domingo, 6 de marzo de 2011

Esta revolución es por dignidad


Esta revolución es por dignidad

La épca del miedo ha terminado. Las sociedades árabes aspiran a la libertad que se les ha negado son La el fin del miedo a unos dictadores ajenos a las aspiraciones de libertad de unas sociedades mayoritariamente jóvenes

Estamos en el principio. Pero afecta a tal volumen de personas y territorio, entraña tantos posibles cambios políticos y geoestratégicos, tanto impacto potencial en la economía mundial, tanto desconcierto en las diplomacias, que cuesta imaginar que el siglo XXI depare muchos acontecimientos de este calado. Llamar a lo que está ocurriendo "revolución árabe" resulta reductivo, porque puede acabar afectando a países no árabes como Irán. También es reductivo explicar la revolución por factores económicos, aunque existan. Las revoluciones se hacen por ideas y sentimientos, y la de ahora se alza como emblema la dignidad humana.

No es casual que el detonante fuera un suceso poderosamente metafórico. La historia de Mohamed Buaziz y su carrito de frutas ha dado la vuelta al mundo. El carrito de Buaziz, un joven de 26 años residente en Sidi Buzid (Túnez), fue confiscado por la policía. Ya le había ocurrido otras veces y con un pequeño soborno podía resolverlo. Pero cuando fue a quejarse, una funcionaria, Fadia Hamdi, le escupió a la cara. Eso, la humillación, fue lo que Buaziz no pudo soportar. Ese mismo día, 17 de diciembre de 2010, se prendió fuego.

La desgracia de Buaziz conmovió a sus vecinos y provocó una primera manifestación. La indignación se extendió rápidamente al país entero. Conviene resaltar aquí otro factor esencial e innovador de la revolución: Internet y las redes sociales. Cuando casi ningún medio informativo internacional había recogido aún la inmolación del frutero y las incipientes revueltas tunecinas, muchos jóvenes en un país tan lejano como Jordania habían adoptado ya la foto de Buaziz como avatar. La cadena de televisión catarí Al Yazira recogió el suceso porque uno de sus periodistas se enteró a través de Facebook.

Gracias al ciberespacio, los jóvenes árabes ignoraban las fronteras nacionales. El caso de Buaziz fue de inmediato asumido como propio por los vecinos argelinos. Y por los egipcios, muy sensibles desde el verano anterior. El 6 de junio de 2010, Jaled Said, de 28 años, fue detenido en Alejandría por dos policías de paisano que le golpearon hasta matarle, ante testigos. Varios jóvenes profesionales, bajo la cobertura del Premio Nobel de la Paz y dirigente opositor Mohamed el Baradei, crearon en Facebook un grupo llamado "Todos somos Jaled Said". En pocos días, el grupo congregó a cientos de miles de personas y se convirtió en el principal foco de oposición al régimen de Hosni Mubarak.

La llama prendió de forma fulminante. A principios de enero, grandes manifestaciones agitaban las principales ciudades de Túnez y Argelia. En Egipto, mientras, la revolución se preparaba con minuciosidad. Wael Ghoneim, ejecutivo comercial de Google y uno de los creadores de "Todos somos Jaled Said", contó semanas más tarde que él y sus compañeros dedicaron las primeras semanas de enero a ensayar manifestaciones en barrios periféricos, estudiando convocatorias inmediatas y formas de despistar a la policía.

Las revueltas magrebíes fueron generalmente interpretadas como protestas económicas. El presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali creyó que con una visita al hospital donde yacía el agonizante Buaziz (fallecido el 5 de enero) y con algunos subsidios para abaratar los alimentos bastaría para calmar los ánimos. Llevaba 24 años en el poder, había saqueado impunemente el país y estaba habituado a las llamadas revueltas del pan. Como el resto de los dictadores de la región, como los dirigentes y la opinión pública de los países más desarrollados, creía que la represión y el pan barato constituían formas infalibles de someter a las poblaciones árabes, ajenas a otra aspiración que ir sobreviviendo y sin capacidad para vivir en democracia.

Ese es otro elemento importantísimo: la propia sociedad árabe se sentía indigna y humillada. Tras la descolonización, no había conocido otra cosa que derrotas frente a Israel, dictaduras bochornosas, represión, atraso social, miedo. Y desprecio, mucho desprecio por parte del resto del mundo. Aparentemente, lo único que importaba de los árabes era el petróleo, el gas y la "estabilidad" bajo regímenes tan infames como mimados por Europa y Estados Unidos. Aunque resulte obvio, hay que recordar además que la islamofobia existe. Especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, los musulmanes quedaron bajo sospecha permanente. Un árabe medio no es más religioso que un estadounidense medio, pero su religión se asocia con el integrismo y el terrorismo. En la ecuación occidental, lo que no era una dictadura "moderada" (eufemismo de sumisión a Washington), era Al Qaeda o subversión proiraní. El cóctel de humillaciones, internas y externas, contenía todos los ingredientes.

Ahora, en 2011, el 68% de los árabes tienen menos de 30 años. Esta inmensa generación de muchachos y muchachas no conoció acontecimientos como la descolonización o la Guerra de los Seis Días, pero gracias a la televisión por satélite siempre estuvo en contacto con la cultura occidental. Vivieron el desastre de la invasión de Irak pero, además de sentir una intensa solidaridad con el sufrimiento de los iraquíes, quedaron marcados por una imagen de 2003: la de Sadam Husein, dictador todopoderoso, detenido en el sótano donde se ocultaba de forma miserable. Ese impacto visual les enseñó lo frágil que puede ser un tirano.

"No tenemos miedo", gritaban los manifestantes en Túnez. Ben Ali no logró que el Ejército asumiera tareas represivas. En sociedades tan estáticas como las árabes, donde la educación y el trabajo raramente sirven para prosperar porque lo que cuenta es pertenecer a la élite del poder o arrimarse a ella, el Ejército constituye el principal ascensor social. Entre los mandos militares abunda la gente de procedencia humilde. Eso, unido al servicio militar obligatorio, por el que cada familia tiene a alguien de uniforme, explica en gran medida el respeto mutuo entre Ejército y sociedad civil. También es cierto que los generales suelen optar por despedir a un dictador acabado antes que arriesgar sus privilegios en batallas inciertas. Por eso algunos dictadores prefieren tropas mercenarias, caso de Libia, o ejércitos pequeños e ineficientes, caso de Arabia Saudí.

Después de poner limitaciones adicionales al uso de Internet, después de cerrar escuelas y universidades, después de prometer que bajaría el pan y que no se presentaría a la reelección como presidente, Ben Ali no consiguió otra cosa que el recrudecimiento de las protestas y una inequívoca señal de despedida por parte de los militares. El 14 de enero cargó todo el dinero que cupo en las maletas y escapó a Arabia Saudí.

Para entonces, los jóvenes egipcios ya habían fijado la fecha de la insurrección: el martes 25 de enero, festivo porque era, irónicamente, el Día de la Policía. La magnitud de las manifestaciones del 25 de enero en El Cairo, Alejandría y otras ciudades sorprendió a los propios organizadores. Mientras la televisión pública emitía películas y programas sobre gloriosas hazañas policiales, la policía cargaba contra la multitud. Hubo cuatro muertos y más de 500 detenidos.

La espita de la furia estaba abierta. Para el viernes 28 se convocó una Jornada de la Ira que resultó asombrosa. Ese 28 de enero quedó claro que la caída de Mubarak era sólo cuestión de tiempo. Quizá nunca, en tiempos modernos, se registró una batalla tan dura y multitudinaria entre policía y manifestantes. Al caer la tarde, la policía había agotado ya los gases lacrimógenos y las balas de goma y empezaba a disparar fuego real. Mubarak ordenó al Ejército que interviniera y el jefe supremo de los militares, su viejo amigo el mariscal Mohamed Tantaui, respondió negativamente. La policía se retiró y las ciudades, bajo nubes de gas y sacudidas por tiroteos ocasionales, quedaron en manos de la gente.

Mubarak recurrió a los trucos clásicos del manual del dictador árabe. Bloqueó los teléfonos móviles e Internet. Prometió que su hijo Gamal, multimillonario y heredero designado, no se presentaría a las elecciones presidenciales. Prometió que tampoco se presentaría él. Subió el sueldo de los funcionarios. Delegó "poderes de negociación" en un nuevo vicepresidente, Omar Suleimán, jefe de los servicios secretos, y cambió al primer ministro. Bajo mano, reconvirtió a la policía política en bandas de saqueadores y matones, con la esperanza de que los egipcios se horrorizaran ante el caos y le aceptaran como mal menor.

El 11 de febrero, Hosni Mubarak, el hombre que desde 1981 garantizaba la "estabilidad" en Oriente Próximo y cooperaba en lo que hiciera falta con Israel, el presidente que en 2004 prometió que seguiría en el cargo mientras respirara, el gran amigo de Occidente, dimitió y escapó a escondidas a su residencia de Sharm el Sheij, junto al mar Rojo. Dejó a sus espaldas más de 300 cadáveres. El Ejército asumió el poder y garantizó que organizaría una rápida transición a la democracia. Hasta ahora, aunque mantiene el estado de excepción, no ha defraudado a los egipcios.

Lo que más sorprendió a la opinión pública internacional fue que en la plaza de Tahrir se mezclaran hombres y mujeres, laicos y religiosos, jóvenes y ancianos, en una convivencia armónica. Que a nadie se le ocurriera quemar una bandera estadounidense. Que apostaran por la resistencia pacífica. Que pidieran cosas como libertad, democracia y justicia. Los tópicos fallaban uno a uno.

Muchos siguen queriendo ver tras la revolución egipcia la amenaza de los Hermanos Musulmanes, la más influyente organización islámica en el planeta. Puede ser que acaben asumiendo el poder, pero su partido, Libertad y Justicia, ya está amenazado por dos escisiones, una juvenil y otra progresista, y su ideología básica es más conservadora y tolerante de lo que piensan los recelosos.

La caída de Mubarak fue la señal definitiva: los árabes podían alzar la cabeza, conquistar la dignidad y asumir su propio destino. Para desmentir que el despertar árabe tuviera raíces exclusivamente económicas, el 14 de febrero, a través de Facebook, chiíes y suníes del rico emirato de Bahréin convirtieron céntrica la plaza de la Perla en símbolo de su rechazo al absoluto control de la dinastía Al Jalifa sobre la política del emirato. Son de la familia Al Jalifa: el rey, el jefe del Gobierno (40 años en el poder) y 11 ministros.

El 24 de febrero, el Gobierno argelino dio el primer paso atrás ante la presión popular y acabó con 19 años de estado de excepción. El 26 de febrero comenzaron las manifestaciones en Omán, un pequeño reino que junto al vecino de enfrente, Irán, domina el vital estrecho de Ormuz. El mismo día, bautizado como Jornada de la Ira panárabe, hubo manifestaciones en Jordania, donde el rey Abdalá ya había tomado medidas preventivas (cambio de Gobierno, subvenciones a alimentos y gasolina), y en Irak, donde la policía mató a 12 personas.

En Yemen, un país pobre, dividido y al borde del abismo, las protestas contra el dictador prooccidental Ali Abdalá Saleh (32 años en el poder) habían comenzado ya el 27 de enero.

En Siria, paradigma de régimen represivo, en Arabia Saudí y en Irán, los conatos de revuelta han sido sofocados por el momento.

Queda Libia, donde otro dictador anciano, decidido a que el país entero le acompañe en su caída, pelea contra la Historia. De los sucesos de Libia, los más violentos hasta ahora en la cadena de "intifadas", se informa en otras páginas. La gran revolución por la dignidad árabe no ha hecho más que empezar.

Tunus'ta şimdi Türkiye zamanı




Arap dünyasındaki özgürlük ve demokrasi isyanının fitilini ateşleyen Tunus, 23 yıllık Zeynel Abidin bin Ali'nin baskıcı rejiminin ardından geleceğini belirlemeye çalışıyor. Eski Fransız sömürgesi ülkede devrimle birlikte Fransa'nın siyasî etkisi önemli oranda azalırken, yeni Tunus'u inşa etmek isteyen siyasetçilerin gözünü çevirdiği ülke ise Türkiye. Zorlu bir dönem geçiren Tunusluların ilham kaynağı, Türk halkının demokrasi mücadelesi.

Arap devriminin fitilini ateşleyen Tunus, siyasi geleceğini çizmeye çalışıyor. Mısır, Libya ve Bahreyn gibi ülkelere de sıçrayan ayaklanmaların başladığı Tunus'un demokrasiye geçiş sürecindeki tecrübeleri de Arap dünyası için büyük önem taşıyor. Ancak 24 Temmuz'da yapılacak seçimler öncesinde siyasi bölünme ve ekonomik sıkıntılar nedeniyle zorlu bir dönem geçiriyor. Tunusluların ilham kaynağıysa Türk halkının demokrasi mücadelesi.

Tunus, 24 Temmuz'da yapılacak seçimlerle kurucu meclisin temsilcilerini belirleyecek. Kurucu meclisin ülkenin yeni anayasasını yazması bekleniyor. Ancak son bir ayda üç kez hükümetin değiştiği Tunus'ta geçici hükümet 4 ay sonra yapılacak seçimlere hazırlanmakta zorluk çekiyor. Toplum, başkanlık sistemi ile parlamenter sistemi savunanlar arasında bölündü. Hafta içinde geçici başbakanlık görevine gelen Beci Kaid Essebsi'yle birlikte sular durulsa da Tunuslular şimdiden ikiye bölünmüş durumda. Geçici hükümette yer alan Bin Ali rejimi bakanlarını protesto eden göstericiler haftalardır her gün devrimle birlikte meşhur olan Kasbah Meydanı'nda toplanıyor. Daha çok üniversite öğrencilerinden ve diplomalı işsizlerden oluşan Kasbah'taki göstericilerin talebi Bin Ali'nin partisine mensup bakanların istifa etmesi ve parlamenter rejime geçilmesiydi. Ancak Menzah Meydanı'nda yeni bir grup daha oluşmuş durumda. Daha çok memur ve gelir düzeyi yüksek kesimden oluşan orta yaşlı Menzah grubu da gençleri istikrarı bozmakla suçluyor ve başkanlık sistemini savunuyor.

SAHİLLER FRANSIZ LAİKLİĞİNİ SAVUNUYOR

Cuma günü iki meydandaki göstericiler ilk kez sokaklardan çekilmiş olsa da tansiyonun artması halinde bu kutuplaşmanın eski ve yeni rejim yanlıları arasında bir çatışmaya dönüşmesinden endişe ediliyor. Kapitalis isimli haber sitesinin editorü Ridha Ketfi, Menzah'taki göstericilerin daha çok eski rejime yakın kişilerden oluştuğunu belirtiyor. Ketfi'ye göre, devrim esnasında sessiz kalan Bin Ali taraftarlarının ilk kez sokağa çıkması açısından büyük önem taşıyor.

23 yıl Zeynel Abidin bin Ali'nin baskıcı rejimi altında yaşayan Tunus'ta 14 Ocak'tan bu yana parti enflasyonu yaşanıyor. Bin Ali döneminde yasal ve yasa dışı toplam 9 partinin bulunduğu ülkede, çarşamba günü kurulan 8 partiyle birlikte 21 farklı siyasi parti mevcut. Daha çok sol partilerin bulunduğu Tunus'ta ilk kez milliyetçi, çevreci ve İslamcı eğilimlere sahip partiler resmiyet kazandı. Ancak adayların büyük kısmı halk tarafından tanınmıyor ve kurucu mecliste çok sayıda küçük partinin yer almasına kesin gözüyle bakılıyor.

'ERDOĞAN KİMİ İŞARET EDERSE O KAZANIR'

Eski Fransız sömürgesi Tunus'ta devrimle birlikte Fransa'nın siyasi etkisi de önemli oranda azalmış durumda. Eski rejimi destekleyen ve Bin Ali'nin ülkeyi terk etmesine saatler kala bile destek açıklaması yapan Paris'e tepki büyük. Yeni bir Tunus inşa etmek isteyen siyasetçilerin gözünü çevirdiği ülke ise Türkiye. 1956'ya kadar Osmanlı döneminden kalma Türk beyleri tarafından yönetilen Tunus, 55 yıl sonra yeniden Türkiye modelini tartışıyor. Turistik kıyı şehirlerinde yaşayan yüzde 10'luk bir kesim Fransız modeli laikliği savunsa da, toplumun büyük kısmını muhafazakar seçmenler oluşturuyor. İslami eğilimli Ennahda hareketinin lideri Raşid Gannuşi, AK Parti'yi model aldığını açıklarken, sol eğilimli Ahmet Necip Çebbi, Tunus'un Türkiye'deki demokrasi modelini benimsemesi gerektiğini savunuyor. Çebbi, "Bugün Türkiye'ye olan sempatimizi artıran yeni bir fenomen daha mevcut. Türkiye'de ılımlı İslami siyasetçiler tarafından başarıyla uygulanan katılımcı demokrasi modeli. Müslüman kültürle Batı kökenli demokrasi kültürünü birleştiren Erdoğan'ın politikalarını yakından izliyoruz." sözleriyle Türkiye'deki demokrasi mücadelesini örnek aldıklarını açıklıyor. Çarşamba günü kurulan Onur ve Eşitlik Partisi'nin başkanı Muhammed Salih Bedri, AK Parti'nin programını uygulayacaklarını duyuruyor. Siyasi Reform Komisyonu Başkanı İyad bin Aşur da, "Türkiye'de Erdoğan İslami bir siyasi cenahtan gelip demokratik ve laik bir rejimle Müslümanları barıştırabileceğini gösterdi. Siyasetçilerin Türkiye'ye yoğun ilgisinin arkasında Erdoğan'ın son yıllarda halk nezdinde yükselen popülaritesi yatıyor. Başkent Tunus'un tarihi çarşısı Medina'da rehberlik yapan Foued'in, "Erdoğan, Tunus'ta hangi siyasetçiye işaret ederse seçimleri o kazanır." sözleri durumu özetliyor.


Biz Araplar Türkiye hakkında yanılmışız

67 yaşındaki Ahmet Necip Çebbi 23 yıl iktidarda kalan Zeynel Abidin bin Ali'ye karşı mücadelenin en eski yasal muhalif ismi. 2004 ve 2009'daki cumhurbaşkanlığı seçimlerinde Bin Ali'ye karşı adaylığını koyan Çebbi'nin önü yasal değişikliklerle kesildi. 46 yıllık siyasi hayatının yarısını yasaklı geçiren Çebbi, 32 yıl hapis cezasına çarptırıldı. 6 yıl hapis yattı ve 11 yıl sürgünde yaşadı. 2001'den bu yana sol eğilimli yasal bir muhalefet partisi olan İlerici Demokrasi Partisi'nin (PDP) liderliğini yapan Çebbi, Tunus'ta en tanınmış siyasetçilerden biri. İslami Ennahda hareketinin lideri Raşid Gannuşi gibi çok sayıda muhalif ülkeye geri dönmüş olsa da, Çebbi seçim anketlerinde yüzde 8'lik destekle önde görünüyor.

Ahmet Necip Çebbi, Tunusluların tarihi olarak Türkiye'ye büyük sempati duyduğunu hatırlatarak, Türkiye'nin yakın zamanda yaptığı açılımı izlediklerini söyledi. Türkiye'de son yıllarda yaşanan demokratik açılımların iki önemli sonuç doğurduğunu belirten Çebbi, "Türkiye hem ekonomik olarak büyük bir sıçrama yaşadı hem de bölgesinde büyük bir prestij kazandı. Eskiden Arap ülkeleri, daha çok ABD ve İsrail'in politikalarına yakın imajını veren Türkiye'ye şüpheyle yaklaşıyordu. Bugün, Türkiye yerini buldu ve bölgesinde hak ettiği saygıyı görüyor. Araplar, Türkiye'nin geri dönüşünden çok memnun." ifadelerini kullandı. Tunuslu lider, özellikle Türkiye'nin Filistin halkına verdiği desteğin Arapların Türk toplumuna bakışını tamamen değiştirdiğini savundu. Çebbi, Arap siyasetçilerin 20. yüzyılda Osmanlı'ya ve Türklere karşı bazı önyargılar beslediğini hatırlatarak, "Türklerle Araplar arasında Birinci Dünya Savaşı'ndan bugüne aramızda bazı yanlış anlaşılmalar oldu. Bugün görüyoruz ki, biz Araplar, Türkiye hakkında yanılmışız. Artık birbirimizden ayrı düştüğümüz o dönemin kapandığını söyleyebiliriz. Hem tarihiyle hem de yaşadığı çağla barışmış bir Türkiye bizim gözümüzde büyük bir başarı örneğidir. Ümidimiz, Tunus'un da aynı evrimi geçirerek Türkiye gibi bir ülke olması."

Yeni Tunus'u Türk işadamlarıyla inşa edeceğiz

Yasemin Devrimi'nin başarıya ulaşması için ülkedeki gelir farkının kapatılması ve ekonominin istihdam üretecek seviyeye ulaşması gerektiğini kaydeden Çebbi, Türk işadamlarına yatırım çağrısında bulundu. Çebbi, "Tunus'un yeniden inşa edilmesi gerekiyor. Benim arzum ve diğer geçici hükümet üyelerinin de niyeti Tunus'un yeniden inşası için Türk müteahhitleri çağırmak. Özellikle altyapı ve otoyol çalışmaları için. Türk işadamlarının ne kadar başarılı bir performans sergilediğini biliyoruz." dedi. Çebbi, ekonomisi turizme bağlı Tunus'un Türkiye'deki üretim modelini izleyerek tekstil, inşaat gibi bazı sektörlerde uzmanlaşması gerektiğini söyledi.

Askerî müdahale riski var

Hafta içinde geçici hükümetteki bakanlık görevinden istifa eden Çebbi, askeri müdahale tehlikesine dikkat çekti. Farklı partilerin üyelerinden oluşan geçici hükümetin siyasi çekişmeler nedeniyle zayıf düştüğünü iddia eden Çebbi, ordunun geçici hükümete el koyma ihtimalinin bulunduğunu ama kalıcı şekilde iktidarda kalmayacağını söyledi. Çebbi, Arap ülkelerinde yaşanan devrimlerde ABD'nin rolü olduğu yönündeki iddiaları şu sözlerle cevapladı: "Bu isyanlar 50 yıldır süren diktatörlük rejimlerinden bıkmış halkın 'artık yeter' haykırışıdır. Bu devrimler, toplumun derinliklerinde birikmiş acıların patlayarak gün yüzüne çıkmasıdır. 50 yıldır aşağılanan, ezilen ve baskı altında tutulan halklar Muhammed Bouazizi'nin kendini yakmasıyla ayağa kalkmıştır. Eğer o genç kendini yakmayı göze aldıysa, o ateşten daha yakıcı bir cehennemde yaşadığı içindi."


Siyasi Reform Üst Komisyonu Başkanı İyad Bin Aşur: İlk demokratik seçimimizde Türkiye'den destek bekliyoruz

Tunus, 4 ay sonra tarihinde ilk kez demokratik bir seçim gerçekleştirecek. Kurucu meclisi belirleyecek tarihi seçim öncesinde Zaman'a konuşan Siyasi Reform Üst Komisyonu Başkanı İyad bin Aşur, seçim sürecinde Türkiye'nin desteğine ve tecrübesine ihtiyaç duyduklarını söyledi. Ülkenin en saygın anayasa hukukçusu Prof. Dr. Bin Aşur, 14 Ocak'ta Bin Ali'nin devrilmesinin ardından seçim yasaları ve anayasanın yazılması için kurulan komisyonun başkanlığına getirildi. Anayasa taslağını hazırlarken Türkiye'nin dönem başkanlığını yaptığı Avrupa Konseyi'nin kriterlerini göz önünde bulundurduklarını kaydeden Bin Aşur, seçim sürecinde Türkiye'nin desteğine ve tecrübesine ihtiyaç duyduklarını kaydetti.

Eski rejimin antidemokratik uygulamalarını temizlemek için görevlendirildiklerini kaydeden Bin Aşur, "Bin Ali, belki tarihin en acımasız diktatörlerden birisiydi. Devlet yönetmenin ne anlama geldiğini dahi bilmiyordu. 23 yıl boyunca Tunus, bir mafya çetesi tarafından yönetildi. Biz hukukçuların görevi, bugün tüm yasal metinlerden Bin Ali'nin izini silmek." ifadelerini kullandı.

Komisyon Başkanı, "Bu, Tunus için bir ilk olacak. Bağımsızlığından bu yana hiçbir demokratik seçim yapılmadı. Burgiba tamamen meşru bir şekilde iktidara geldi. Ancak daha sonra Tunus kapalı bir rejime dönüştü. Hiçbir zaman şeffaf ve gerçek anlamda çok partili bir seçim yapılmadı. Bin Ali iktidara gelince, muhalif partilerin seçimlere girememesi için birçok hukuk dışı yasal tuzaklar oluşturmuş." dedi.

Avrupa standardında anayasamız olacak

Seçim yasasını ve anayasa taslağını bir ayda hazırladıklarını söyleyen Bin Aşur, "Anayasa taslağını hazırlarken daha çok İspanya ve Portekiz anayasalarını temel aldık. Türkiye'nin dönem başkanlığını yaptığı Avrupa Konseyi'nin kriterlerini de göz önünde bulundurduk. Uzmanlar tarafından hazırlanan taslağımız, 24 Temmuz'da kurulacak kurucu meclis tarafından tartışılarak son halini alacak. Avrupa standartlarında bir anayasa olacak." dedi. Dışişleri Bakanı Ahmet Davutoğlu, geçen ay Avrupa Konseyi Dönem Başkanı sıfatıyla Tunus'u ziyaret etmişti. Bin Aşur, en büyük zorluğu seçim hazırlıklarında yaşadıklarını kaydederek, "Seçim operasyonu için Türkiye'nin desteğine açığız. En az 15 bin seçim memuruna ihtiyacımız var. Bunların eğitimi için yeterli eğitmenimiz ve süremiz yok." sözleriyle Türk yetkililere yardım çağrısında bulundu. Tunus'un kurucu meclis seçimlerinde ilk kez 21 parti ve bağımsız siyasetçiler aday olabilecek. Seçime katılan adaylar, ilk kez kampanya için devlet yardımı alacak. 24 Temmuz'da devlet bütçesinden eşit oranda pay alacak adaylar, bundan sonraki seçimlerde oy oranına göre pay alacak.

Tunus geçici Cumhurbaşkanı Fuad Mebazza'nın "geçiş sürecinin en kritik ismi" olarak nitelendirdiği İyad bin Aşur, tüm siyasi kesimlerin güvenini kazanmış tarafsız bir isim olarak biliniyor. Aşur, Tunus'un ünlü din alimi Şeyh Tahar bin Aşur'un da torunu.

sábado, 5 de marzo de 2011

ARABIA SAUDÍ, PROTEGIDA POR EL ‘ORO NEGRO’



El país es consciente del descontento de la sociedad, aunque nada indica que el régimen esté a punto de caer.


AFP/Gettyimages

El Magreb y Oriente Medio viven un momento histórico. Es inutil intentar comparar las revueltas actuales con la Revolución Francesa de 1789 u otro alzamiento popular contra una dictadura. Y difícil resulta hacer pronósticos sobre el próximo déspota en exiliarse o “morir en su tierra”, como dijeron Hosni Mubarak y Muamar al Gadafi. Pero he aquí un caso especial: Arabia Saudí. El reino de la familia Al Saud, en el poder desde 1932 y fundadora del país, es un férrea dictadura que no piensa abandonar sus palacios de un día para otro, y seguramente ni Occidente le animará a ello. Simplemente porque es el primer productor y exportador de petróleo del planeta. ¿Una guerra civil en el reino árabe? Provocaría una onda expansiva muy desestabilizadora para la economía global.

La monarquía está rodeada y no pasa ni un solo día sin que las autoridades de Riad miren con atención las noticias de la cadena Al Yazira. Tras ver que las revueltas habían llegado a Yemen y a Bahrein, el rey Abdalá, de 86 años y muy debilitado por una reciente operación, regresó a su país para anunciar millonarias donaciones a su pueblo. Una prueba de que el régimen tenía miedo al contagio, sobre todo en el Este del reino, donde se concentra la población chií, analizaron algunos expertos. No les falta razón, pero también demuestra que la oligarquía saudí quiere ante todo dar una imagen de unidad ante la adversidad ―ver caer a los dirigentes de la región es un trauma para los saudíes― y, de nuevo, pretenden arreglarlo todo con dinero. Todos los príncipes fueron la semana pasada a recoger a Abdalá al aeropuerto de Riad con el fin de mostrar la unidad de una familia que en realidad está dividida.

Los súbditos saudíes tienen muchas razones para manifestarse. Y, aunque las concentraciones públicas están prohibidas, los intelectuales del reino que osan criticar el poder llevan años enviando cartas al rey, pidiéndole reformas sociales y políticas. Hace ya 13 años que el Gobierno reconoció que la era del petróleo “había terminado”, en palabras de Abdalá, entonces príncipe heredero, aunque tampoco propuso grandes reformas para aliviar su dependencia económica del oro negro. Y desde entonces, una realidad es cada vez más evidente en las calles de las grandes ciudades del país: más del 65% de la población tiene menos de 25 años; los jóvenes no encuentran trabajo en una sociedad que depende de la mano de obra extranjera y cuyo sistema de educación es poco práctico; el paro alcanza 12%, según las autoridades, entre 25 y 30%, según fuentes independientes. Son cada vez más las personas que, aunque fieles a su ritmo de vida conservador, critican los excesos de la policía religiosa o las interpretaciones rigurosas del islam.

¿Cuál es el problema? Arabia Saudí es un país que nació con la familia Al Saud, con el Corán como única referencia de legalidad; es un Estado donde no existe el derecho de formar una asociación. Los saudíes, aunque educados y urbanos, no tiene cultura política y social alguna. Por supuesto, la sociedad civil intenta organizarse con la publicación en la prensa de temas tabú como la homosexualidad o las drogas, y varios intelectuales exigen desde 2003 una monarquía constitucional. Esto se permite siempre y cuando no se ponga en tela de juicio la institución intocable: la familia real. Los hermanos que gestionan el reino árabe se aferrarán al poder y responden a cada oportunidad de apertura con represión; incluso las elecciones de 2005 fueron algo controlado y casi cosmético.

La sociedad saudí es conservadora e islámica. Esto no puede olvidarse, aunque el momento clave para que el sistema dé un vuelco se producirá cuando la relación entre el régimen y la sociedad cambie. Si la familia Al Saud quiere seguir en el poder, debe entender que distribuir dinero no es suficiente. Los saudíes lo cogerán, pero podrían cansarse de ello. El reino no es un país tan unificado y es posible imaginarse conflictos locales en algunas zonas (el sur, el este chií), algo que el Gobierno impediría utilizando la fuerza. Y conseguiría incluso el respaldo de Occidente. ¿Por qué? Porque Arabia Saudí puede jactarse de haber resistido a las amenazas internas y externas: después del 11-S, eran muchos los analistas que anunciaban una intervención militar de Estados Unidos para dividir el país en varias partes y hacerse con los pozos de petróleo. Pero este tipo de proyecciones no se produjeron y el caos de Irak demuestra que hasta la Casa Blanca puede equivocarse y se lo pensará dos veces antes de lanzarse en otra guerra.

Arabia Saudí, gran aliado militar de Estados Unidos, es un maestro de la ceremonia. Lo acaba de demostrar con la crisis en Libia, anunciando a los Gobiernos occidentales que abrirá el grifo de petróleo si hace falta. El país tiene el 20% de las reservas mundiales de un líquido del que nadie puede prescindir. A nivel interno, los príncipes saudíes están mucho más preocupados por la sucesión tras la muerte del rey Abdalá que por los supuestos movimientos a favor de la democracia capaces de alzarse contra el régimen. Arabia Saudí sólo podrá cambiar con una revolución política y religiosa interna y esto puede necesitar tiempo.

¿ES POSIBLE QUE LAS REVUELTAS LLEGUEN A CHINA?



Solo se han producido tímidos conatos de protestas que han sido abortadas por la policía rapidamente. Existe una masa crítica, pero cualquier intento sería aplastado con sangre y fuego. Además el pueblo chino, tras las revoluciones sufridas, prioriza la estabilidad sobre la libertad.

Frederic J. Brown/ AFP/Getty Images

“Como hormigas en un wok caliente”. Así describe un bloguero chino el estado de nerviosismo que han provocado las revueltas del mundo árabe en el Partido Comunista Chino (PCCh).

De momento en el país sólo se han producido tímidos conatos de protestas que han sido con rapidez abortadas por la policía. Pero, aun siendo minoritarias y hasta ahora inofensivas, su simple convocatoria abre una serie de interrogantes: ¿es posible que la Revolución del Jazmín se extienda a China? ¿Cuál es la magnitud de la frustración del pueblo con el régimen? ¿Hay una masa crítica de gente lo suficientemente hastiada como para plantearse luchar por un cambio?

La primera pregunta va justo detrás del “buenos días” para periodistas extranjeros, intelectuales chinos y para los miembros del Partido. Responderla de forma categórica es simplemente una temeridad. Sobre todo después de la sorpresa que han dado los países árabes y norteafricanos con esta primavera democrática que nadie había visto venir.

En China, la sensación generalizada es negativa, son poco probables unas revueltas que acaben con el poder establecido. Pero no por falta de insatisfechos, que son muchos, sino más bien porque en el país, tras una convulsa historia reciente, la inestabilidad asusta más que la falta de libertad.

Conatos de protesta

Unos días atrás, una página web censurada y casi desconocida por la mayoría de los chinos, convocó concentraciones silenciosas en varias ciudades del país.

El formato escogido fue el llamado paseo de protesta, con cierta tradición en China. Conscientes de que cualquier pancarta desplegada en un sitio público garantizaba la detención inmediata de quien la portara, los organizadores decidieron hacer una demostración de fuerza disimulada: “invitamos a todos los participantes a pasear, mirar o hacer como que pasan por allí. Si estás presente, el Gobierno autoritario se verá sacudido por el miedo”.

En la primera convocatoria aparecieron algunas decenas de personas, hubo varias detenciones y poco más. Así que, los organizadores decidieron llamar a más concentraciones cada domingo.

Intranquilidad en el PCCh

El Partido ha reaccionado con nerviosismo, algo muy simbólico para los activistas, que lo consideran una victoria.

Centenares de policías y agentes de paisano han tomado las calles donde se pretendía protestar y las han cerrado. También han improvisado otras medidas: han levantado obras de la noche a la mañana en la calle comercial de Wangfujin, objetivo de las concentraciones en la capital. En Shanghai, camiones de limpieza recorren los aledaños del punto de encuentro para evitar que alguien se detenga.

Los corresponsales extranjeros en Pekín han sido advertidos por teléfono de que no pueden acudir a ninguna de las zonas de protesta. Algunos han recibido amenazas veladas de perder su visado. Se ha vuelto a poner en vigor una regulación, suspendida en 2007, que obliga a los periodistas a pedir permiso oficial para entrevistar a cualquier persona en la capital.

Y, como siempre que se siente amenazado, el Gobierno ha puesto en marcha toda su maquinaria represiva. Decenas de activistas han sido detenidos, sometidos a arresto domiciliario y, en algunos casos, acusados de delitos graves como incitar a la subversión contra el poder del Estado. El presidente Hu Jintao ha dado la orden de intensificar los controles en Internet, y le ha recordado al Ejército de Liberación Popular que es al partido a quien debe obediencia.

¿Existe masa crítica?

Una de las claves para discernir si puede haber una revuelta en China similar es identificar qué proporción de la ciudadanía está descontenta con el régimen. Ante la falta obvia de datos oficiales o estadísticas, tenemos que conformarnos con trabajar con un orden de magnitud del descontento: ¿cuántos son los “insatisfechos” con el régimen?

China tiene 1.341 millones de habitantes. Una primera aproximación indica que los descontentos no son mayoría pero que, aun así, se cifrarían en varios centenares de millones de personas.

El país cuenta con una gran cantidad de ciudadanos malnutridos; centenares de miles de personas son enviados ilegalmente a campos de reeducación para el trabajo; y expropiados de forma forzosa de sus viviendas. Además de los llamados, peticionarios, gente que va a la capital a protestar contra las injusticias, son reprimidos por los funcionarios locales. Otros son abogados de derechos humanos a los que les han quitado la licencia; los que sufren de la omnipresente corrupción y abusos de los jefes locales; e intelectuales demócratas.

También personas de otras etnias o religiones están acechadas: miembros de Falung Gong (un grupo espiritual considerado secta en el país); los uigures, mayoritariamente musulmanes de la región de Xinjiang, están controlados con puño de hierro desde Pekín; tibetanos, que adoran en secreto al Dalai Lama, exiliados en India; o los cristianos, una buena parte de los cuales practican su religión en templos secretos e ilegales fuera de la órbita de la Iglesia oficial aceptada por el Partido.

Y, aunque su grado de insatisfacción no sea suficiente como para desear el fin del régimen, habría que sumar a todo lo anterior decenas de millones de trabajadores rurales que emigran a las ciudades y se convierten, por el sistema de pasaporte interno o hukou, en ilegales sin derechos en su propio país; a los jóvenes irritados por los rampantes precios de la vivienda, derivados de la especulación inmobiliaria; y a centenares de millones de personas preocupadas por la inflación.

Además, China está cada vez más lejos de la utopía comunista que predicó Mao Zedong y, hoy por hoy, es uno de los países más desiguales del mundo. Está en la posición 100 de 134 regiones con desigualdad social. Por detrás de Ruanda.

Pero en China cada vez se vive mejor…

Aunque muchos asumen que el margen de descontento es amplio, argumentan que los hijos creen que van a vivir mejor que sus padres.

Tres décadas de crecimiento imparable y una gestión astuta y eficaz del régimen gobernante después de la llegada del aperturista Deng Xiaoping han producido el milagro chino: en poco tiempo centenares de millones de personas han salido de la pobreza más extrema, a la que los anteriores dirigentes del Partido les habían abocado.

Además, el acervo cultural chino conlleva una natural aversión a las situaciones de inestabilidad y tumulto. La nefasta Revolución Cultural está aún muy presente en la mente de todos los chinos, que ahora podrían querer primar la estabilidad sobre la libertad. Y aunque realmente algunos quisieran lanzar unas revueltas, el sistema opresor del régimen es uno de los mejor engrasados del planeta.

Pero, sobre todo, aún está muy viva la lección de Tiananmen: el Gobierno está dispuesto a adaptarse y a aceptar un cierto grado de libertades civiles y económicas, pero cualquier intento de atacar al poder será aplastado con sangre y fuego.

El factor humano

En todo caso, intentar prever lo que ocurrirá en China en base a todas estas discusiones, estimaciones y análisis no deja de ser un brindis al sol.

¿Quién podía prever que la protesta de un tunecino en un pueblo perdido del país, harto de los abusos policiales, iba a encender la chispa del cambio político más radical en la historia reciente de varios países árabes?

Al fin y al cabo, es casi siempre el factor humano, esa parte incontrolable de las sociedades, el principal vector de la Historia. Y las ansias de libertad de un egipcio o un chino pueden estar décadas en estado latente, ocultas, hasta que, por esto o aquello, se disparan. Entonces se convierten en la fuerza política más formidable.

Gobierno chino toma medidas

El Gobierno chino tomará todas las medidas necesarias para luchar contra la inflación, las desigualdades sociales y la corrupción, con objeto de garantizar la estabilidad social para continuar el desarrollo del país, según ha asegurado hoy el primer ministro chino, Wen Jiabao, en la apertura de la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional en Pekín. Wen ha reconocido que estos y otros problemas han creado un "gran resentimiento" entre la población. "Debemos hacer del incremento de la mejora del nivel de vida de la gente el pivote que une reforma, desarrollo y estabilidad (...) y garantizar que la gente esté contenta con sus vidas y sus trabajos, la sociedad esté tranquila y en orden, y el país disfrute de paz y estabilidad duraderas". China "resolverá de forma efectiva los problemas que causan gran resentimiento en las masas", ha afirmado el primer ministro ante unos 3.000 diputados, llegados de todo el país, en el imponente anfiteatro del Gran Palacio del Pueblo. En el exterior, las banderas rojas ondeaban sobre los edificios que rodean la plaza Tiananmen mientras cientos de soldados y policías de uniforme y de paisano peinaban la zona e inspeccionaban los bolsos de los grupos de turistas que se acercaban a fotografiarse bajo el retrato de Mao Zedong, a la entrada de la Ciudad Prohibida. Wen Jiabao ha hecho en su discurso -equivalente al del estado de la nación- un repaso al plan quinquenal 2006-2010, y ha presentado los objetivos del siguiente (2011-2015), con el que China pretende bascular hacia un país más igualitario con una economía más verde y sostenible, más orientada al consumo interno y menos a las exportaciones y la inversión. El objetivo de crecimiento medio anual del PIB (producto interior bruto) para los próximos cinco años es del 7% (8% para 2011). El quinquenio pasado, el PIB aumentó una media del 11,2%, frente al 7,5% planificado. Para 2015, el PIB deberá exceder 55 billones de yuanes (5,9 billones de euros), según ha dicho. El primer ministro ha citado la palabra "estabilidad" en repetidas ocasiones, lo que revela que el Gobierno tiene en el retrovisor las revueltas que desde hace semanas agitan el mundo islámico y quiere desactivar cualquier posibilidad de contagio. Para ello, cuenta con el cóctel habitual: continuar mejorando el nivel de vida de la población, censurar los medios de comunicación e Internet, y seguir reprimiendo con dureza a los disidentes. Pasos contra el desempleo y la corrupción Wen Jiabao no se ha referido a las revoluciones en el mundo árabe. Sin embargo, su discurso de dos horas y cinco minutos -emitido por la televisión- ha parecido en buena medida dirigido a explicar que Pekín está dando pasos decisivos para afrontar algunos de los problemas que han provocado estas revueltas, como las desigualdades sociales, el precio de los alimentos, el desempleo y la corrupción. El dirigente no ha hablado de reformas democráticas, una de las demandas detrás de las protestas en Túnez o Egipto, pero que en China pocos ciudadanos -por falta de tradición, desinterés, ausencia de debate o censura- piden, y que para Pekín son asunto tabú. Wen ha dicho, sin embargo, que se potenciarán los sistemas de supervisión del poder. El político ha mencionado también como problemas las desigualdades regionales, el desequilibrio de la economía, la falta de sistemas educativo y sanitario de calidad, el precio de los alimentos y la vivienda, las expropiaciones ilegales, la contaminación y el desempleo. Limitar la subida de precios al 4% La prioridad por la estabilidad ha marcado tradicionalmente la política china, pero este año ha adquirido una dimensión añadida. De ahí que Pekín haya declarado la lucha sin cuartel contra la inflación, uno de los factores que avivaron las protestas a favor de la democracia de la plaza Tiananmen en 1989. "Recientemente, los precios han subido bastante rápido. Este problema afecta al bienestar de la gente, tiene que ver con los intereses de todo el mundo y afecta a la estabilidad social. Debemos, por tanto, convertir en prioridad total del control macroeconómico el mantener la estabilidad de los precios", ha señalado. Wen ha fijado como objetivo de inflación a no sobrepasar este año el 4%. En enero pasado, fue del 4,9%. Los líderes del Partido Comunista Chino (PCCh), encabezados por el presidente, Hu Jintao, han seguido la pauta fijada por el autor de las reformas chinas, Deng Xiaoping, quien dijo que había que permitir que algunos se hicieran ricos antes. Pero parecen pensar, por convencimiento o forzados por el descontento popular, que ha llegado la hora de paliar con decisión las desigualdades. El primer ministro ha asegurado que se impulsará el gasto en educación, sanidad y vivienda pública, y se controlarán los precios de los alimentos y del sector inmobiliario, con objeto de disminuir la brecha entre ricos y pobres, una de las mayores del mundo. También ha dicho que los salarios serán incrementados y se "harán más esfuerzos para ajustar la distribución de la riqueza", por ejemplo con la modificación del sistema de impuestos Las desigualdades son especialmente graves entre las zonas urbanas y las rurales, donde viven dos tercios de la población. La renta per cápita mensual en las primeras -1.752 yuanes (171 euros)- más que triplica la de las segundas -493 yuanes (53 euros)-. Wen ha vaticinado que en el próximo quinquenio los ingresos per cápita aumentarán a una media anual del 7% en ambos lugares. 'Concentraciones jazmín' La urgencia del Gobierno en calmar el "gran resentimiento" existente en parte de la población se produce en medio de las convocatorias de concentraciones jazmín en China cada domingo realizadas por organizadores anónimos en una web estadounidense dirigida por disidentes, que han recibido una respuesta contundente de las autoridades. El Departamento de Seguridad Pública ha detenido o puesto bajo vigilancia domiciliaria a decenas de activistas -algunos de los cuales han sido acusados de querer subvertir el poder del Estado por difundir las convocatorias- y ha prohibido a los corresponsales extranjeros que acudan a los lugares designados para las protestas en Pekín y Shanghai, bajo amenaza de ser detenidos y expulsados de China. La medida ha colocado estas zonas de las ciudades que organizaron los Juegos Olímpicos en 2008 y la Exposición Universal en 2010 al nivel de Tíbet, que está vetado a la prensa extranjera. El Diario de Pekín, órgano oficial del Gobierno municipal, ha advertido hoy en un artículo a los lectores que ignoren los llamamientos a las concentraciones jazmín porque revueltas similares en otros países solo han traído caos. La sesión anual de la Asamblea Popular Nacional dura 10 días.