lunes, 23 de mayo de 2011

España cede y la UE aprueba sanciones contra Bashar Asad


El presidente sirio, Bashar Asad. | Reuters

El presidente sirio, Bashar Asad. | Reuters


Una vez superadas las reticencias de España, entre otros, los ministros de Exteriores de la UE aprobaron hoy formalmente castigar al presidente sirio Bashar Asad. Los Veintisiete debenvetar su entrada y congelar cualquier cuenta o bien inmobiliario a su nombre.

Aunque ya había acuerdo para castigar al entorno del presidente e imponer un embargo de armas desde hace semanas, la delegación española, tradicionalmente cerca de Damasco, se resistía a atacar también a Asad. Hoy, la ministra Trinidad Jiménez aún estaba entre los menos críticos y evitaba pedir la dimisión del presidente sirio.

"Nosotros queremos que el presidente Asad atienda las reivindicaciones que la gente está lanzando en la calle y pare la represión... Que se siente a hablar con los representantes de la oposición y pueda iniciar un proceso de reformas", dijo laministra Jiménez al llegar a la reunión con sus colegas en Bruselas.

La brutal represión siria está convenciendo a la UE, que durante años ha sido muy blanda con los abusos de Damasco. Hasta ahora, sólo se había atrevido a amenazar al régimen por su supuesta implicación en el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri. En 2005, los ministros europeos aprobaron una declaración para congelar las cuentas y no dar visado a los sospechosos de la muerte de Hariri, pero, tras un lustro de confusa investigación, la UE sigue sin rellenar la página del anexo que espera vacía la lista de nombres.

Fuentes diplomáticas europeas insisten en el sentido de los castigos "graduales" para Siria, igual que antes para los regimenes de Túnez, Egipto o Libia. "Las sanciones no son un fin en sí mismo. Tienen que servir de presión", explicaba el viernes uno de los responsables de la lista negra. Como reconocen varios ministros, las sanciones diplomáticas europeas han tenido pocos efectos en la mayoría de los casos.

jueves, 19 de mayo de 2011

PAZ EN ORIENTE MEDIO: EN UN UNIVERSO PARALELO



En un universo paralelo, la reunión entre Obama y Netanyahu en Washington podría de verdad hacer moverse la aguja hacia adelante en el proceso de paz en Oriente Medio. Pero no lo hará. Y Obama no debería insistir en el tema.

TIM SLOAN/AFP/Gettyimages



Esta semana en la Casa Blanca, el presidente “Sí, puedo” se sentará con el primer ministro "No, no lo harás”. El punto fundamental de la agenda será el futuro del proceso de paz palestino-israelí. Una empresa cuya descripción más acertada —al menos por ahora— sería la que lo equipara a un muerto viviente.

Pero no importa. Cuando uno es el presidente del cambio, se debe creer en ello incluso cuando la realidad te cuente una historia diferente. Con renovadas energías por los transformadores procesos producidos en el mundo árabe y genuinamente preocupado porque ninguna negociación se traduzca en problemas para Estados Unidos, Barack Obama quiere esforzarse por lograr grandes cosas en el proceso de paz.

El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu está igualmente decidido a presentar resistencia a las grandes ideas que contraríen su propia ideología, sus instintos viscerales o las restricciones impuestas por su coalición. El reciente acuerdo de unidad palestina y las manifestaciones allí producidas, orquestadas desde Siria a lo largo de la frontera de Israel con este país, no harán más que contribuir a ayudarle a esquivar cualquier presión estadounidense.

Sería bonito imaginar que de este yin y yang americano-israelí pudiera salir un camino común que significara un paso adelante. Y si viviéramos en algún otro universo paralelo más razonable, podría ser que Bibi y Obama encontraran la senda.

El primer ministro le confiaría al presidente que estaba preparado para tomar decisiones valientes sobre las fronteras y sobre Jerusalén; el dirigente estadounidense podría entonces usar eso con el líder palestino Mahmoud Abbas en los próximos meses para preparar el terreno de cara a las negociaciones y a un acuerdo. Y el naufragio que se avecina en Naciones Unidas este otoño sobre el Estado palestino podría entonces evitarse.

De vuelta a la Tierra, sin embargo, es mucho más probable que la reunión no dé como resultado ni un avance decisivo ni un gran fracaso. Nadie quiere una pelea ahora sencillamente porque no hay proceso de paz sobre el que pelearse. Incluso el presidente entiende lo complejas que se han vuelto las cosas con el acuerdo de unidad alcanzado por los palestinos.

Pero ni el presidente ni el primer ministro tienen una estrategia, excepto pronunciar discursos, y puesto que los palestinos sí tienen una —una iniciativa de la ONU sobre su reconocimiento como Estado— es probable que nos dejemos llevar por defecto hacia esa posición a menos que surja algo mejor.

Es célebre la afirmación del escritor Mark Twain de que la historia no se repite, pero rima. Y ya hemos visto antes numerosas versiones de las reuniones Obama-Bibi.

No hay ahí gran cantidad de química personal o de confianza. Bill Clinton no sentía gran aprecio por Netanyahu, pero entendía al político que llevaba dentro. Obama ni siente aprecio ni entiende al primer ministro israelí. Le ve como un timador profesional y un obstáculo, una especie de gran badén en su camino a la resolución del problema palestino-israelí.

Y en lo que respecta a Netanyahu, éste cree que el presidente es frío y posee poca empatía cuando se trata de comprender las necesidades israelíes. Considera que sitúa a Israel en el contexto del conjunto de los intereses estadounidenses, no de sus valores. Para Bibi, Obama se sitúa en algún punto intermedio entre Jimmy Carter y Bush padre en lo que se refiere a la escala de la sensibilidad hacia lo israelí.

La iniciativa palestina en Naciones Unidas supone un problema porque los estadounidenses no tienen una respuesta que ofrecer

Esta dinámica interpersonal no ha cambiado, pero las circunstancias la han empeorado. Dos años después de su llegada a la presidencia, Obama está incluso más frustrado ante su fracaso para hacer avanzar el proceso de paz. La primavera árabe ha agitado la región con grandes cambios y de alguna manera el presidente cree que debería haber una gran transformación del proceso de paz para acompañarla. Después de todo, Al Fatah y Hamás se están moviendo hacia la unidad y los regímenes libio y sirio están contra las cuerdas. Y si no se hace algo con el proceso de paz, los esfuerzos de los nuevos demócratas árabes pueden verse frustrados por los radicales islámicos.

El presidente es sensible al dolor de los palestinos, pero le preocupa que la iniciativa de la ONU sobre su reconocimiento como Estado solo sirva para empeorar la situación. Está cansado de tener que atender a los israelíes pero no está del todo seguro de cómo hacer avanzar las cosas. La iniciativa palestina en Naciones Unidas supone un problema porque los estadounidenses no tienen una respuesta que ofrecer ante ella. De hecho refleja la dolorosa realidad de que Washington ha perdido una influencia real en un tema muy significativo. Desde la perspectiva de Obama, tras su triunfo sobre Osama bin Laden, encontrarse con Netanyahu y tener que tratar sobre el proceso de paz es un auténtico jarro de agua fría.

Netanyahu no ve el mundo exactamente así. Más que la mayoría de primeros ministros israelíes, él duerme con un ojo abierto. A dondequiera que mire el vaso está medio vacío. La primavera árabe ha traído incertidumbre, ya que Hosni Mubarak se ha ido y quizá Bashar al Assad también. Abbas se ha metido en la cama con Hamás, y ahora Obama —en quien no confía— parece preparado a dar un empujón al proceso de paz a costa de Israel.

Para Netanyahu, el proceso de paz es un dolor de cabeza. Si se pone serio, su coalición se romperá. Tendrá que hacer frente a sus propias barreras ideológicas y a su recelo fundamental hacia los árabes. Sin un proceso de paz, especialmente si se le culpa a él, podría presenciar cómo su relación con Estados Unidos da un giro a peor. Pero, por el momento, en realidad está en una posición bastante buena para avanzar por la cuerda floja.

Sí, los republicanos y gran parte de la comunidad judía organizada le respaldarán. Pero son los palestinos los verdaderos aliados de Netanyahu. Abbas le ha hecho un increíble regalo al unificarse con Hamás. A menos que éste abandone la lucha armada, libere al soldado israelí secuestrado a quien retiene como rehén y reconozca a Israel, Netanyahu es más o menos intocable en casa y puede esquivar la presión estadounidense si es que se produjera alguna. Puede decir que Abbas ha cometido un grave error y que debería volver a las negociaciones en vez de arrimarse a Hamás o Naciones Unidas. Mientras los miembros de Hamás continúen glorificando a Bin Laden y haciendo un llamamiento a la liberación de toda la Palestina histórica, Netanyahu no tendrá que preocuparse mucho por la presión estadounidense.

El único factor imprevisible en todo esto sería que se produjera una versión palestina de la primavera árabe. Sus incursiones al otro lado de la frontera, orquestadas por Siria, en realidad ayudan al primer ministro a eludir las presiones de dentro y fuera de Israel. Pero un levantamiento palestino masivo y continuado —civil y pacífico—en el cual, día tras día, cientos de miles de personas presionen contra los puestos de control en Cisjordania y Gaza, creará una presión real. Es una táctica peligrosa y podría fácilmente conducir a la violencia, y no está claro cómo o por qué influiría en las negociaciones. Pero podría convertirse en parte de la estrategia de los palestinos a la hora de plantear en otoño la iniciativa sobre su Estado en la ONU.

La Administración Obama realmente se encuentra en una posición difícil cuando se trata de lograr la paz entre israelíes y palestinos. Se ha hablado mundo sobre la posibilidad de que el presidente pronuncie un gran discurso para presentar los principios que apoya Estados Unidos sobre los temas importantes, como las fronteras y Jerusalén.

Pero hay que preguntarse qué es lo que realmente se conseguiría con esto. Disgustaría a los israelíes (y a los palestinos también, cuando la Administración hable del tema de los refugiados y descarte el derecho de retorno). ¿Y por qué iría cualquier aspirante a mediador —teniendo en cuenta que la probabilidad de negociaciones en un futuro próximo es prácticamente nula— a querer exponer sus posiciones solo para que éstas fueran atacadas, devaluadas y marginadas? Un
discurso solo serviría para hacer más evidente la brecha entre las palabras de EE UU y sus acciones. Podría convertirse en el equivalente en política exterior del incidente de la plataforma Deepwater Horizon de BP: que pasen 50 días y nadie haya aceptado todavía el plan de paz del presidente.

Cualquier persona honesta admitiría que no hay ninguna opción de que se produzcan ahora unas negociaciones con éxito o un proceso de paz. Una gran idea o iniciativa que intente lanzarlos fracasará. De hecho, meter a Abbas y a Netanyahu en la misma habitación, dado el abismo existente entre ellos, sería un desastre.

En lugar de dedicarse a la diplomacia pública, Obama debería adoptar una actitud silenciosa y discreta. Sin plazos, sin grandes discursos, sin amenazas. Ver tranquilamente qué es lo que Bibi y Abbas están dispuestos a ceder en lo que respecta a los grandes temas; saber a dónde va la unidad palestina y a dónde se dirige la primavera árabe. Por ahora hay que mantener la pólvora seca, y retomar lo del gran discurso más avanzado el año. Puede acabar resultando práctico como visión alternativa de cómo producir de verdad un estado real mediante negociaciones en vez del estado virtual que los palestinos están planeando en Naciones Unidas.

El que no haya buenas ideas para hacer funcionar ahora el proceso de paz no es razón para precipitarse con otras que están a medio cocer. El director de cine Woody Allen no tenía razón: el 90% de la vida no consiste sólo en hacer acto de presencia, consiste en hacer acto de presencia en el momento adecuado. Y ahora no es el momento adecuado para dar un paso importante en el proceso de paz.

De la Guerra Fría a la guerra helada: la lucha por el Ártico



Oso polar

El Ártico, una región olvidada tras el fin de la Guerra Fría, ha regresado a la política internacional como una zona de posibles disputas, gracias al calentamiento global. La importancia de la región volvió al primer plano en la última semana gracias a la filtración de cables de Wikileaks sobre el tema y a un reclamo que anunció Dinamarca.

Se estima que la capa de hielo que cubre el Ártico protege en torno al 25% del petróleo que queda por explotar en el planeta, lo que colocaría a la región al mismo nivel que Arabia Saudita en cuanto a depósitos de "oro negro". También es rico en gas natural, carbón, hierro, plata, oro, zinc e incluso se dice que rubíes.

El deshielo está haciendo que estos recursos naturales sean más accesibles sobre todo para Estados Unidos, Canadá, Rusia, Dinamarca, y Noruega, que son los países que tienen lineas fronterizas con el Ártico.

Y todos ellos codician llevarse un trozo grande de pastel.

El problema no son las fronteras terrestres, que están bien delimitadas, la cuestión que se plantea en estos momentos es de quién es el espacio marítimo y sobre todo de quienes son las enormes riquezas que contiene.

Para resolver esta disputa los cinco países se comprometieron en 2008 a respetar la Convención sobre el Derecho del Mar de Naciones Unidas que hasta el 2014 deberá dirimir las diversas reclamaciones territoriales.

Aumentan las tensiones

Pero a pesar de que hay una voluntad para llegar a un acuerdo de forma legal y pacífica, cables secretos revelados por Wikileaks indican que la disputa por los recursos naturales se está poniendo al rojo vivo, e incluso podría empeorar según dijo a BBC Mundo Robert Huebert, experto en geopolítica del Ártico de la Universidad de Calgary en Canadá.

"Los cables de Wikileaks indican que los daneses creen que tienen el derecho de reclamar hasta el Polo Norte, algo que también creen los rusos (...), lo que podría ser motivo de conflicto en el futuro"

Robert Huebert, geopolítico

"Los cables de Wikileaks indican que los daneses creen que tienen el derecho de reclamar hasta el Polo Norte, algo que también creen los rusos. Esto indica que los reclamos podrían sobreponerse, lo que podría ser motivo de conflicto en el futuro", indica el experto.

Otra señal de que el potencial de un conflicto futuro estaría aumentando es una paulatina e incesante militarización del Ártico. En uno de los cables, diplomáticos estadounidenses hablan de un "potencial incremento en amenazas militares en el Ártico".

Robert Huebert dice que "estamos viendo el reestablecimiento de la capacidad militar. Todos las naciones del ártico a excepción de Canadá están volviendo a desarrollar su capacidad de combate para operar en el Ártico", dice Huebert. "Pero la razón de esto no es dominar el Ártico por la fuerza, sino que la desaparición del hielo como obstáculo está convirtiendo al Ártico en un océano como otro cualquiera que permite a los países actuar en caso necesario".

"El hecho de que Estados Unidos haya establecido un número significativo de aviones de combate en Alaska y el hecho de que tenga un sistema de misiles antibalístico allí no es porque vaya a mantener una guerra aérea con los rusos. Están allí en caso de que algún día Corea del Norte lance un misil. Pero el problema es que si los estadounidenses han desplegado este sistema en el Ártico, Rusia también lo está haciendo", explicó el experto.

Las luchas del siglo XXI

Según se ha conocido, en los cables de Wikileaks se cita el embajador de Rusia ante la OTAN diciendo "el siglo XXI verá una lucha por recursos, y Rusia no debe ser derrotada en esta lucha... La OTAN sabe de dónde vienen los vientos. Vienen del norte".

También se revela que, en abril de 2008, el jefe de la armada Rusia, almirante Vladimir Vysotsky, dijo que "aunque en el Ártico hay paz y estabilidad, no se puede excluir que en el futuro haya una redistribución de poder, incluyendo una intervención armada".

En septiembre de 2010, durante una conferencia internacional sobre el Ártico organizada en Moscú, el primer ministro Ruso, Vladimir Putin, desestimó que la región pueda convertirse en un capo de batalla internacional.

Estados Unidos ha aumentado el número de cazas en Alaska

"Toda especulación sobre una competencia por los recursos árticos son infundadas. A pesar de las existentes disputas territoriales entre las naciones del Ártico, todos los problemas pueden arreglarse por la vía diplomática".

Entretanto, el Kremlin no ha estado inactivo. Moscú reclama un territorio que abarca 1,2 millones de kilómetros cuadrados en el Ártico y llega al Polo Norte. En lo que es visto por los observadores como un intento de establecer su control territorial, el gobierno ruso está construyendo ocho plantas de energía en el Ártico que podrían entrar en operaciones en 2012.

En 2007, un equipo de científicos de ese país exploró el lecho del océano Ártico a bordo de dos mini submarinos. La misión científica pretendía encontrar evidencias de que una vasta cordillera submarina era la extensión geológica del territorio ruso. Como un gesto simbólico, los científicos plantaron una cápsula de titanio con la bandera rusa a 4.200 metros de profundidad.

Poco después de esto, Canadá anunció que construiría dos bases militares en el Ártico. Sin embargo, a 2001, la construcción aún no ha empezado.

Futuro incierto

Por ahora, está triunfando la voluntad de los países del Ártico de resolver sus disputas por la vía política y de acuerdo a la norma internacional, y según el experto en geopolítica, a corto plazo, no parece probable que la tensión pase al plano militar.

Pero, lo que ocurrirá a largo plazo es una incógnita que algunos miran con temor. Sobre todo porque, además del acceso a los recursos naturales, el deshielo también abrirá nuevas rutas para el transporte marítimo y el turismo así como mayores posibilidades de pesca, algo que también podría convertirse en motivo de tensiones internacionales.

"Va a ser un desastre medio ambiental y no parece que nadie vaya a hacer algo al respecto"

Robert Huebert

Y si esto fuera poco, no hay que olvidar el impacto en el medio ambiente, algo que horroriza a los ecologistas que se sienten impotentes.

Según los expertos estamos ante una paradoja: los recursos que una vez fueron inaccesibles son cada vez más fáciles de adquirir debido al cambio climático. Sin embargo, si se empiezan a explotar, el cambio climático se acelerará en la región, lo que podría tener unas consecuencias devastadoras en el planeta.

"Va a ser un desastre medio ambiental y no parece que nadie vaya a hacer algo al respecto", dice Huebert.

Proceso largo

Pero todavía van a pasar muchos años hasta que se puedan extraer los tesoros del Ártico.

Debido a las difíciles condiciones del territorio ártico, está costando mucho tiempo y dinero a los países lograr mapear el territorio.

Además, en opinión de Robert Huebert, le va a llevar mucho tiempo a la ONU examinar las reclamaciones que tienen que estar acompañadas de pruebas científicas.

El último en finalizar este proceso ha sido Dinamarca.

Esta semana, la cancillería danesa dijo que estaba preparando los documentos para someterlos a Naciones Unidas para apoyar su reclamo y que los publicaría el próximo mes.

Luego el panel de expertos de la ONU tendrá que decidir si aprueba el reclamo o no. Si lo rechaza, Dinamarca tendrá que buscar más pruebas científicas que avalen su reclamación y presentarla de nuevo como le ocurrió a Rusia en el año 2000.

Es una lucha que apenas comienza y que puede volverse más prominente en los próximos años.

Obama presenta hoy un 'plan Marshall' para el mundo árabe


EE UU anuncia sanciones contra el presidente de Siria


Barack Obama presentará hoy un plan Marshall de varios miles de millones de dólares de ayuda económica para el norte de África y Oriente Próximo con objeto de robustecer los Gobiernos resultantes de la ola de protestas que en estos momentos se extienden en la región. El presidente norteamericano llevará la semana próxima esa iniciativa a la reunión del G-8 en Francia en busca de una acción colectiva en la misma dirección por parte de las principales potencias mundiales.


Las ayudas apoyarán a los Gobiernos surgidos de las revueltas populares

Este plan de asistencia de Estados Unidos, que incluye la condonación de 1.000 millones de dólares de deuda, la aprobación de nuevas líneas de crédito y la reprogramación de algunas ya existentes, será parte de la nueva política que Obama ofrecerá al mundo árabe, en un discurso muy esperado en el que abordará el escenario histórico que se vive tras el estallido revolucionario y la muerte de Osama bin Laden.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, no quiso ayer dar detalles específicos sobre ese discurso, pero afirmó que "el presidente ve la situación en Oriente Próximo y el norte de África como una gran oportunidad para Estados Unidos y para los norteamericanos". El plan de ayuda, según otras fuentes oficiales, incluirá proyectos concretos para Egipto y Túnez, los dos países cuyos regímenes han sido ya derribados por movimientos populares, y otras propuestas para las naciones que actualmente intentan seguir ese camino.

La Administración norteamericana teme que el deterioro de las condiciones económicas, ya apreciable en Egipto, pueda hacer aún más difícil la consolidación de sistemas democráticos en una región en la que el alzamiento ciudadano provoca otras muchas incertidumbres. En su reunión del martes con el rey Abdalá de Jordania, uno de los que promueve reformas democráticas, el presidente estadounidense anunció ayudas económicas para respaldar a ese país en ese proceso.

Obama pronunciará su discurso en un momento especialmente delicado de la crisis en el mundo árabe. Desde que la Casa Blanca anunció esta intervención, se han producido violentos choques religiosos en Egipto, enfrentamientos entre el Ejército israelí con palestinos que trataban de cruzar sus fronteras y un agravamiento de la represión en Siria. Paralelamente, se ha agudizado la tensión entre el Gobierno israelí y la Autoridad Palestina que, lejos de aproximarse al diálogo, pueden llegar a un choque de trenes si la Asamblea General de la ONU reconoce en septiembre un Estado palestino.

El presidente norteamericano intentará armonizar esos ingredientes para evitar que lo que surgió como un hermoso esfuerzo de democratizar el mundo árabe desde la base degenere en conflicto global en una de las regiones más estratégicas del mundo.

Obama va a apoyar la sustancia de esas protestas y va a condenar a los Gobiernos que las reprimen, especialmente el de Siria, sobre el que hasta ahora ha actuado con gran prudencia. Esa táctica contemplativa con el Gobierno de Damasco parece haber acabado. El presidente firmó ayer una orden para la congelación de los fondos en EE UU pertenecientes al presidente Bachar el Asad y a seis de sus principales ministros por las violaciones de derechos humanos cometidas contra su propio pueblo.

Con estas sanciones, que incluyen la prohibición a ciudadanos norteamericanos de hacer negocios con las autoridades sirias, Washington rompe definitivamente con Asad, considerado hasta ahora una pieza esencial en el equilibrio de Oriente Próximo, y lo coloca en la lista de personajes en la región de los que es necesario prescindir. Se trata de un paso inesperado y arriesgado dada la enorme influencia de Siria en Líbano, los territorios palestinos y otros países, y su capacidad, por tanto, para sabotear cualquier acercamiento entre israelíes y palestinos.

Es incierto aún cómo de lejos irá Obama en la presentación de un plan de paz sobre ese conflicto en el discurso de hoy. La Administración está dividida sobre la idea de aportar una hoja de ruta concreta o meras ideas generales. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, es partidaria de lo primero, pero el Consejo de Seguridad Nacional se resiste a hacerlo.