miércoles, 6 de febrero de 2013


FEUDO TERRORISTA AL SUR DEL SÁHARA
06 de febrero de 2013

En busca de un modelo que ponga freno a la expansión del yihadismo en el Sahel.

AFP/Getty Images

Los inicios de Al Qaeda tuvieron un origen africano que hoy tiene un punto de retorno. Sus primeros ataques fueron contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania, en agosto de 1998, y a barcos estadounidenses en costas lejanas. Pero si nos retrotraemos mucho más en la historia, al origen de la yihad, que data del siglo VII, vemos como sigue manteniendo intactos el ideario y el proyecto yihadista que a fecha de hoy trata de imponer Al Qaeda allá donde actúa: conversión de los infieles, expansión territorial (que ya en las guerras santas del siglo VII tenían como objetivo el norte de África), la búsqueda de alianzas en la zona (con independentistas y tuaregs radicales del Sahel, en especial del norte de Malí) y la destrucción de santuarios profanos.
La franja de países al sur del Sáhara que se extiende desde Senegal hasta Somalia, atravesando Mauritania, Malí, Chad, e incluso Sudán pero hasta el 11-S, se ha configurado en los últimos años como una nueva base de operaciones de Al Qaeda que ha ido creciendo desde el Magreb, y de forma más reciente ha incorporado a Etiopía y Kenia a un conflicto fronterizo con Somalia, exacerbando una división que antes no existía entre comunidades cristianas y musulmanas. La expansión a estos nuevos territorios viene derivada del hostigamiento cada vez mayor que han ido recibiendo las milicias de Al Sabbah (de inspiración islamista y asociada formalmente a  Al Qaeda desde 2006) en Somalia, gracias a las operaciones de la Unión Africana y Atalanta de la Unión Europea, que las ha obligado a replegarse a esas zonas.
Una situación similar explica por qué Al Qaeda ha ido desplazando en los últimos años su campo de operaciones a este espacio africano desde su bastión en Asia central (Irak, Afganistán y Pakistán) y en Yemen, principalmente. El cerco de las operaciones militares internacionales y algunas mejoras introducidas en gobernabilidad han desplazado a la organización de  aquellos que fueran sus enclaves durante su década más fructífera (entre el 11-S y las revoluciones árabes). Por otro lado, el hecho de que los servicios de inteligencia y la investigación criminal, y gracias a su cooperación internacional, hayan cercado sus finanzas, les ha supuesto un duro golpe y han tenido que buscar nuevas vías de financiación, y ahí es donde el Sahel juega un papel central. Los Estados frágiles de esta región, corruptos, con fronteras porosas, sin apenas capacidades para hacerles frente, con una geografía que les facilita establecer bases rotatorias y esquivar los controles y con pobreza extrema, son elementos que juegan a su favor. El terrorismo aflora bajo esas condiciones, mientras tiene más difícil supervivencia en Estados democráticos y de derecho.
Pero hay otro factor en el Sahel que merece un especial detenimiento: su connivencia con los grupos criminales y de delincuencia organizada de la zona que ya existían previamente (tráfico de armas, de drogas y de personas), con los que inicialmente habría pactado protección en sus rutas a cambio de facilitarles pasaportes para entrar a Europa y establecer sus bases en el Sahel. Al Qaeda empezó a establecerse en la zona en 2003 como una base logística de apoyo a acciones terroristas en Europa, partiendo de una organización sólida, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate  –GSPC– argelino. Este proyecto fue conducido por uno de sus fundadores, Al Bara. Éste fue quien organizó el primer secuestro de occidentales en la región, los 32 turistas alemanes, y que finalmente fue capturado en Chad tras haber extendido este tipo de operaciones a países al sur de Argelia. Acciones que evolucionaron hacia la creación de campos de entrenamiento, y más tarde han ido encontrando allí también un filón para nutrir sus principales fuentes de financiación mediante  los secuestros, entremezclándose con el tráfico de drogas (exactamente como hicieran en Afganistán, a excepción de los Talibán), del bandidaje y los robos (tal y como fue la yihad en sus inicios). Como resultado, los secuestros, los atentados a bases de fuerzas de seguridad y de infraestructuras de confesiones consideradas impías y de las instalaciones empresariales occidentales son sus principales objetivos en la zona.

Fue un antiguo líder argelino del GSPC, Amari Saifi, detenido en 2004, quien inició la compra de rebeldes tuaregs de Malí para Al Qaeda. En 2006 Al Mokhtar fue designado representante de Al Qaeda en el África Occidental. Y después se produjo una mayor penetración hacia las tierras sahelianas. En 2007 se anunció la creación de Al Qaeda en la tierra de los bereberes, año en que se canceló el Dakar. A esto le siguieron acciones de adoctrinamiento en Malí, desplegando predicadores saudíes y paquistaníes en las mezquitas, proclamando la yihad y extendiendo el islam wahabí. Se abrieron centros de caridad en Tombuctú y se instauró la sharia  (ley islámica) al modo más purista en la zona norte. Un nuevo bastión a donde se cree que trasladan a muchos de los secuestrados occidentales. La alianza entre el movimiento Azawad independentista del norte y Ansar Dine (tuaregs radicales que se integraron en Al Qaeda), en abril del año pasado, fue lo que les permitió conquistar el norte e instalar la sharia al estilo más cruel, algo que contrasta con una tradición tolerante de prácticas confesionales en la zona.
A finales de 2011 emergió una escisión de AQMI en esa misma zona, los MUYAO –el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental–, mediante el secuestro de tres cooperantes europeos (dos de ellos españoles). Lo que junto con la emergencia de otros grupos, como los Boko Haram en Nigeria, que en este caso se han nutrido de desarrapados del sistema (jóvenes sin trabajo ni educación), nos da a entender que la multiplicación de estos grupos se disemina de forma menos jerárquica en sus inicios (menos dependencia estructural de la matriz Al Qaeda). Comienzan con una identificación ideológica global, basta con tener la inspiración como para crear un grupo, pero con el tiempo muchos acaban por integrarse estructuralmente en la red terrorista.
El fenómeno de la radicalización islamista ha sido más institucional en Mauritania, que desde que se independizó en los 60 ha financiado escuelas y mezquitas con fondos saudíes, con lo que contaba con una larga trayectoria de propagación del islam radical. En solo una década, la primera del siglo XXI, pasó de tener 60 mezquitas a 900, y en un solo año, 2008, destinó 12 millones de dólares para el Ministerio de Asuntos Religiosos. Tan solo en el primer semestre de 2008 las fuerzas saudíes detuvieron a 700 mauritanos, reclutados durante la celebración del Hajj, que estaban preparando atentados en el Sahel.
Estados Unidos lanzó en la era George W. Bush el “Partenariado Contraterrorista Trans-sahariano”, en el que participaron gobiernos del Magreb y del Sahel, con la intención de dotarles de formación e impulsar la cooperación en la lucha contra el terrorismo. Ha estado facilitando equipos y entrenamiento al Ejército de Malí, pero la iniciativa debió de ser multilateral y abordar más áreas de intervención. Es preciso que se extienda al ámbito de la ayuda al desarrollo, el apoyo al Estado de derecho, la cooperación en materia de inmigración, el control de fronteras, el intercambio de información, la colaboración policial y judicial, el impulso a la democratización y la implantación de infraestructuras para el desarrollo y el turismo, y a un mayor partenariado entre Estados Unidos, la UE, la ONU, la Unión Africana y los países de la zona, algo similar a la hoja de ruta para Oriente Medio.
La parte militar del partenariado impulsado por EE UU en Chad fue exitosa, en 2004 una operación de las fuerzas chadianas, apoyadas por las estadounidenses en inteligencia táctica y operativa, eliminaron a 42 terroristas, y a ello le siguieron exitosas operaciones de captura, dejando que fueran las fuerzas locales las que encabezaran las operaciones militares de contrainsurgencia y EE UU apoyara desde atrás. Quizá éste sea el modelo por el que apostar en términos militares (y para no volver a repetir las desastrosas experiencias de Afganistán e Irak). La asistencia occidental desde la retaguardia y dejar el protagonismo de las acciones más arduas del combate a las fuerzas regulares del país e incluso a la Unión Africana, o a la ONU dotada de fuerzas UA. Con este estilo chadiano la presencia internacional no acusaría tanto desgaste ni sería un blanco tan directo. Pero para redefinir el modelo de operaciones se necesita un pacto global entre todos los actores implicados, impulsado desde un liderazgo multilateral que en estos momentos no existe, pues las acciones militares en Malí están encabezadas por un solo actor estatal, Francia, con apoyo de la UA.
La actual intervención militar en Malí ha sido aprobada por consenso por el Consejo de Seguridad de la ONU, incluyendo el apoyo de China y Rusia. El caso chino vendría explicado porque está aumentando su explotación de minas y fuentes de materias primas y de energía en Níger. No olvidemos que la operación en Malí tiene también como objetivo asegurar las explotaciones internacionales de estas minas, en la que Francia tiene una importante participación y sumo interés en evitar un In Amenas en la zona. Esta operación podría llevar a un desplazamiento de los terroristas, mientras no se rompiera su alianza con los tuaregs radicales, hacia las áreas más desestabilizadas de Libia (como la Cirenaica), y posiblemente a las menos controladas del Magreb. Allí se abastecieron de la guerra libia, lo que les ayudó a conquistar más territorio en Malí. El grupo que secuestró en enero a 790 empleados de la planta gasística en In Amenas, Argelia, pudo penetrar en este país partiendo de Malí y cruzando Libia. La UE ha establecido una misión civil para ayudar a Libia en el control de fronteras. La ONU ha autorizado una misión militar de la CEDEAO, Comunidad Económica de África Occidental, liderada por países del África occidental, que está más en consonancia con la necesaria localización de las operaciones de combate y con el reparto multilateral de estas acciones. La UE estableció en abril de 2012 otra misión de entrenamiento, esta vez en Malí, destinando 250 instructores y 300 militares de apoyo. Lanzó también otra en Níger, que cuenta con unos 80 efectivos y dirigida desde el pasado julio por el coronel Francisco Espinosa Navas de la Guardia Civil, aunque aún muy limitada para la dimensión del problema en la zona. Estados Unidos está contribuyendo a la operación francesa en Malí aportando satélites y aviones no tripulados desde sus bases en Burkina Faso y Mauritania.
Cabría preguntarse si mediante un modelo más político y de cooperación multilateral por parte europea y estadounidense, fundamentado en la ayuda al desarrollo, misiones civiles de entrenamiento a las fuerzas de seguridad locales, dotación de herramientas y capacidades, además de apoyo táctico y operativo-logístico, pero reforzado con acciones militares necesarias, pero encabezadas por la Unión Africana y los gobiernos de la zona, e incluso por la ONU con base de tropas de la UA, sería un modelo más amplio y multilateral, que despertaría más consensos, y aportaría mayores réditos para abordar un fenómeno tan extenso territorialmente hablando, porque esta guerra contra el terrorismo no termina liberando la zona norte de Malí. Por otro lado, sería preciso actuar de modo preventivo en los países del norte de África, asentando Estados de derecho y ayudando al control de fronteras, que aún están convalecientes de los efectos de las revoluciones árabes, y donde Al Qaeda podría aprovecharse del caos transitorio para desplazarse a esas zonas.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

LOS GUARDIANES DE LA VIRTUD



05 de diciembre de 2012

La policía religiosa se reforma en Arabia Saudí, pero su poder crece en la región indonesia de Aceh.

AFP/Getty Images
Un miembro de la policia religiosa pide el canet de identidad a una joven por vestir unos pantalones ceñidos en Aceh, noviembre de 2012.

El optimismo desmedido está fuera de lugar al hablar de los intentos por suavizar el extremismo religioso en Arabia Saudí. Sin embargo, las autoridades del reino parecen haber dados pasos tímidos para contener algunos excesos que impregnan la vida cotidiana. Para ello no han necesitado remover los cimientos ultraconservadores del Estado, sino simplemente retocar la conducta de quienes los hacen valer cada día: los miembros de la policía religiosa.
La institucionalización del extremismo en Arabia Saudí nace en las élites del Estado y desciende hasta sus siervos a pie de calle, los agentes de la Comisión para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, más conocidos como los mutawa. Distinguidos por sus barbas y sus frentes marcadas por la asiduidad de las oraciones, los policías religiosos son los encargados de supervisar que se cumplan las estrictas normas de la ley islámica. La segregación por sexos, el cierre de los comercios durante los cinco rezos diarios, el proselitismo de religiones distintas a la musulmana, la corrección de la vestimenta o el consumo de carne de cerdo y alcohol son algunas de los conductas y costumbres de las que se ocupan estos 3.500 agentes.
Los mutawa son una fuerza permanentemente visible en el país. Han sido y son justamente temidos, pero sobre todo han sido tolerados, aun en sus más dudosas actitudes, por una cúpula estatal en la que se entrelazan el poder político y el religioso. A lo largo de los años, no obstante, los promotores de la virtud han acumulado un denso expediente de abusos que ha causado un profundo malestar entre muchos ciudadanos, especialmente aquellos pertenecientes a minorías religiosas. Los que para el poder han sido durante muchos años unos guardianes infalibles del modelo de sociedad propugnada desde la élite, se han ido convirtiendo en un elemento de silenciosa alienación de la sociedad. Y a partir de ahí, incluso en un Estado como Arabia Saudí, llegan los cambios.
El primer síntoma claro de que el reino estaba dispuesto a lavar la cara a su policía religiosa llegó en enero, cuando se designó a Sheikh Abdullatif Abdel Aziz Al Sheikh (un hombre de moral relajada, para los estándares saudíes) como líder de los mutawa. El currículum de este descendiente de potentados no deja lugar a dudas sobre su talante comparativamente liberal. En su historial se acumulan visiones a contracorriente de la doctrina predominante en el país, como sus moderadas opiniones en materia de segregación de sexos. Inmediatamente después de asumir el mandato, prohibió la participación de voluntarios, ya que de ellos partían muchos de los abusos más sonados. En octubre anunció que rebajaría los poderes del cuerpo para evitar excesos, de tal manera que algunas de sus atribuciones, como las de acometer arrestos e interrogatorios, serían transferidas a otras instituciones del Estado. También tiene planes para aumentar el número de mujeres dentro del cuerpo.
Algunos activistas han criticado que los cambios en las atribuciones de los mutawa son meramente cosméticos. Al mismo tiempo, diversas organizaciones internacionales continúan sacando a la luz los excesos religiosos saudíes y denunciando las restricciones de libertades de las mujeres, el uso de la pena de muerte o el aplastamiento inexorable de todas las voces disidentes y de la mini Primavera Árabe en el este del país, azuzada por los chiíes frente al dogma imperante del wahabismo suní. El poder saudí se ve circundado por hogueras livianas pero crecientes en las que se intuye la amenaza del descontento que tantos estragos ha causado en otros Estados árabes. Frente a la perspectiva de demandas más exigentes, la mitigación del poder de los mutawainaugura un incierto rumbo reformista y marcadamente preventivo. Se trata de un cambio exiguo en el vasto sistema de intolerancia religiosa del país, pero al menos evidencia una cierta voluntad de evitar algunos abusos, y es quizás el único paso que el Estado puede permitirse sin alterar sustancialmente su naturaleza ni emprender medidas revolucionarias. Además, se trata del primer intento de reformar este cuerpo desde 2007, cuando se estableció un departamento normativo para que los agentes actúen de acuerdo con la ley.
Mientras que los saudíes tratan tímidamente de mitigar algunos excesos gravosos, países tradicionalmente moderados, como Indonesia, se enfrentan ahora a una policía religiosa crecientemente invasiva. Hace meses que se observa una mayor intolerancia en el archipiélago, de mayoría musulmana, y en ningún otro territorio es esta tendencia más visible que en la región de Aceh. Desde los acuerdos de paz de 2005, con los que se puso fin al terrorismo islámico independentista que sacudía la zona, Yakarta accedió a conceder una autonomía especial al territorio, permitiendo que en él se estableciera una forma de ley islámica por la que vela una entidad policial conocida como Wilayatul Hisbah. Este cuerpo no acumula un historial de abusos comparable al de sus homólogos saudíes, pero sí ha ido incrementando sus actividades y su intromisión en la vida de los lugareños. Su actividad más conocida es quizá la campaña emprendida contra lospunks: cientos de jóvenes han sido detenidos y sus crestas rasuradas en rituales de humillación pública, para después ser reeducados siguiendo un internamiento de semanas.
Entre los principales cometidos de los agentes de la Wilatayul Hisbah está asegurarse de que las mujeres vistan según los preceptos islámicos. Las que los incumplen son objeto de sanciones y reprimendas, escenificadas en una gran campaña de intimidación contra las chicas que usan prendas ceñidas o pantalones cortos. El nivel de inteferencia y actividad de los agentes va a más y, en una sociedad con mucha mayor tradición contestataria que la saudí, las fricciones con la policía religiosa no se han hecho esperar. En octubre pasado, varios agentes resultaron heridos por los asistentes a un concierto que querían interrumpir. Se trata de un incidente menor, pero que podría saldarse con un recrudecimiento de las actividades de la policía religiosa. El gobierno central, por su parte, difícilmente querrá refrenar los excesos de los agentes de la virtud, por temor a entrometerse en un territorio pacificado en el que la injerencia del Ejecutivo no es bienvenida. Así, mientras los saudíes ensayan gestos menores para frenar abusos consumados por los mutawa, Aceh recorre el camino a la inversa y la policía religiosa comienza a agotar la paciencia de sus habitantes

martes, 20 de noviembre de 2012

LOS TERRORISTAS PREFERIDOS EN WASHINGTON



14 de noviembre de 2012

La grupo iraní Moyahedin-e Jalq consigue salir de la lista de organizaciones terroristas a golpe de lobby.

AFP/Getty Images

La organización iraní de los Moyahedin-e Jalq nació en 1964 como un grupo de corte islamo-marxista. Había apoyado la revolución de 1979 para derrocar al Sha, había respaldado la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán y había adoptado como su lema principal el slogan “Death to America” (Muerte a América) y “Death to imperialism” (Muerte al imperialismo), palabras que componían en gran medida el lenguaje contestatario popular en aquella época. Tras la revolución, un choque de intereses con el ayatolá Jomeini en la repartición del poder ocasionó que el grupo entablara una alianza militar con Sadam Hussein durante la guerra entre Irán e Irak, atacando algunas ciudades del norte de Irán, volando algunas oficinas diplomáticas iraníes alrededor del mundo y atentando contra la vida de influyentes políticos de la República Islámica de la talla de Alí Jamenei, Alí Akbar Rafsanyani y Mohammed Jatamí. Por todo ello, este grupo entró en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos el 8 de octubre de 1997, tras ser encontrada responsable del asesinato de varios ciudadanos estadounidenses y ser considerada como un peligro para la seguridad internacional.
Pero el pasado 29 de septiembre de 2012, Hillary Clinton decidió eliminar formalmente a los Moyahedin de dicha lista. La justificación se basó en la “falta de pruebas que mostraran su actividad armada tras el desmantelamiento de su campo de operaciones en Irak en 2003”, además de la “buena disposición de trasladar a cerca de 3.000 miembros de aquel lugar al Campo Libertad”, al noreste de Bagdad, como una muestra de su voluntad a seguir una hoja de ruta para convertirse en una organización pacífica de oposición al actual Gobierno iraní.
Pero también es cierto que no solo la voluntad de los Moyahedin es un factor clave de esta decisión. Este hecho también ha constituido el resultado de un largo debate entre aquellos congresistas estadounidenses que defendían, por un lado, la idea de que esta organización constituía una herramienta estratégica para recopilar información en caso de una intervención armada en Irán, y los que abogaban, por el otro, que se trataba de un grupo terrorista de base ideológica antiestadounidense, mercenario y sin una plataforma democrática en el interior de su organigrama. De estas perspectivas, la primera se ha impuesto, no sin antes señalar la intensa labor de lobby que la misma organización ha hecho a lo largo de 15 años en los pasillos de Washington para que así sucediera.
Al tratarse de una maniobra ilegal, los Moyahedin, en tanto terroristas, no podían otorgar dinero directamente a los congresistas estadounidenses, por lo que sus labores de cabildeo tuvieron que diversificarse a través de varias organizaciones no lucrativas o no gubernamentales a “favor de los derechos humanos en Irán” tales como la Comunidad irano-estadounidense de Missouri (IACAM) o a través de particulares como Robab Mahdavieh o Ramesh Sepehrrad quienes, desde Washington, habían servido de contacto para trasladar fondos a los destinatarios correspondientes sin comprometer a los líderes de la organización residentes en París o Londres ni a sus receptores en Washington.
El origen del dinero de estas personas se desconoce. Pero tratándose de recursos suficientes para promover una campaña de tal impacto, algunos expertos como Abol Hassan Bani Sadr o Richard Silverstein han sugerido que el dinero utilizado para el lobby de los Moyahedin en Washington proviene de gente de Israel y de Arabia Saudí que está interesada en golpear militarmente a Irán a corto plazo. En abril de 2012, Seymour Hersh escribió un artículo que dio la vuelta al mundo donde mostraba que el gobierno de George W. Bush había entrenado con labores de inteligencia y espionaje a miembros de los Moyahedin en un campo militar en Nevada, con lo que relucía el interés de algunos círculos en Washington por mantener cerca y controlada a dicha organización ante un posible conflicto militar con Irán.
Así, en los últimos años, figuras políticas como Rudolph Giulianni, Tom Ridge, John Bolton, el ex gobernador de Vermont Howard Dean, el ex Fiscal Michael Mukasey, el ex director del FBI Louis Freeh, entre muchos otros, han celebrado reuniones formales e informales con simpatizantes de la organización en lugares como el Hotel Willard en Washington y han ofrecido discursos ante el Congreso estadounidense para abogar por la salida de los Moyahedin de la lista de organizaciones terroristas. A su vez, ellos también han acudido a diversas manifestaciones en ciudades como  Bruselas, Londres, París y Berlín para participar en congresos organizados por el rostro público de la organización, Maryam Rayavi.
Algunos de estos conferenciantes como Rudolph Giulianni o Tom Ridge han declarado que su apoyo a la organización es por convencimiento. Sin embargo, otros han reconocido la aceptación de los viáticos y de cuotas compensatorias que van desde los 10.000 a los 50.000 dólares por discurso tales como el de Ed Rendell, actual gobernador de Pensilvania, quien dice haber aceptado más de 150.000 dólares por parte de los simpatizantes de  la organización, así como lo ha hecho Lee Hamilton, un influyente ex congresista quien declaró públicamente la aceptación de “montos significativos” por sus apariciones en público. Otras personas que han aceptado pagos similares por sus servicios han sido el General Jones y el General Zinni quienes han recibido cuotas de entre 20. 000 y 30. 000 dólares.
El hecho de mantener a varias personalidades como las antes citadas en eventos públicos es una estrategia muy conocida en el ámbito del marketing. Se emplea a menudo en las redes sociales, en suscripciones a periódicos o en apoyo hacia asociaciones caritativas y consiste en crear, a partir de un contacto conocido de gran renombre o estatus social, una cierta credibilidad en las acciones que se llevan a cabo para que aquel contacto pueda hacer que otros personajes de su misma categoría o prestigio realicen la misma actividad que él cuando se les requiera. No importa si los conferencistas están convencidos de lo que dicen, o si están bien informados o no, lo importante es tenerlos en el evento y sacar fotografías, firmas o vídeos de su presencia para aumentar la audiencia y visibilidad del evento.
Además de las conferencias con influyentes políticos, los Moyahedin han publicado artículos de opinión en periódicos como The Washington Post o The New York Times, han contratado empresas de cabildeo como diGenova & Toensing o de conferencias como el Washington Speakers Bureau y el International Speakers Bureau con las que se contactaron decenas de legisladores mediante entrevistas y cenas con sus asistentes.
Esta es una pequeña prueba de la inmensa red de contactos e influencias que los Moyahedin tuvieron que tejer para conseguir un apoyo legal en su camino hacia el derrocamiento del régimen iraní, una misión que se nota difícil por sus dimensiones pero que les sirve como el motivo perfecto para mantener su supervivencia política.

CRÓNICA DE UNA OPERACIÓN ANUNCIADA



20 de noviembre de 2012

¿Le conviene a Israel aceptar una tregua?

AFP/Getty Images
EN IMÁGENES: GAZA EN LLAMAS

La puesta en marcha de la Operación Amúd Anán –traducida al castellano como Pilar de Defensa–  no ha pillado a nadie por sorpresa. Hacía meses que las milicias palestinas habían incrementado el lanzamiento de cohetes Qassam y morteros contra las ciudades y los kibutzim del sur de Israel, lo que ha obligado al actual Gobierno presidido por Benjamín Netanyahu (de derechas) a acometer una ofensiva militar que redefina las reglas del juego, tal como ya hiciera el ejecutivo de Ehud Olmert (de centro) en diciembre de 2008 con la operación Plomo Fundido. Israel se encuentra en fase preelectoral y no puede permitirse el lujo de que las milicias palestinas influyan en la composición de la próximaKnesset (parlamento israelí) y, por ende, en la configuración del próximo Gobierno.
A la necesidad de parar el lanzamiento de cohetes Qassam y morteros se unía la de neutralizar los depósitos de cohetes Grad (de fabricación china, similar al Katiusha ruso) y Fajr-5 (de fabricación iraní, también denominado por las milicias palestinas como M-75 en alusión a su radio de alcance, de 75 kilómetros), pues de no hacerlo, Israel a medio plazo se podría encontrar atrapado dentro de un fuego cruzado de cohetes con Hezbolá lanzando desde el norte, y Hamás y las guerrillas salafistas del Sinaí desde el sur. Así las cosas, la puesta en marcha de esa segunda edición del Plomo Fundido era una mera cuestión de oportunidad. Otra cosa es que precisamente por encontrarnos en fase preelectoral tenga que ser una operación rápida, que concluya con la tregua que se negocia en estos momentos; o bien que desencadene una campaña terrestre, lo que obligaría a posponer las elecciones, fechadas para el 22 de enero.

Detonantes de la escalada de violencia
Aunque las razones sean las ya mencionadas –terminar con el lanzamiento de cohetes de corto alcance y neutralización de los arsenales de medio– los detonantes inmediatos han sido otros. Desde el punto de vista israelí fueron dos ataques contra las fuerzas que patrullan la verja perimetral de la Franja de Gaza (uno con un artefacto explosivo improvisado el día 6 de noviembre, sin víctimas, y otro con un cohete antitanque el día 10, que se saldó con 4 soldados heridos, uno de ellos muy grave), así como el lanzamiento de más de un centenar de cohetes contra los centros urbanos adyacentes a la Franja entre las jornadas del 10 y del 11 de noviembre.
En cambio, desde el punto de vista palestino, esta escalada no habría tenido lugar de no haber obligado a las milicias a actuar tras la muerte de un joven de 13 años el día 8 en las inmediaciones de Jan Yunis. Según la versión local fue alcanzado por un proyectil de gran calibre –fuera una ráfaga de helicóptero artillado o de un tanque– mientras jugaba al fútbol. Según la Oficina del Portavoz delTsahal (Ejército israelí) pudo tratarse de un proyectil extraviado durante una confrontación en un área cercana entre sus efectivos y los Comités de Resistencia Popular. El caso es que durante el entierro del adolescente se multiplicaron los gritos de venganza, por lo que el día 10 los Comités de Resistencia Popular (guerrilla del sur de la Franja formada por una amalgama de elementos armados sin vínculos concretos con ningún partido político) perpetraron esa emboscada contra un jeep que circulaba por la pista de arena batida aneja a la verja, poniendo en evidencia las vulnerabilidades de las patrullas israelíes.
En cuanto al lanzamiento del centenar de cohetes entre los días 10 y 11, para los palestinos se trató de una reacción ante los bombardeos efectuados por la aviación israelí, que provocaron 16 víctimas mortales y medio centenar de heridos. Entonces, al igual que hiciera a finales de octubre tras una espiral de violencia muy similar, el nuevo Gobierno egipcio presidido por Mohammed Mursi tomó cartas en el asunto y logró mediar un alto el fuego entre las partes. Por su parte, ese mismo día 12 el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reunía a todo el Cuerpo Diplomático extranjero en la ciudad de Asquelón para advertir públicamente de que no iba a tolerar más lanzamientos que obligaran a la población civil a esconderse constantemente en los refugios, de la misma forma que no lo haría ningún país occidental.

El asesinato de Ahmed Yabari
Da la impresión de que ese día Netanyahu tenía ya un as en la manga, esto es, el seguimiento por parte de sus servicios de inteligencia del principal dirigente del brazo armado de las Brigadas Izzadin Al Qassam, Ahmed Yabari, cuyo asesinato selectivo dio comienzo a la operación Pilar de Defensa. La ejecución de este dirigente del brazo armado de Hamás tenía un alto valor simbólico porque se había encargado del dispositivo de cautiverio del cabo Gilad Shalit, moviéndolo de zulo en zulo entre julio de 2006 y octubre de 2011 en que fue liberado, y que además se personó en el paso fronterizo de Rafah el día del intercambio. Además, según Israel, actuaba a modo de jefe de estado mayor de las Brigadas y como coordinador del lanzamiento de cohetes, lo que le había colocado en el primer lugar de la lista de buscados.
Los palestinos ofrecen una versión muy diferente del personaje, pues dicen había profesionalizado las fuerzas de seguridad regulares y unificado el mando de las Brigadas Izzadin Al Qassam, a la vez que había disciplinado a elementos díscolos de otras milicias (los Comités de Resistencia Popular, las Brigadas Al Quds de la Yihad Islámica, las Brigadas Abu Alí Mustafá del FPLP, entre otras). En decir, era el garante de que una vez que se alcanzaba una tregua, ésta funcionase sobre el terreno y, según ha publicado el pacifista israelí Gershon Baskin (que estuvo involucrado en la trastienda de las negociaciones que posibilitaron la liberación de Shalit), uno de los principales promotores de complementar la reconciliación nacional con Al Fatah y la consecución de una tregua de largo alcance con Israel (según ha publicado Baskin, Yabari incluso había terminado un borrador de documento de tregua pocas horas antes de su asesinato).

Tregua en ciernes
Después de una semana de enfrentamientos, durante la que las milicias palestinas han lanzado cientos de cohetes sobre las ciudades de Israel (incluyendo Tel Aviv y Jerusalén por primera vez, causando la muerte a tres civiles y decenas de heridos) y el Tsahal ha realizado más de un millar de operaciones, bombardeando objetivos de todo tipo dentro de la Franja (silos y lanzaderas de cohetes, depósitos subterráneos de armas y explosivos, pero también múltiples edificios institucionales y blancos civiles como emisoras de televisión) todo apunta a que la proximidad de las elecciones en Israel y el aumento de la presión internacional (hoy está prevista la llegada del Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, y de la Secretaria de Estado de los EE UU, Hilary Clinton) coadyuven al Gobierno israelí a aceptar una nueva tregua. A pesar de las repetidas amenazas por parte de Netanyahu de lanzar una operación terrestre no le interesa presentar bajas militares a pocas semanas de los comicios.
Igualmente no le conviene alargar la campaña militar –que según las estadísticas del ministerio de Sanidad ha provocado ya más de un centenar de muertos y casi un millar de heridos, de los cuales el 40% serían niños, mujeres y ancianos– en vísperas de que el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina y Secretario General de la OLP, Mahmud Abbás, se dirija el próximo día 29 ante la Asamblea General de ONU para solicitar el amejoramiento de su actual estatus como miembro observador a “Estado no-miembro”. Pues de conseguir su objetivo, Abbás podría solicitar (igual que hizo anteriormente de forma exitosa en la UNESCO) a renglón seguido la ratificación del Estatuto de Roma y el correspondiente ingreso en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. En este caso y a diferencia que tras la Operación Plomo Fundido, la nueva entidad palestina podría denunciar a Israel por crímenes de guerra ante el alto tribunal, lo cual no sólo llevaría a la condena internacional del Gobierno Netanyahu, sino que probablemente también contribuiría a su fracaso electoral.

LAS COORDENADAS DE LA NUEVA DIPLOMACIA EGIPCIA



20 de noviembre de 2012

Una política exterior más independiente a la par que moderada busca restaurar la influencia del país árabe.

El presidente egipcio, Mohamed Mursi, no tolerará imposiciones extranjeras. En el discurso político se utiliza la palabra Karama, dignidad en árabe. Se rechaza la docilidad y sumisión tradicionalmente atribuidas a los egipcios.
En palabras de su presidente, el país árabe es un Estado civil, democrático, constitucional y moderno. Mursi sostiene que las relaciones internacionales son abiertas y su base el equilibrio y la independencia. Mantendrá un papel menos explícitamente proestadounidense, distanciándose de décadas de seguidismo de las políticas de Washington. Al mismo tiempo tranquiliza a sus aliados tradicionales.
    
    
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El presidente egipcio, Mohamed Mursi, durante una reunión de la Asamblea de Naciones Unidas, septiembre de 2012.
El destino de su primer viaje oficial al extranjero fue Riad. Egipto y Arabia Saudí comparten intereses y fuertes vínculos religiosos y emocionales. Con 1,7 millones de egipcios trabajando en Arabia Saudí y 700.000 residentes saudíes en Egipto, la teocracia saudí trata de invertiren los salafistas. Pero los Hermanos Musulmanes son más pragmáticos, exitosos empresarios que buscan oportunidades de negocio. Mursi ha desarrollado normas claras y transparentes para esta relación estratégica: coordinación en cuestiones de seguridad del Golfo tras el impacto de la Primavera Árabe.
Sin embargo, su gestión no se ha reflejado en una mejora de las rigurosas condiciones de trabajo de los ciudadanos de su país en el reino saudí. Y las reiteradas acusaciones de activistas de derechos humanos muestran que sigue el maltrato a los presos egipcios.
Con Libia y Túnez, El Cairo ha acordado reforzar la cooperación económica, cultural y en materia de seguridad. La oferta turística puede presentarse como espacio unificado en un solo paquete. Se corregirán defectos estructurales, consolidando los recursos naturales y la fuerza combinada de sus poblaciones. Incluso discrepancias en cuanto a concentración de riqueza, distribución de población y grado de desarrollo económico se convierten en estímulos para afianzar la estabilidad regional. El pacto de solidaridad estaría abierto a otros países árabes y una integración funcional podría convertir al bloque en destino atractivo para la inversión exterior. Particularmente, de los ricos Estados del Golfo, cuyo mercado y población relativamente pequeños no absorben grandes proyectos de desarrollo. La UE con su larga experiencia en integración regional será fuente de apoyo conceptual y logístico para el proyecto.
Otra tendencia es el renovado interés por reubicarse en África. Mursi participó en la pasada cumbre de la Unión Africana en Adis Abeba reclamando para su país un papel de liderazgo. Es esencial devolver a Egipto al seno de los países de la Cuenca del Nilo compuesta por once Estados africanos. Su debilitamiento y la superpoblación amenazan el suministro de agua y la capacidad para regar los cultivos. Según el Instituto Nacional de Planificación, Egipto necesitará casi un 50% más de agua del Nilo en 2050 para satisfacer las necesidades de industria, agricultura y vivienda.
Significativamente su primer viaje fuera de Oriente Medio fue a China. Para reforzar los lazos económicos, el presidente egipcio fue acompañado de siete ministros y una delegación de más de 80 empresarios. Busca diversificar las inversiones que recibe su país, cuya economía se encuentra lastrada por el déficit presupuestario y la carencia de divisas debida al descenso del turismo.
A su regreso, pasó unas horas en Teherán para participar en la Cumbre de Países No Alineados. Su visita sirvió para descongelar las relaciones bilaterales, rotas desde 1979. El encuentro entre el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, y Mursi se vio ensombrecido por las duras críticas del egipcio al régimen sirio, estrecho aliado de Teherán. Para Musi, el apoyo a la revolución en Siria es un deber moral, así como una necesidad política y estratégica. Su plan de paz para Siria da protagonismo a las cuatro potencias regionales: Irán, Turquía, Arabia Saudí y Egipto para encontrar una salida política al conflicto. Egipto, la Liga Árabe, el Consejo de Cooperación del Golfo y Francia reconocen ya a la Coalición Nacional  –unificada– de la oposición recientemente constituida. La coalición, que aspira a la formación de un Gobierno de transición, fijará su cuartel general en El Cairo, sede de la diplomacia árabe.
Mursi ha emplazado a EE UU a rescribir su política hacia los países árabes. Ante todo debe reconocer el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino. El Cairo quiere un Estado palestino con Jerusalén Este (Al Quds) como su capital. A este derecho palestino Mursi condiciona, además, sus compromisos adoptados en los acuerdos de Camp David. Tras los atentados terroristas de agosto en el Sinaí –aprovechados por el presidente egipcio para su audaz contragolpe civil– El Cairo reforzó su presencia militar en la zona. Israel informó que no permitirá que se realicen cambios al tratado que contempla el Sinaí como zona desmilitarizada.
Según Mursi, Estados Unidos tiene  una “responsabilidad especial” para con los palestinos en virtud de los acuerdos de 1978. Camp David nunca fue un tratado de paz ordinario; más bien una anomalía política firmada bajo inmensas presiones y sostenida por constantes sobornos. Desde su firma, El Cairo ha sido el segundo beneficiario de la ayuda de Washington después de Israel, recibiendo un promedio de más de 2.000 millones de dólares (unos 1.560 millones de euros) al año en asistencia bilateral, la mayor parte en materia de defensa.
El presidente Sadat actuó “en representación” del pueblo egipcio, pero el convenio nunca fue ratificado por un parlamento democráticamente elegido. EE UU e Israel han percibido a las naciones árabes a través de sus líderes. El Gobierno israelí tendrá que abandonar su tradición de alianzasverticales con los mandatarios, que solo funcionan con regímenes autoritarios. Con la democratización se impone la horizontalidad y el acercamiento a la opinión pública árabe para una paz duradera.
En el actual conflicto que enfrenta al Gobierno israelí y Hamás desde el pasado 14 de noviembre en Gaza, la diplomacia egipcia multiplica sus esfuerzos de mediación para que se firme un alto el fuego. A diferencia de la ofensiva de hace cuatro años, ahora el Gobierno de El Cairo con los Hermanos Musulmanes se mueve en una delgada línea roja.
Se ha reabierto la frontera con la Franja a través del cruce de Rafah para la ayuda humanitaria. La visita del activo primer ministro egipcio, Hisham Qandil,  la más importante efectuada a Gaza en los cinco años y medio que lleva controlada por Hamás, es una muestra de solidaridad. Qandil denunció el ataque indiscriminado israelí y anunció nuevas “visitas egipcias oficiales y no oficiales” a la Franja.
Es responsabilidad de Washington reparar las relaciones con el mundo árabe y revitalizar los lazos con Egipto. Mursi insta a Barack Obama a actuar “contundente y rápidamente” para reafirmar su respaldo a los gobiernos emergidos de la Primavera Árabe. Advierte que Estados Unidos no debe juzgar los valores del mundo árabe que difieren de los occidentales.
      
La diplomacia egipcia multiplica sus esfuerzos de mediación para que se firme un alto el fuego en Gaza
      
Mursi desestimó críticas de la Casa Blanca acusándole de no actuar para evitar el asalto a la Embajada estadounidense en El Cairo tras la distribución del vídeo denigrando al islam. El líder egipcio argumenta que el personal diplomático nunca se encontró en peligro. No hay soluciones a corto plazo para estos incidentes. Es importante el común rechazo a la violencia en un proceso largo de comprensión mutua entre Gobiernos, líderes religiosos y una sociedad civil cada vez más vigorosa.
La relación bilateral con EE UU se ha enfriado considerablemente. El Congreso examina la suspensión de asistencia económica a países en los cuales hayan sido atacadas sedes diplomáticas de Estados Unidos.

A pesar de las protestas en la plaza Tahrir, se mantiene todavía  el  respaldo a la gestión de Mursi. Su problema más acuciante es el económico, con más de 35.000 millones de dólares de deuda. Gran parte a causa del ilegítimo y corrupto régimen anterior. Obligar –sin ayudas– al pueblo egipcio a pagar esta deuda es un castigo excesivo. El apoyo internacional para un alivio de estos compromisos (ya insostenibles) viene del FMI (respaldado por EE UU), el Banco Mundial y la UE. Los gobiernos amigos de Qatar y Arabia Saudí ya acudieron en auxilio de las arcas egipcias.
Los Hermanos Musulmanes se inspiran en el exitoso modelo económico liberal turco. Otra lección a aprender de Turquía será que el laicismo no significa antiislam, sino un sistema en que el Estado respeta todas las creencias. Esto es decisivo en un país con una importantísima comunidad cristiana copta que representa entre el 12% y el 14% de la población.
Los fondos de emergencia negociados por Egipto (con  diferentes países y organismos) incluyen un préstamo de Turquía fomentando las relaciones bilaterales en todos los sectores. No obstante, el orgullo nacionalista del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, y sus aspiraciones de liderar la región con su modelo turco pueden chocar con el excesivo protagonismo de Mursi.
En el conflicto sirio los esfuerzos de apaciguamiento de El Cairo excluyen el envío de un contingente panárabe de disuasión. Las Fuerzas Armadas de Egipto son las mayores del mundo árabe; y las de Turquía las mayores de la OTAN después de EE UU. Ambas realizan maniobras conjuntas de forma anual, pero Ankara no contará con el apoyo militar de El Cairo en caso de una guerra abierta con Siria.
En cuanto a Europa, la visita de Mursi el pasado mes a Bruselas, la Comisión ofreció una asistencia macrofinanciera una vez materializado el acuerdo de Egipto con el FMI. También está considerando una ayuda al presupuesto para respaldar el plan de recuperación económica del país. Se iniciará pronto la negociación de un área de libre comercio.
Una delegación europea con representantes de más de 100 empresas (una cuarta parte españolas) participaron el pasado día 13 en la Cumbre UE-Egipto para los negocios y el turismo. Los principales problemas identificados por los empresarios europeos fueron el retraso en los pagos, las trabas burocráticas, la falta de transparencia y la necesidad de seguridad jurídica. Otro obstáculo clave para la atracción de capital es la estabilidad política.
La Unión Europea es, junto a Estados Unidos y China, el principal mercado para Egipto, de donde importa principalmente productos de minería y carburantes, químicos y productos agrícolas. Además, es la primera fuente de inversión extranjera, ya que aporta cerca del 80% de los recursos que llegan al país por esta vía.
La política exterior europea no se limitará al papel económico. Dos ejemplos. Por un lado, se ha lanzado un ambicioso programa de ayuda –en especial a las organizaciones civiles– para garantizar una participación activa de la mujer en la toma de decisiones, mejorar su poder económico y promover el conocimiento de sus derechos. Se trata de asegurar e impulsar el papel clave de la mujer en la Primavera Árabe. Por otro, la UE ha puesto de relieve elementos positivos incluso en la reciente oleada de ataques a embajadas occidentales. Mientras las dictaduras reaccionaron de manera populista en casos similares en el pasado, los gobiernos democráticos actuales condenaron a quienes ejercieron la violencia afirmando que esa vía no es admisible.
La tarea de Europa es, en definitiva, establecer una nueva dimensión euroárabe. Conviene recordar lo señalado por el enviado especial de la UE para el Sur del Mediterráneo, Bernardino León: la presión diplomática para garantizar el respeto a las libertades fundamentales y los derechos humanos es válida, pero la pasada política de acercamiento a las dictaduras fue equivocada.
Mursi es el primer presidente egipcio con legitimidad democrática. Hasta ahora se ha mostrado prudente y relativamente eficaz. Sus mayores retos están en el ámbito interno. Su política exterior es a la vez independiente y moderada. Con ella devuelve a Egipto un papel central y mayor capacidad de influencia.