordania, y que recorre el desierto de Arava desde el Mar Muerto hasta Eilat. Sin embargo, ya hace unos meses, el Gobierno israelí confirmó su intención de levantar una barrera similar a la del Sinaí en esta zona. El temor es que una vez que la frontera con Egipto esté segura, los contrabandistas y yihadistas utilicen la ruta jordana para sus actividades –de la Franja de Gaza al sur del Sinaí, de allí a Jordania por el Golfo de Aqaba y de Jordania a Israel–. Se espera que la construcción de esta nueva valla comience durante el año 2013.
A la vista de todo lo anterior, el Gobierno israelí está decidido a ejercer su legítimo derecho de autodefensa rodeándose de vallas y muros de protección. Sin embargo, esta postura defensiva ha sido criticada, pues ahora, más que nunca, se producirá su aislamiento de la región geográfica a la que pertenece. No obstante, dada la inestabilidad creciente en el mundo árabe, un cierto repliegue estratégico de Israel sobre sí mismo, aunque sin perder de vista lo que acontece alrededor, puede ser incluso beneficioso para Oriente Medio en su conjunto.

Cómo se va a extinguir la humanidad




Escultura Crazy Horse, Dakota del Sur, EE.UU.
¿Cuáles son las más grandes amenazas globales para la humanidad? ¿Estamos al borde de nuestra propia inesperada extinción?
Un equipo internacional de científicos, matemáticos y filósofos que trabajan en el Instituto del Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford está investigando cuál es el mayor peligro para la supervivencia del Hombre como especie.
En el documento "Riesgo existencial como prioridad global" argumenta que los dirigentes internacionales tienen que prestarle mucha atención a una serie de amenazas.
El director del instituto, el filósofo sueco Nick Bostrom, advierte que lo que está en juego no puede ser más importante: si nos equivocamos, éste puede ser el último siglo de la humanidad.

Las buenas noticias

¿Cuáles son los mayores peligros?
dodo
Se estima que el 99% de las especies que han existido se han extinguido, como el dodo.
Empecemos por lo alentador.
Las pandemias y los desastres naturales pueden causar colosales y catastróficas pérdidas de vida, pero Bostrom cree que no acabarían con la humanidad.
La especie humana ya sobrevivió muchos miles de años a enfermedades, hambrunas, inundaciones, depredadores, persecuciones, terremotos y cambios climáticos. Así que la probabilidad está a nuestro favor.
Por otro lado, en el marco temporal de un siglo, califica el riesgo de extinción por el impacto de un asteroide o una súper explosión volcánica como "extremadamente bajo".
Respecto a conflictos bélicos, incluso las pérdidas de vida sin precedentes autoinflingidas del siglo XX, con dos guerras mundiales, no lograron frenar el aumento de la población global.
Una guerra nuclear podría ocasionar una horrible destrucción, pero el equipo de expertos calcula que suficientes individuos podrían sobrevivir como para permitir que la especie subsista.

¡Uff!

Si ese es el consuelo para hacernos sentir bien... ¿de qué nos tenemos que preocupar entonces?
"Éste es el primer siglo en la historia del mundo en el que el más grande riesgo viene de la humanidad"
Lord Rees, astrónomo real británico
Bostrom señala que hemos entrado en una nueva clase de era tecnológica con el potencial de desafiar nuestro futuro como nunca antes. Son "amenazas sobre las que no tenemos historial de supervivencia".
Comparándolo con un arma peligrosa en manos de un niño, le dijo a la BBC que el avance en la tecnología ha rebasado nuestra capacidad de controlar las posibles consecuencias.
Experimentos en áreas como biología sintética, nanotecnología e inteligencia artificial se están precipitando hacia el territorio de lo accidental e imprevisto.

Una por una

La biología sintética, en la que la biología se encuentra con la ingeniería, promete importantes beneficios médicos. No obstante, a Bostrom le inquietan las secuelas inesperadas de la manipulación de las fronteras de la biología humana.
biología molecular
La creación de nuevos organismos puede tener efectos secundarios ecológicos desconocidos.
Seán O'Heigeartaigh, un genetista del instituto y experto en evolución molecular, desconfía de las buenas intenciones mal informadas, pues en los experimentos se hacen modificaciones genéticas, desmantelando y reconstruyendo las estructuras genéticas.
"Lo más probable es que no se propongan hacer algo dañino", apunta, pero subraya que siempre existe el peligro de que se dispare una secuencia de eventos no anticipada o de que algo se torne nocivo cuando se transfiera a otro ambiente.
"Estamos desarrollando cosas que pueden resultar profundamente mal", declara O'Heigeartaigh en entrevista con la BBC.
La nanotecnología, trabajar a nivel molecular o atómico, también podría tornarse en algo altamente destructivo si se usa para la guerra, apunta Bostrom. Por ello, escribió que los gobiernos futuros enfrentarán el gran reto de controlar y restringir su mal uso.

El poder de lo pequeño

La manera en la que la inteligencia artificial interactuará con el mundo exterior es otro de los temores del ecléctico grupo de expertos reunidos en Oxford. Esa "inteligencia" informática puede ser una herramienta poderosa para la industria, medicina, agricultura o el manejo de la economía.
Apretón de manos con robot
Se teme una explosión descontrolada de inteligencia artificial.
Pero también es completamente indiferente a cualquier perjuicio fortuito.
Daniel Dewey, quien se enfoca en superinteligencia artificial, habla de una "explosión de inteligencia" en la que el poder acelerado de las computadoras se vuelve menos predecible y controlable.
"La inteligencia artificial es una de las tecnologías que pone más y más poder en paquetes más y más pequeños", le dice a la BBC Dewey, quien antes trabajó en Google.
Así como con la biotecnología y la nanotecnología, "se pueden hacer cosas que resultan en reacciones en cadena, y con muy pocos recursos se pueden emprender proyectos que pueden afectar a todo el mundo".

Lo que no sabemos

Estos no son conceptos abstractos, asegura O'Heigeartaigh.
"Con cualquier nueva poderosa tecnología -opina O'Heigeartaigh-, debemos pensar detenidamente en qué sabemos, pero quizás es más importante en este momento estar conscientes de lo que no estamos seguros de saber".
"Éste es el primer siglo en la historia del mundo en el que el más grande riesgo viene de la humanidad", señala el astrofísico y actual astrónomo real británico Martin Rees.
"Con cualquier nueva tecnología hay ventajas pero también riesgos", observa. "Es una cuestión de escala: vivimos en un mundo más interconectado: más noticias y rumores se difunden a la velocidad de la luz. Por ello, las consecuencias de un error o terror son más desmedidas que en el pasado".
Lamenta que mientras que sí nos preocupamos por riesgos individuales más inmediatos, como los vuelos aéreos o seguridad alimentaria, tenemos más dificultad en reconocer peligros más serios.

¿Debemos angustiarnos por un apocalipsis inminente?

"Hay un cuello de botella en la historia de la humanidad. La condición humana va a cambiar"
Nick Bostrom
Ésta no es una ficción distópica: la brecha entre la velocidad del avance tecnológico y nuestro conocimiento de sus implicaciones es real, recalca Bostrom.
"Estamos al nivel de los niños en términos de responsabilidad moral, pero con la capacidad tecnológica de adultos".
No obstante, la trascendencia del riesgo existencial "no ha entrado en el radar de la gente".
Listos o no, advierte, el cambio está próximo.
"Hay un cuello de botella en la historia de la humanidad. La condición humana va a cambiar. Puede ser que termine en una catástrofe o que nos transformemos tomando más control de nuestra biología", sostiene el filósofo.
"No se trata de ciencia ficción, ni de una doctrina religiosa o una conversación en un bar: no hay ninguna razón moral admisible para no tomarlo en serio".

EL ESTADO EN EL DORMITORIO



10 de mayo de 2012

La nueva política del sexo, en Irán, India, Rusia y otros siete países.

Los inesperados beneficiarios del aborto selectivo por razón de sexo
    


  
IBYANGSHU SARKAR/AFP/Getty Images
La práctica creciente del aborto selectivo por razón de sexo en varios países asiáticos –resultado del encuentro entre las técnicas médicas modernas y los antiguos prejuicios de sexo– es uno de los pocos temas que consigue escandalizar por igual las conciencias de los conservadores religiosos y las feministas en Occidente. Sus resultados son terribles: según el censo de 2011 en India, solo había 914 niñas menores de seis años por cada 1.000 niños; en China, en 2010, había 118 varones por cada 100 mujeres.
Aunque la atención se ha centrado sobre todo en los millones de “mujeres desaparecidas”, según las llamó el Nobel Amartya Sen, las consecuencias del aborto selectivo por razón de sexo, especialmente en las niñas que nacen, no son tan simples. Un estudio realizado en 2011 por economistas del Banco de la Reserva Federal en Chicago y la Universidad de Tel Aviv descubrió que en las zonas de India en la que más predominaba la selección prenatal del sexo había menores índices de malnutrición entre las niñas, en particular en las áreas rurales.
El motivo es que, cuando no se lleva a cabo selección prenatal, las familias suelen tener hijos sin parar hasta que nace un varón. La tecnología de ultrasonidos y el aborto hace que las familias tengan menos niñas, pero las que nacen están mejor alimentadas.
No es probable que este hallazgo convenza a nadie de las virtudes del aborto selectivo. Pero, en desarrollo internacional, es casi una obviedad que existe una relación entre el menor tamaño de las familias y el mayor poder para las mujeres. Ahora, los datos del censo indican también que las indias están más alfabetizadas, tienen mejor asistencia sanitaria y participan más en el lugar de trabajo, todo lo cual, con suerte, reducirá aún más los índices de natalidad por razones menos vinculadas a desagradables prejuicios.

La solución del cambio de sexo en Irán
En 2007, el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, proclamó en un famoso discurso en la Universidad de Columbia: “En Irán no tenemos homosexuales como en vuestro país". Por supuesto que no es verdad, pese a que el Gobierno iraní hace todo lo posible para que así sea empleando duros castigos –la homosexualidd es un delito que puede llegar a suponer la pena de muerte– y con su sorprendente política de tolerancia de lo que se denomina cirugía de “reasignación de sexo”.
Las operaciones de cambio de sexo son legales en Irán desde hace más de dos décadas, desde que el ayatolá Ruholla Jomeini dictó una fatua que las autorizaba para los “transexuales diagnosticados”. En 2008, Irán era el segundo país del mundo por número de operaciones de cambio de sexo, después de Tailandia. Muchos de los que se someten al procedimiento son jóvenes gays que temen la cárcel o la muerte si persisten en buscar relaciones con personas de su mismo sexo. 
En relación con la homosexualidad, “el islam tiene una cura para las personas que padecen este problema”, declaró a la BBC Hojatol Islam Muhammad Mehdi Kariminia, el clérigo responsable de la reasignación de sexo, que añadió que, si bien los homosexuales hacen una cosa antinatural y que infringe los principios del islam, el cambio de sexo no es más pecaminoso que “transformar el trigo en harina y luego en pan”.

Pagar por sexo (más seguro)
¿Cuál es la mejor forma de detener la propagación del VIH? Dos estudios recientes llevados a cabo en Malaui –que posee una de las tasas más altas del mundo de VIH, un 11% entre la población adulta–sugieren que el dinero vale más que mil palabras.
En un estudio, a los participantes se les dio una pequeña suma de dinero a cambio de que averiguaran si eran seropositivos o no. Los que recibieron el dinero mostraron el doble de posibilidades de hacerse la prueba que los que no. Esto supone una diferencia significativa, porque las personas seropositivas y sexualmente activas que conocen su condición tienen tres veces más probabilidades de comprar condones y, por consiguiente, no seguir propagando la enfermedad.
En otro estudio, se escogió a mujeres jóvenes al azar para que recibieran unos pagos mensuales de entre 1 y 5 dólares. Las que recibían el dinero tenían la mitad de probabilidades de contraer VIH que las que no. La razón era sencilla: las jóvenes que recibían dinero tenían muchas más probabilidades de ir al colegio y evitar mantener relaciones sexuales con parejas de más edad. Los resultados indican que esta estrategia puede ser todavía más eficaz que la financiación de programas de educación sexual.
Pagar a la gente para que mantenga un comportamiento más responsable puede parecer una política pública sospechosa. Pero piénsese en el devastador precio que se ha cobrado el sida, en especial en el África subsahariana. Resulta que el sexo sin protección es un problema que se puede resolver con dinero.

Cariño, vas demasiado rápido
 
FAYEZ NURELDINE/AFP/Getty Images 
Cualquiera que haya visto una película de James Dean o haya oído una canción de Prince sabe que el amor juvenil y los automóviles están hechos el uno para los otros. Ahora bien, en un informe dirigido a la asamblea legislativa de Arabia Saudí en 2011, las cosas iban demasiado lejos, al afirmar que permitir que las mujeres condujeran construiría “el fin de la virginidad”. El informe científico del estudioso Kamal Subhi alegaba que si las mujeres conducían se produciría “un aumento de la prostitución, la pornografía, la homosexualidad y los divorcios”. Al final, advertía, habría una grave escasez de vírgenes en el reino. Subhi aseguraba que otros países islámicos que han permitido conducir a las mujeres (es decir, todos los demás países islámicos) han sufrido un enorme incremento de la inmoralidad.
El informe es bastante disparatado, pero, a diferencia de otros argumentos contra la conducción que se escuchan en Arabia Saudí –como que “conducir es una molestia” para las mujeres, que prefieren tener chófer–, por lo menos revela los verdaderos temores de las autoridades religiosas del país.

¿Puede crear Rusia un ‘baby boom’?
    

 

   AFP/Getty Images
En opinión del presidente Vladímir Putin, la mayor amenaza que se cierne hoy sobre Rusia no es un enfrentamiento nuclear, ni una invasión progresiva de la OTAN, ni una posible burbuja energética. El problema más acuciante de Rusia, dijo en un discurso sobre el estado de la nación en 2006, es una crisis demográfica. En pocas palabras, Rusia está quedándose sin rusos.
Debido a las bajas tasas de natalidad, los elevados índices de abortos y la corta esperanza de vida de los varones, la población de Rusia ha descendido de alrededor de 149 millones justo después de la desintegración de la Unión Soviética a 138 millones en la actualidad. La División de Población de la ONU calcula que, para 2025, podría ser de solo 127 millones.
En un intento de invertir esta tendencia, el Gobierno ruso ha puesto más énfasis en varios programas, entre ellos una oferta de recompensas monetarias de más de 9.000 dólares (unos 7.000 euros) a las mujeres que tienen un segundo hijo. Durante su reciente campaña, Putin prometió gastar 53.000 millones de dólares en la labor de fomentar la fertilidad.
En ese mismo espíritu, la provincia de Ulyanovsk puso en marcha hace tiempo un concurso anual llamado “Da a luz a un patriota el Día de Rusia”, que ofrece premios como frigoríficos, televisores, lavadoras y coches a las mujeres que den a luz coincidiendo con la fiesta nacional rusa. El gobernador designó el 12 de septiembre –nueve meses antes—como fiesta especial de “comunicación familiar” y animó a las empresas a dar el día libre a sus empleados. En el Día de Rusia de 2008, las maternidades de la zona se vieron inundadas de madres de parto dispuestas a obtener los premios.

El ascenso de los ‘herbívoros’
En los últimos años, los medios de comunicación nipones y extranjeros han dado muestras de gran nerviosismo a propósito de los herbívoros de Japón, hombres jóvenes mucho menos interesados por el sexo, la ambición profesional y las riquezas materiales que sus predecesores. La comunista de temas de cultura popular Maki Fukasawa acuñó el término en 2006 para designar una tendencia entre los jóvenes a vestirse como metrosexuales occidentales y dejar de lado las actividades tradicionalmente masculinas para dedicarse a aficiones pintorescas, un motivo de fascinación en un país en el que el hombre asalariado y bebedor es un arquetipo cultural muy establecido. Según un sondeo de 2009, casi la mitad de los hombres japoneses entre 20 y 34 años se identificaban comoherbívoros.
Fukasawa opina que el ascenso de los herbívoros beneficiará a la sociedad japonesa, y no hay duda de que su estilo de vida parece ser a su vez consecuencia de fenómenos positivos: la incorporación de más mujeres al mercado de trabajo, el cambio de las actitudes sobre los sexos y una menor tolerancia respecto al alcoholismo.
Lo malo es que una generación de jóvenes a los que no interesa adquirir posesiones materiales ni mantener relaciones sexuales no es precisamente una buena noticia para un país con una economía deprimida y uno de los índices de natalidad más bajos del mundo. Se prevé que la población de Japón pasará de 127 millones a 95 millones de aquí a 2050. Dado que tiene uno de los mayores porcentajes de población anciana del mundo, la situación demográfica es una bomba de relojería, y de ahí el pánico en los titulares sobre jóvenes sensibles que llevan vaqueros pitillo.

Papá gobierno, encuéntrame un novio
Bajo la mirada vigilante de su líder Lee Kuan Yew, el Gobierno capitalista autoritario de Singapur ha conseguido, desde hace varios decenios, convertir la ingeniería social en una ciencia, a base de regular todo, desde la vivienda hasta la suciedad en la calle. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, los tecnócratas de la ciudad-Estado no han tenido tanto éxito a la hora de descifrar las claves del amor.
En 1983, Lee declaró que había un número demasiado escaso de bodas y de hijos entre las mujeres de su país que eran mejores partidos, las que tenían carreras y títulos universitarios. Como consecuencia, al año siguiente decidió crear la Red de Desarrollo Social del Gobierno, una agencia dedicada a ayudar a los ciudadanos a encontrar su alma gemela.
La página web de la agencia ofrece a los jóvenes solteros consejos sobre todo tipo de cosas, desde la higiene hasta la etiqueta en las citas (“¡Chicos, las mujeres se dan cuenta de todo!”, advierte). A través de su Consejo Asesor Central sobre el Matrimonio, la agencia celebra actos en los que prepara a los jóvenes adultos en el arte de cortejar, con unos talleres anuales llamados “El amor verdadero funciona” que promueven el matrimonio. Otros eventos son bailes, catas de vino, cursos de cocina, cruceros y proyecciones de películas románticas.
¿Consigue algún resultado? Está claro que no; las cifras de bodas y nacimientos en Singapur han disminuido desde que se instauró el programa, y su índice de natalidad es hoy el segundo más bajo del mundo. Ni la más competente de las dictaduras benévolas puede forzar el amor.

La bandera arcoíris significa un gran negocio
    
    AFP/Getty Images
Con su tradición de catolicismo ferviente y la cultura del machismo, Latinoamérica puede parecer una meca improbable para el turismo gay. Sin embargo, en los últimos años, los grandes destinos de la región han emprendido una verdadera carrera para obtener un pedazo de ese lucrativo mercado.
En 2007, Buenos Aires abrió el primer hotel de lujo dedicado a los gays de Latinoamérica. En 2010, Argentina legalizó el matrimonio homosexual, pero la primera pareja casada en virtud de la nueva ley pasó su luna de miel en un viaje con todo pagado en México D. F., gracias a los esfuerzos del Gobierno mexicano para promocionar su capital como primer destino para los gays en Latinoamérica.
Sin embargo, México todavía tiene mucho camino que recorrer si quiere alcanzar a la despreocupada Río de Janeiro. En 2010, el 25% de los turistas llegados a Río –alrededor de 880.000 personas– eran gays, según el diario The Guardian. Carlos Tufvesson, un diseñador de ropa que dirige la secretaría especial de la diversidad de la ciudad, quitó importancia a los esfuerzos de otros lugares y declaró al periódico: “¿Necesitamos tener restaurantes gays? ¿Comida gay? ¿Camareros gays? Aquí en Río, mi amor, puedes besarte en cualquier sitio”.

La policía política del porno
La pornografía existe desde hace siglos y no parece que vaya a desaparecer a corto plazo. Pero las autoridades chinas no dejan de intentar que así sea. Y no cabe duda de que la demanda de pornografía por Internet entre la población china mantiene ocupados a los censores del Gobierno.
Solo en 2010, China cerró más de 60.000 páginas web con pornografía y detuvo a casi 5.000 personas dentro de una enérgica actuación contra la obscenidad en la Red. Existen numerosos organismos dedicados a abordar el problema y cuyas competencias se solapan: entre ellos el Centro chino de referencia sobre informaciones ilegales en internet, el Centro de referencia sobre informaciones dañinas y obscenas y el Centro de referencia de la Oficina Nacional contra publicaciones pornográficas e ilegales; entre todos ellos, el Gobierno recibió más de 1,26 millones de pistas sobre materiales porno entre diciembre de 2009 y diciembre de 2011, y recompensó a más de 2.000 informadores con un total de casi 1,5 millones de dólares. Pero en el verano de 2010 se desbloquearon de pronto decenas de miles de páginas pornográficas, una medida que algunos sospecharon que pretendía distraer la atención del aniversario de la represión en la plaza de Tiananmén. El sistema de filtros “Presa Verde” que llevan todos los ordenadores personales vendidos en China se presentó en un principio como una herramienta contra la pornografía, pero con frecuencia censura también contenidos políticos.
China parece estar marcando tendencia en este sentido: Indonesia ha utilizado sus leyes antipornografía, especialmente estrictas, para censurar páginas web que defendían los derechos de los homosexuales. El año pasado, el Gobierno turco estableció un sistema de filtros que pretendía proteger a los menores pero que también bloqueó la página web del biólogo evolutivo y famoso ateo Richard Dawkins. La empresa estadounidense Blue Coat, que vende sistemas de filtrado a compañías que figuran en Fortune 500, reconoció el año pasado que el régimen de Siria emplea su tecnología para limitar el acceso de los ciudadanos a Internet.
¿Cuál es la lección? Que da igual que se trate de porno o de ideas políticas: se pueden censurar, pero no se pueden borrar.

LA GRAN REACCIÓN DE 1979



13 de julio de 2009

Margaret Thatcher no estaba sola. ¿Qué tiene en común con el ayatolá Jomeini, el papa Juan Pablo II y Deng Xiaoping?

Si queremos entender la explosión de religión politizada, globalización postcomunista y economía liberal que ha caracterizado nuestra era moderna, olvidémonos de 1968. Incluso de 1989. La fecha más importante de todas es 1979. Aquel año comenzó un extraordinario capítulo en los asuntos internacionales –y la historia intelectual–, obra del grupo más extraño de autores que pueda imaginarse. Fue en 1979 cuando el ayatolá Jomeini se hizo con el poder en Irán y demostró definitivamente que “revolución islámica” no era una contradicción. La Unión Soviética tomó la fatídica decisión de invadir las zonas más pobres de Afganistán, con lo que desencadenó otro tipo distinto de levantamiento islámico que puso los primeros clavos en el ataúd del imperio comunista. La primera ministra Margaret Thatcher encabezó un renacimiento conservador en Gran Bretaña que no sólo cambió las reglas de la política en Occidente, sino que inspiró la era posterior de globalización orientada hacia el mercado. La primera peregrinación del papa Juan Pablo II a su patria, Polonia, en el verano de 1979, envalentonó a los pueblos amantes de la libertad de Europa Central y del Este, e inició la cadena de acontecimientos que culminaría en las revoluciones no violentas de 1989. Y a lo largo de todo el año, un estoico e impensable visionario llamado Deng Xiaoping tomó discretamente las primeras medidas destinadas a preparar a la China comunista para su larga marcha hacia la era de los mercados.
Thatcher no parece tener nada en común con el ayatolá ni con Deng, y mucho menos con el Papa. Pero hay algo que une a todas estas personas aparentemente tan distintas. Todas ellas se propusieron trastocar, cada una a su manera, el espíritu que definía su época, el orden progresista, laico y materialista que, hasta entonces, había dominado el panorama político de la postguerra del siglo XX. Sus movimientos no fueron sólo políticos, sino rearmes morales que rechazaban con pasión lo que consideraban la decadencia, el malestar, el estancamiento y la asfixia derivados de los esfuerzos de los tecnócratas por acelerar el paso de la humanidad hacia el fin de la historia. En ese sentido, los trascendentales sucesos de 1979 estuvieron unidos por el impulso de la contrarrevolución, ya fuera contra el comunismo soviético, la socialdemocracia, el autoritarismo modernizador o el maoísmo descontrolado.
Los contrarrevolucionarios de 1979 atacaron la que había sido la convicción más profunda de la época: la fe en una visión progresista de un orden político alcanzable, que sería perfectamente racional, igualitario y justo. La caída de los imperios europeos tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa, la Gran Depresión y el triunfo de la burocracia y la planificación durante la Segunda Guerra Mundial ayudaron a dar impulso a esa visión; la descolonización de la postguerra y la rápida extensión de los regímenes marxistas en todo el mundo la amplificó. Sin embargo, en los 70, había empezado a surgir la desilusión y una sensación creciente, en muchos países, de que unas élites despiadadas (y en algunos casos violentas) habían intentado imponer una visión falsa y mecanicista en sus países y habían aplastado las sensibilidades, creencias y libertades tradicionales. Como consecuencia de la revuelta de los últimos 70, hoy vivimos en un mundo caracterizado por unos valores no utópicos, sino pragmáticos y tradicionales.



FUERZAS RETRÓGRADAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA
En su momento, el éxito de estas contrarrevoluciones no estaba claro, ni mucho menos. Muy pocos observadores captaron sus repercusiones en 1979. Y quienes lo hicieron muchas veces las condenaron como fuerzas retrógradas de destrucción masiva. Los hombres del sha Reza Pahlevi acusaron a Jomeini de tratar de dar marcha atrás al reloj, y los enemigos de Deng acusaron al líder chino de ser un “compañero de viaje del capitalismo”. Para los soviéticos, losmuyahidines afganos eran representantes del “viejo orden feudal”, y el Papa, una fuerza del “neocolonialismo”. Pero eran etiquetas que los acusados, en general, llevaban con ecuanimidad. En la campaña electoral de abril de 1979, Thatcher dijo con orgullo en un mitin del Partido Conservador que sus rivales la habían llamado “reaccionaria”. “Bueno”, declaró, “¡es que hay mucho contra lo que reaccionar!”.
Y lo había. Como quizá vuelve a haberlo, porque, 30 años más tarde, las transformaciones de 1979 se han convertido en órdenes establecidos decadentes, cuyos excesos tal vez inspiren nuevos movimientos reaccionarios y nuevas contrarrevoluciones. Imaginemos el aspecto que tenía el mundo el 1 de enero de 1979. El marxismo soviético parecía cualquier cosa menos frágil. El régimen de Moscú, que había prescindido por completo de Dios, la libertad individual y la espontaneidad de los mercados, seguía adelante impulsado por los elevadísimos precios del petróleo. Los analistas de la CIA consideraban que Rusia era una potencia económica, además de militar, y el equipo de seguridad nacional del presidente estadounidense Jimmy Carter se inquietaba ante los avances soviéticos en los países en vías de desarrollo. Desde Vietnam hasta Nicaragua, las fichas de dominó iban cayendo. Si alguien hubiera asegurado que la poderosa URSS iba a desaparecer calladamente del escenario mundial unos años después, en gran parte debido al daño que le habían hecho una rebelión de inspiración religiosa en Afganistán y un Papa polaco, habrían dicho de él que estaba loco. (Unos años antes, un disidente soviético llamado Andrei Amalrik había escrito un libro que predecía la caída inminente de la URSS, en el que hablaba, en concreto, del “extremo aislamiento en el que el régimen se ha situado y ha situado a la sociedad”, y alegaba que esa desconexión de la realidad haría que su caída fuera “más rápida y decisiva” cuando llegaran los tiempos difíciles. Las pocas personas que se enteraron de su existencia dijeron que era un chiflado). En comparación, la versión china del comunismo parecía debilitada. La fiebre maoísta de la Revolución Cultural estaba declinando, pero los traumas que había dejado como herencia eran profundos, y el anuncio de Deng, en diciembre de 1978, de que la política del Gobierno iba a regirse a partir de ese momento por el principio de “buscar la verdad a partir de los hechos” les pareció a muchos quijotesco. Ningún país comunista había conseguido reformarse por sí solo. En los 50, los torpes intentos de desestalinización del líder soviético Nikita Jruschov habían fracasado; y la verdad es que también habían fracasado otros intentos similares en China.
Pero Deng era diferente. Durante mucho tiempo un acólito de Mao, Deng, que se había ido apartando gradualmente del utópico anhelo del Gran Timonel por la revolución permanente, era un superviviente político forjado en la batalla. Había sido expulsado en dos ocasiones de la dirección del Partido Comunista Chino, pero llevó a cabo su regreso definitivo en 1977, tras la muerte de Mao y la detención de la Banda de los Cuatro. Su llamamiento a una nueva era de pragmatismo y resolución de problemas despertó claramente ecos emocionales entre las muchedumbres entusiastas que acogieron la noticia de su rehabilitación en Pekín. En tres ensayos publicados en 1975 –y denunciados por los maoístas como las “tres hierbas venenosas”–, Deng había asumido posturas abiertamente conservadoras en todo tipo de temas, desde el arte hasta la economía. Aunque se esforzó por justificar su trabajo como una defensa de la auténtica revolución, sus partidarios comprendieron a la perfección lo que quería decir: un regreso a la tradición, el sentido común y la eficacia. Lo cual equivalía a rechazar de forma radical todo lo que había propulsado Mao desde 1949.
China era un país que, entre otras catástrofes, había presenciado varias hambrunas orquestadas por el Estado a lo largo de los años. Por eso, los primeros campesinos que decidieron adoptar un uso privado de la tierra en 1978 hicieron todo lo posible para mantenerlo en secreto, por miedo a las represalias. Pero en 1979, para su sorpresa, Deng no sólo aprobó su experimento, sino que lo autorizó a escala nacional. También asumió la idea de establecer zonas económicas especiales en el país, en las que los inversores extranjeros pudieran construir fábricas operadas por trabajadores con salarios bajos, y aprobó la iniciativa de adquirir tecnología y conocimientos de Occidente, otro vuelco espectacular respecto al dogma de Mao. De modo que había cierta lógica en que Estados Unidos, que sufría una estanflación y se resentía de la derrota en Vietnam, decidiera aprovechar las aperturas anteriores del presidente Nixon hacia Pekín como forma de controlar el expansionismo soviético. Los dos países restablecieron relaciones diplomáticas a principios de 1979.
La genialidad de Deng, según se vio después, fue empezar poco a poco y discretamente, de forma que Occidente no prestó gran atención a la verdadera dimensión de su ofensiva contra el maoísmo. Cuando el líder chino fue a EE UU, el corresponsal de The Washington Post se limitó a menear la cabeza ante “el entusiasmo de las empresas estadounidenses con la vista puesta en el mercado chino, un entusiasmo que hasta los mayores promotores del comercio en China consideran excesivo”. Nadie se habría atrevido a predecir que el PIB chino iba a multiplicarse por 10 en menos de una generación. Desde luego, los países de Occidente habían seguido una trayectoria más moderada que China desde la Segunda Guerra Mundial. Pero también ellos estaban ampliando sin cesar el papel del Gobierno. Las palabras clave eran bienestar, regulación y racionalidad. El consenso socialdemócrata en Europa estaba encarnado en el Estado niñera introducido por el Partido Laborista en Gran Bretaña en 1945, con su seguro nacional de salud y sus generosos planes de pensiones, la estrecha colaboración entre los sindicatos y el Gobierno y la propiedad estatal de ciertas industrias fundamentales. Los mercados eran algo que había que domesticar y controlar para que no se desmandaran.
Thatcher quiso dar la vuelta a todo eso, y lo consiguió. Pero nadie habría podido preverlo cuando comenzó su mandato como primera ministra. Su programa electoral de 1979 es un monumento a la vaguedad, y en su primer Gobierno estaba rodeada de conservadores moderados. Pocos podían saber que se convertiría en la figura definitoria de la política británica de postguerra, al romper con la visión de los 30 años anteriores. Al cabo de un tiempo, estaría recortando impuestos, vendiendo las joyas estatales de la economía a inversores privados y ganando el pulso con los poderosos sindicatos. Como en el caso de Deng, muchos comentaristas no sabían qué pensar de sus ambiciones. Cuando se cumplía su primer año en el cargo, el periodista británico Hugh Stephenson escribió: “Su retórica es radical, incluso temeraria. Pero, desde el principio, sus actos han mostrado una cautela política instintiva”. Tenía razón, pero ni él ni otros observadores supieron captar la intensidad del sentimiento que había detrás de esa retórica, la profunda convicción de Thatcher de que Gran Bretaña necesitaba desesperadamente una renovación no sólo económica, sino moral. Se vio con más claridad durante su brutal batalla con el sindicato de mineros del carbón y su adopción, nada táctica, de la privatización (una palabra antes poco usada y que adoptó como grito de batalla su ideólogo principal, Keith Joseph). El atractivo de la contrarrevolución de Thatcher se hizo aún más visible cuando Ronald Reagan, que estaba haciendo campaña contra la presidencia de Jimmy Carter el año en el que fue elegida Thatcher, obtuvo su propia victoria en 1980, armado con una pasión similar por sustituir la Gran Sociedad con un “amanecer en América”.
Aunque EE UU nunca llegó a tener el consenso sobre economía mixta que prevalecía en Gran Bretaña, el país, antes de 1979, era muy diferente al de hoy. El símbolo eran las empresas gigantescas y sin rostro. El ordenador personal estaba en su infancia (Bill Gates trasladó su empresa recién nacida, Microsoft, a su ciudad natal, Seattle, el 1 de enero de 1979), y la tecnología de la época promovía la uniformidad y el anonimato. Cuando el republicano Richard Nixon decretó el control de precios y salarios en 1971, la medida se acogió como un reconocimiento comprensible de la ortodoxia imperante. Bastantes pensadores, entre ellos el enormemente influyente John Kenneth Galbraith, se atrevieron a imaginar la convergencia del capitalismo occidental y el socialismo soviético en un futuro sin determinar. Al fin y al cabo, ¿no dependían los dos de las élites burocráticas y de la sabiduría de los planificadores?
Eran unas concepciones seductoras y que penetraron asimismo en las ideas sobre los países en vías de desarrollo. La economía del desarrollo, propagada por el Banco Mundial y el FMI, prescribía grandes proyectos de infraestructuras, como presas hidroeléctricas, supervisados por grandes burocracias. No siempre estaba claro en qué se diferenciaba eso de los proyectos de ayuda soviéticos con los que rivalizaba. Hasta qué punto estaba arraigada la idea se vio claramente en Irán y en Afganistán. El sha era un anticomunista recalcitrante, pero las bases principales de su esfuerzo para llevar a su sociedad a la modernidad del siglo XX se parecían de forma asombrosa a lo que el Partido Demócrata Popular de Afganistán había empezado a poner en práctica después de hacerse con el poder en el golpe de Estado de 1978: reforma agraria, campañas de alfabetización, secularización y derechos de las mujeres. Es significativo que el sha llamase a su programa de modernización la “Revolución blanca”. No es extraño, pues, que los expertos que trataban de interpretar los acontecimientos de Irán se equivocaran tanto. Era hacer caso omiso de siglos de revoluciones que tendían a estar contra los clérigos. Como dice la historiadora de la religión Karen Armstrong en su libro The Battle for God, nada menos que Hannah Arendt había dicho que “lo que llamamos revolución es precisamente la fase de transición que da a luz un nuevo reino laico”. Incluso la revolución burguesa de Estados Unidos había establecido el principio de la separación de Iglesia y Estado, mientras que las versiones más radicales de Francia y Rusia habían aspirado a hacer desaparecer la religión por completo.
Pero Jomeini también recurría a esta tradición intelectual, al adoptar las ideas radicales, aunque no la antirreligiosidad, de los revolucionarios del mundo musulmán. Durante decenios, unas poderosas ideas laicas –el panarabismo, el baazismo, el marxismo revolucionario– habían dominado la política de Oriente Medio, y los intelectuales de la región habían incorporado su retórica utópica. Los primeros islamistas aprendieron mucho de esas ideologías, al mismo tiempo que las criticaban por su abyecta incapacidad de vencer el desafío de Israel y el neocolonialismo occidental. Uno de los grandes progenitores de la revolución islámica fue Ali Shariati, un intelectual iraní que quiso mezclar las ideas izquierdistas de revolución con el anhelo fundamentalista del regreso a la visión original de igualdad social y justicia del Profeta.
Desde luego, los periodistas que se reunían en Neauphlele-Château, a las afueras de París, para ver a Jomeini en el exilio, no sabían a qué atenerse con él. Se suponía que los revolucionarios modernos eran cerebros marxistas, seguidores de Lenin o de Mao, o jóvenes y exuberantes melenudos a medio educar, como los radicales que habían salido a la calle en París, Chicago y Frankfurt 10 años antes. Aquel taciturno jurista chií, con sus párpados caídos y sus largas túnicas negras, no encajaba en la imagen. Sin embargo, se había convertido en el líder de facto del variado movimiento de oposición en Irán. Algunos observadores incluso comparaban al ayatolá con Gandhi. ¿Por qué no? Ambos eran hombres creyentes que intentaban cambiar el mundo, ¿no?
Uno de los testimonios más destacados de la revolución iraní de 1979 es el de Desmond Harney, un ex diplomático británico que habla farsi y que en aquella época sabía más de Irán que cualquier otro occidental. Aun así, como se lamenta en su diario, le asombró que Jomeini y sus mulás obtuvieran la victoria; estaba convencido de que la fuerza decisiva iba a ser el Frente Nacional, de izquierdas. “¡Es extraño pensar que el destino de este país ha cambiado gracias a un frágil, anciano y vengativo sacerdote sentado en una villa a las afueras de París, donde le rinde pleitesía la mitad del mundo iraní!”. Harney no había tenido suficientemente en cuenta los traumas que el programa de modernización del sha había causado en una sociedad profundamente tradicional.
El extraordinario intento de Jomeini de trasplantar una teocracia islámica al cuerpo de una nación-Estado moderna representó el apogeo de unas tendencias que llevaban años fraguándose en el mundo musulmán; 1979 fue el año en el que se convirtieron en realidad. En Arabia Saudí, un grupo de islamistas armados se apoderó de la Gran Mezquita de la Meca y la retuvieron durante dos semanas hasta que fueron reprimidos de manera sangrienta. En todo el mundo salieron a las calles muchedumbres de musulmanes, que culpaban de ese sacrilegio a los estadounidenses; aunque nada comparable con la reacción que estaba labrándose en Afganistán, donde jóvenes intelectuales como Ahmed Shah Massud habían leído a clásicos islamistas como Sayyid Qutb. Rebelados contra su propio Gobierno comunista, pronto se lanza - rían al combate contra las tropas del Ejército Rojo invasor. Algunos de ellos transformarían esa guerra en una yihad mundial mucho más amplia; entre ellos, un grupo de simpatizantes árabes afganos que formarían Al Qaeda.
¿Y el Papa? Josef Stalin ya había desechado las gestiones de la Santa Sede como factor político. “¿El Papa?”, cuentan que preguntó Stalin, despreciativo, al ministro francés de Exteriores. “¿Cuantas divisiones tiene?”. Cuan do Juan Pablo II hizo su épica visita a Polonia, en el verano de 1979, nadie fue lo suficientemente loco como para predecir que iba a inspirar la formación del sindicato independiente Solidaridad al año siguiente ni que iba a desencadenar una reanimación de la sociedad civil en toda Europa central y del Este que desembocaría en la caída del orden comunista menos de una década después. “Sin el Papa polaco, no habría habido revolución de Solida ridad en Polonia en 1980”, escribió posteriormente el historiador Timothy Garton Ash. “Sin Solidaridad, no ha bría habido el cambio radical de la política soviética respecto a Europa con Gorbachov; sin ese cambio, no habría habido revoluciones de terciopelo en 1989”.
La clave del desafío espiritual del Papa a los soviéticos fue la no violencia. Durante su visita en junio de 1979, unos trece millones de polacos salieron a las calles y los campos del país para recibirle, en directo desafío a un Gobierno con apoyo soviético que siempre había considerado a la Iglesia católica como un factor irritante. “Nos dimos cuenta por primera vez de que nosotros éramos más numerosos que ellos”, recuerda Radoslaw Sikorski en sus memorias,Full Circle (Sikorski, adolescente anticomunista en aquel entonces, es hoy ministro de Exteriores de la Polonia democrática). Como consecuencia, aunque no se le atribuye todo el mérito que le corresponde, la religión siguió siendo un ingrediente importante en los levantamientos pacíficos de 10 años después. Los acontecimientos de 1979 nos dicen mucho sobre la naturaleza de la contrarrevolución, que es muy importante entender, porque quizá estemos viviendo hoy otra. Tal vez, el análisis fundamental es que, aunque los contrarrevolucionarios sean reaccionarios, no son meros conservadores. Los conservadores aspiran a volver al statu quo anterior. Los contrarrevolucionarios entienden que sus adversarios revolucionarios han cambiado las reglas del juego de manera fundamental y que la reacción debe tener eso en cuenta.
      
La contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan ha envejecido, y sus seguidores están intelectualmente secos y políticamente marginados
      
Además, los contrarrevolucionarios más astutos se apresuran a explotar los logros revolucionarios para sus propios fines. Deng comprendió que, al imponer la unidad estricta en un país antes lleno de fisuras, la dictadura del proletariado de China había creado las condiciones necesarias para una economía completamente burguesa e implacablemente capitalista. (¿No tenía que haber sido al revés?). El programa de modernización del sha arrastró a legiones de jóvenes educados y subempleados de los pueblos a los márgenes de las grandes ciudades, que fueron reclutados por el tradicionalista Jomeini.
En cuanto a Thatcher, uno de sus rivales más elocuentes en su propio partido fue Ian Gilmour, que le reprochaba que no hubiera sabido ver que el verdadero conservadurismo consistía, sobre todo, en la adhesión al orden recibido: “El conservadurismo británico no es un ismo. No es... un sistema de ideas. No es una ideología ni una doctrina”. Thatcher, en cambio, encarnaba una paradoja contrarrevolucionaria clásica: quería el cambio, un cambio radical, para volver a la situación que existía antes. Thatcher cambió muchas cosas, por supuesto, como las otras grandes figuras de 1979. Sin embargo, hoy, 30 años después, volvemos a ver que hasta las ideas más atractivas tienen fecha de caducidad. Las contrarrevoluciones también acaban extinguiéndose y sucumbiendo de forma inevitable al estancamiento y la decadencia. El régimen iraní se parece cada vez más al que ellos quisieron destruir: corrupto, cínico, claramente distanciado del deseo popular de reforma y preocupado sobre todo por mantenerse en el poder. Elsocialismo con características chinas, el gran híbrido ideológico de economía liberal y represión política inventado por Deng, se esfuerza para solucionar o contener las demandas populares de aire y agua no contaminados, justicia, imperio de la ley y más libertades y oportunidades. La yihad suní iniciada en Afganistán hace 30 años sigue inmersa en un utopismo sangriento, que causa más víctimas entre los musulmanes que entre los infieles. El descrédito del capitalismo descontrolado por culpa de la Gran Recesión actual ha permitido ver que la contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan ha envejecido, y sus seguidores están intelectualmente secos y políticamente marginados. Por eso, hoy la ideología se ha convertido en una categoría sospechosa en sí, e incluso el joven y esperanzado presidente de EE UU, Barack Obama, predica el cambio, al tiempo que rechaza las etiquetas y presume de ser un “pragmático”. Sin embargo, si hay algo que enseña el legado de 1979, es que la gente siempre está dispuesta a adoptar una visión seductora del futuro, sobre todo cuando se presenta como una cruzada moral frente a las fuerzas oscuras que conspiran contra el orden natural de las cosas. Hoy, como hace tres décadas, muchos expertos siguen hablando con el vocabulario de las batallas pasadas (“el regreso del socialismo”, “el triunfo de Keynes”), pese a que el futuro es, en el mejor de los casos, confuso. Las innumerables predicciones de condena o salvación no sirven de nada; lo único de lo que podemos estar seguros es de que nos sorprenderemos. Nuestra era moderna debe mucho a la Gran Reacción de 1979. Y nadie se la esperaba.