sábado, 10 de octubre de 2015

urquía, Siria y el Estado Islámico


     
(Tiempo estimado: 5 - 10 minutos)

El actual Presidente Turco, Recep Tayyip Erdoğan.

Hasan Turk La situación de Oriente Medio no ha hecho más que complicarse después de las invasiones occidentales y la (mal) llamada “primavera árabe”. La convergencia del conflicto en Siria y en Irak, más la cambiante intervención de Turquía, siguen alimentando el polvorín.

Hasan Turk*

El invierno árabe

Oriente Medio fue la cuna de las grandes civilizaciones, pero también es la cuna de grandes conflictos. La región siempre ha sido apetecida por los imperios por su ubicación geoestratégica y sus recursos naturales diversos y ricos
Durante la última década la región ha padecido invasiones extranjeras y conflictos internos. Las invasiones de Estados Unidos y sus aliados en 2001 a Afganistán y a Irak en 2003 trajeron consecuencias muy graves.
Con el derrocamiento de Saddam Husein, Irak se convirtió en un Estado fallido. Por eso, los grupos radicales islamistas aprovecharon esta situación y comenzaron a utilizar al país como un santuario para atacar a Estados Unidos y sus aliados occidentales; pero con el pas del tiempo, estos grupos se convirtieron en un peligro para la sociedad iraquí y para los países árabes. 
La región otra vez fue sacudida en 2010, esta vez desde dentro, por la mal llamada Primavera Árabe. Como los países de Oriente Medio eran gobernados por dictadores títeres de Occidente, la sociedad civil comenzó a demostrar su descontento, primero en Túnez contra el gobierno de 23 años de Ben Ali, y luego en casi todos los países de la región.
Al comienzo de las manifestaciones de la Primavera Árabe muchos pensaron que todos los dictadores de Oriente Medio iban ser derrocados y reemplazados por gobiernos elegidos  democráticamente. Y muchos fueron derrocados, pero no fueron reemplazados por gobiernos democráticos.
Lamentablemente, la Primavera Árabe no trajo la paz, la democracia, la equidad y la justicia a la región, sino que aumentó la intensidad del conflicto.

El caso de Siria

Campo Azraq, zona de refugiados sirios en Jordania.
Campo Azraq, zona de refugiados sirios en Jordania.
Foto: European Comission DG ECHO
La mala estrategia de las potencias occidentales y de los países sunitas de la región sobre Siria hizo que el país se convirtiera en epicentro de uno de los peores y más dramáticos conflictos del mundo.
Lo que está pasando en Siria es una vergüenza para la humanidad. El país vive desde hace cuatro años un conflicto sin solución, cuyas heridas tardarán décadas en sanar. Según las cifras de Amnistía Internacional, el número de muertos en cuatro años de conflicto es de 190.000. Para otras organizaciones, como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en Gran Bretaña, el número de muertos ya ha superado los 240.000.
La Primavera Árabe no trajo la paz, la democracia, la equidad y la justicia a la región, sino que aumentó la intensidad del conflicto.
Además se cuentan 7,6 millones refugiados en el país; más de cuatro millones están refugiados en países vecinos como Turquía, Líbano, Jordania e Irak; y no hay cifras exactas sobre personas capturadas y torturadas en las cárceles de Siria. Todo esto en una nación que tiene aproximadamente 22 millones de habitantes.
El conflicto sirio no solo ha dividido la nación árabe entre diferentes grupos étnicos y religiosos sino también a las naciones cercanas. Países como Rusia, China e Irán han defendido el régimen de Bashar al Asad, pero países como Estados Unidos, miembros de la Unión Europea y países de la región, en especial los sunitas como Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, han utilizado muchos medios para derrocar al actual gobierno sirio.
Rusia y China han vetado las resoluciones propuestas por otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU contra Siria, e Irán ha defendido a su aliado sirio a sangre y fuego. La crisis en Siria ha demostrado que la rivalidad de la Guerra Fría entre potencias aún está vigente y es tan peligrosa que puede detonar una guerra internacional o una guerra sectaria entre naciones sunitas y chiitas.
Después de cuatro años de conflicto, el régimen de Bashar al Asad aún está en el poder, pues sus amigos Rusia, China e Irán lo defienden y la opinión en Occidente y en Oriente Medio está dividida sobre el futuro del régimen. Por su parte, los rebeldes sirios están divididos y fragmentados entre islamistas moderados, islamistas radicales y liberales.  

Fuente: amnesty.org

La amenaza del Estado Islámico

Estados Unidos y sus aliados querían derrocar al régimen de Bashar al Asad, pero ahora no saben qué hacer. Si derrocan al régimen, posiblemente grupos radicales como el Estado Islámico lo va a reemplazar y esto sería peor. Pero tampoco quieren que al Asad permanezca en el poder por mucho tiempo.
Países como Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes han querido derrocar al régimen de Asad a cualquier costo, incluso apoyando al grupo terrorista “Estado Islámico” (EI). Y no se debe olvidar que Estados Unidos y sus aliados fueron permisivos con el EI, hasta el momento en que este comenzó a asesinar periodistas y ciudadanos occidentales.
Las invasiones de norteamericanos y sus aliados y la Primavera Árabe han debilitado a los gobiernos de la región y los han convertido en tierras sin ley. Esta situación ha servido a los grupos radicales, en especial al EI, para controlar grandes territorios.
El EI cobra impuestos, controla la seguridad, vigila el comercio, es el actor principal en la economía, tiene ejército, aplica justicia, y controla los productos y/o personas que entran y salen. En otras palabras, se comporta como un verdadero Estado.
El EI es cada más fuerte en la región y recibe miles de hombres y mujeres de otros países musulmanes o de Europa, que son atraídos por las estrategias del grupo en las redes sociales de internet para difundir su terror y captar yihadistas.

La estrategia de Turquía

Un refugiado Sirio camina entre las ruinas de la ciudad de Homs, en Siria.
Un refugiado Sirio camina entre las ruinas de la ciudad de Homs, en Siria.
Foto: Chaoyue 超越 PAN 潘
Turquía, por su parte, ha cambiado su política internacional drásticamente durante la última década. Cuando el partido AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) llegó al poder con el liderazgo de Recep Tayyib Erdoğan en el año 2002 quiso aplicar la doctrina de “nada de problemas con los vecinos”.
Por eso el entonces primer ministro y hoy presidente Tayyib Erdoğan comenzó a tener excelentes relaciones con los países vecinos y el presidente sirio se convirtió en uno de sus mejores aliados, no solo como jefe de Estado sino como amigo personal. Pero las cosas cambiaron radicalmente con el inicio de la Primavera Árabe y la antigua alianza se convirtió en enemistad.
La crisis en Siria ha demostrado que la rivalidad de la Guerra Fría entre potencias aún está vigente
Erdoğan declaró entonces a Bashar al Asad como su enemigo principal y dijo que su permanencia en el poder era un peligro no solo para la población siria sino para todo el Oriente Medio.
Además, al comenzar el conflicto en Siria en 2011 la población comenzó a buscar refugios en los países vecinos y Turquía se convirtió una meca para los refugiados del país en guerra. Solo en Turquía, según los últimos datos del gobierno, el número de refugiados ha llegado a 2 millones. Erdoğan abrió, además, una “zona segura” en la frontera de Turquía con Siria para proteger a los refugiados.
Desde hace algunas semanas la política internacional de Erdoğan dio otro giro histórico: ahora está bombardeando los campamentos del Estado Islámico en Siria e Irak. ¿Por qué Erdoğan cambió su política hacia el Estado Islámico? Hay tres razones principales:  
  1. El Estado Islámico hizo un atentado terrorista en la localidad Suruç (el principal punto de comunicación entre Turquía y la ciudad sirio-kurda de Kobani) donde  murieron 32 ciudadanos,
  2. Erdoğan se veía entre la comunidad internacional como un líder permisivo con el EI, y,  
  3. El ingreso del partido HDP (Partido Democrático de los Pueblos, un partido prokurdo y defensor de la PKK, la guerrilla kurda) al parlamento turco.
Desde que Erdoğan llegó al poder tenía el sueño de cambiar el sistema de gobierno en Turquía para permanecer en él durante muchos años, pero el ingreso del HDP pone en riesgo ese sueño. Erdoğan comenzó entonces a satanizar al partido prokurdo HDP para disminuir su influencia y para que no tenga más escaños en el parlamento.
No permitir la entrada del HDP al parlamento turco convertiría a Erdoğan en un nuevo tipo de sultán otomano, debilitaría la democracia en Turquía y aumentaría el poder del EI en la región. Y un EI poderoso en la región llevaría a la división de Siria e Irak entre kurdos, sunitas y chiitas, con guerras étnicas y sectarias aún más terribles.
Aunque la alianza de Turquía con Estados Unidos fue concebida para bombardear los campamentos del EI, el ejército turco solo ha atacado a la guerrilla kurda PKK, lo cual es apoyar indirectamente al EI, porque hasta ahora el grupo que ha detenido el avance de EI en muchas zonas de Siria han sido precisamente los Peşmerge (guerreros kurdos en Irak y Siria).
Lo que deberían hacer las potencias occidentales en esta situación es presionar a los gobiernos locales para que haya más democracia, fortalecer las instituciones, apoyar a la sociedad civil para que exista verdaderamente “la libre determinación de los pueblos” y acabar con los grupos radicales.

* Magister en Ciencias Políticas, experto y analista sobre asuntos de Oriente Medio y las Relaciones Internacionales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario