martes, 1 de marzo de 2011

Rebelión en contra del autoritarismo árabe-musulmán: ¿Ola de democratización?

Rebelión en contra del autoritarismo árabe-musulmán: ¿Ola de democratización?

Por: Eduardo Pastrana Buelvas*

¿Está Vigente la Tercera Ola de Democratización?

Las revueltas de las últimas semanas en las sociedades árabe-musulmanas han generado nuevamente expectativas sobre el renacimiento de los procesos de transición a la democracia. Con el concepto de democratización se ha tratado de definir el proceso que determina la etapa de transición desde la caída de un régimen autoritario hasta la consolidación del sistema democrático. Conceptos como autocracia, absolutismo, autoritarismo y totalitarismo han sido utilizados para caracterizar una variedad de formas de dominación político social en el transcurso de los últimos tres siglos, las cuales, a pesar de las muchas diferencias que se pueden constatar entre tales tipologías de régimen, tienen en común su carácter antidemocrático.

Las luchas por la conquista de las libertades democráticas que se vienen propagando en las sociedades árabes-musulmanas trae a la memoria el otoño caliente de 1989 que sirvió de escenario para que los ciudadanos de la Europa del Este derrumbaran las dictaduras totalitarias del socialismo de Estado. Para Samuel Huntington, quien fue uno de los politólogos más conocidos y controvertidos de las últimas cuatro décadas, “las revoluciones de terciopelo” el los países de “la Cortina de Hierro” se enmarcaron, según su concepción, en la tercera ola democrática. En su libro “La Tercera Ola” (1991), Huntington plantea que se han producido tres olas democráticas en la historia moderna, o sea, tres procesos de transformaciones de gobiernos autoritarios en gobiernos democráticos. La primera de ellas comenzó en 1828 y concluyó en 1926; la segunda dio inicio en 1943 y terminó en 1962: y la tercera tiene sus comienzos en 1974 y podría tener todavía vigencia en las posibles transiciones que se pueden llevar a cabo en el norte de África, el Oriente Próximo y el Lejano Oriente.

A pesar de las críticas y debilidades que han sido señaladas en el marco interpretativo ofrecido por Huntington, su concepción sobre las tres olas democráticas se ha mostrado como útil a la hora de analizar los procesos de democratización desde una perspectiva histórica y la idea de una tercera ola sigue teniendo vigencia. Sin embargo, la posición de Huntington sobre la relación estrecha entre democracia y Occidente y, en especial, la supuesta incompatibilidad de este régimen político con el Islam, le generó muchas críticas. Así mismo, fue cuestionada duramente su presunción sobre el autoritarismo genético de las otras grandes civilizaciones y religiones del mundo, como el confucionismo, el budismo o el islamismo.

Hasta ahora, las sociedades árabe-musulmanas habían mostrado su rechazo a las ideas de expansión de la democracia liberal y la consideraban como propia de los valores occidentales, es decir, como un instrumento para reforzar las pretensiones postcoloniales de mantener la hegemonía de Occidente en la región. Sin embargo, lo interesante de las revueltas que estamos presenciando es que su naturaleza es eminentemente civil y secular, es decir, muy distante a los acostumbrados golpes de Estado, los procesos nacionalistas o fundamentalistas. La reacción en cadena que está estremeciendo los fundamentos del autoritarismo en esta parte del mundo ha abierto la puerta a una forma de movilización de carácter pluralista. Es una rebelión pluriclasista en cuyo desarrollo están participando individuos pertenecientes en muchos casos, pero en otros no, a distintas organizaciones civiles, políticas y religiosas. Así mismo, la novedad se expresa también en la equivalencia de las demandas que se enarbolan de Túnez a Egipto, de Bahrein a Libia, Argelia a Yemen, de Arabia Saudita a Irán y así sucesivamente: cambio radical de gobierno, elecciones libres y democracia. Se ha derrumbado el mito de la sumisión de los pueblos árabes-musulmanes y su incapacidad de rebelarse.

El fracaso de Occidente

Por otra parte, también es cierto que el efecto multiplicador de “la revolución de los jazmines” ha tomado por sorpresa y sin un concepto claro a EE.UU. y la Unión Europea (UE). En los círculos políticos y diplomáticos de Occidente se renuevan los debates fundamentales sobre valores o intereses, No intervención o Derechos Humanos, política de estabilidad o exportación de la democracia. Orientados por sus intereses geopolíticos, las potencias occidentales renunciaron a exigirles a las gerontocracias del norte de África y el Oriente Próximo el respecto y la garantía de las libertades civiles y políticas de sus ciudadanos a cambio que estos regímenes autoritarios y corruptos tuviesen en Jaque al fundamentalismo islámico, sirvieran de diques a la emigración incontrolada y fuesen garantes de la seguridad de occidente y de Israel. La doble moral de la Unión Europea (UE) y EE.UU. los llevó a tolerar por décadas el despotismo y la corrupción de estos gobiernos, siempre y cuando garantizaran a través de la estabilidad la seguridad de los primeros.

Por tanto, lo que más preocupa a Occidente en los actuales momentos es que los posibles procesos de transición a la democracia sean capitalizados por los grupos integristas para acceder al poder, tal como ocurrió cuando el FIS en (Frente Islámico de Salvación) en Argelia (1991) y Hamas en Palestina (2006) ganaron las elecciones. Las elites pro-occidentales en Argelia respondieron con un golpe de Estado y la declaratoria de ilegalidad del FIS en marzo de 1992, contando con el silencio cómplice de Occidente. Por lo que se refiere al acceso de Hamas al poder, la actitud de Occidente ha sido la de no reconocer su gobierno en la franja de Gaza como un interlocutor válido de la cuestión palestina y han calificado, con fundamento, permanentemente a la organización como terrorista.

La esfera pública global: nuevo espacio para la democracia

En contraste con la postura anti-occidental que dominaba el espectro de las consignas de los movimientos nacionalistas e islamistas en dichas sociedades en el pasado, las revueltas cuestionan ahora directamente la legitimidad de los regímenes autoritarios que están empotrados en el poder. La referencia frecuente al pasado colonialista como fuente de todos los males y la presencia de Israel en la zona, sin que ello haya sido superado del todo, no han sido ni el desencadenante de los levantamientos ni el contenido de las agendas. Sin desconocer que el desempleo creciente y la falta de perspectivas han sido también un detonante, las demandas tienen un común denominador: el grito de libertad.

Por tanto, estamos presenciando un cambio radical en la agenda de los movimientos que se han venido gestando, construidas alrededor de demandas que encarnan la realización de valores políticos y sociales anteriormente rechazados, por ser considerados como propios de Occidente. Los procesos de globalización han generado la ampliación espacio-temporal de las prácticas sociales más allá de las fronteras de estos Estados, en cuyo contexto ha venido aumentando la participación activa de la ciudadanía fuera de los círculos políticos formales, constituyendo paulatinamente un ámbito público global que sirve de escenario para la promoción y defensa de bienes públicos globales como los derechos humanos (DDHH). La interconexión y coordinación regional y global de la acción ciudadana ha sido favorecida por el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), ampliando la caja de resonancia de la esfera pública. En este sentido, las redes sociales han jugado un papel importante en las revueltas en el mundo árabe-musulmán, en el proceso de concertación colectiva de las movilizaciones en contra de las gerontocracias. A pesar de los problemas socioeconómicos de muchas de las poblaciones árabe-musulmanas, amplios sectores de la sociedad han tenido acceso creciente a la comunicación por Internet, la telefonía móvil y la televisión vía satélite. Los levantamientos han evidenciado como las redes sociales como Facebook o los sitios de microblogging como Twitter han servido de instrumentos para impulsar y coordinar las movilizaciones sociales. Igualmente, se debe destacar el papel clave que han jugado las comunidades de emigrantes de estos países en el extranjero al participar activamente en tales redes, coordinando estrechamente con sus compatriotas en sus países de origen las movilizaciones sociales en contra del autoritarismo. Así mismo, han logrado mediante su participación deliberativa en los foros virtuales que el desarrollo de los acontecimientos en sus países de origen y el contenido de las demandas de las protestas haya tenido un gran despliegue y visibilidad a nivel internacional. Efectivo ha sido también el apoyo recibido a través del ciberespacio desde el extranjero que, como en caso de Túnez, colapsaron los portales gubernamentales.

El fin de las repúblicas dinásticas

El modelo de repúblicas dinásticas ha llegado a su ocaso y comienzan a ser arrolladas por las revueltas populares. Ben Alí en Túnez y Mubarak en Egipto han sido derrocados; Gaddafi está acorralado y se aferra al poder cometiendo genocidio en contra del pueblo libio; las protestas aumentan intensidad en Yemen en contra del dictador Ali Abadullah Saleh; en Bahréin el rey Hamad Ben Issa Al-Khalifa intententa por todos los medios de contener la revuelta; en Jordania comienzan a atizarse las protestas en contra del rey Abdalá II; en el Irán teocrático se vienen presentando manifestaciones en contra del régimen; pareciera también que Arabia Saudita y Siria puedan contagiarse. Es más, los jóvenes palestinos que viven en la franja de Gaza comienzan a expresar su descontento en contra del autoritarismo religioso de Hamas y perciben como fracasado su proyecto político. En fin, la mayoría de los ciudadanos de estos países no ven ningún futuro en este modelo de sociedad, el cual ni siquiera genera atractivo en los sectores más desfavorecidos. El nuevo espacio público transnacional de las redes sociales ha saltado en pedazos el control hermético que estos regímenes autoritarios ejercían sobre el flujo de información y la formación de la opinión pública. Las redes sociales se han convertido en auténticos multiplicadores para la movilización popular.

Las Nuevas Generaciones y la Democracia

Muchos de los que han participado en los levantamientos de las últimas semanas son asiduos usuarios de Internet y miembros de las redes sociales y, además, en su mayoría jóvenes, quienes constituyen cerca del 60% de la población en dichos países. Las demandas de cambio de régimen no reivindican, como en el pasado, el poder para la comunidad religiosa sino para el individuo. Posiblemente, algunos grupos persistirán en el intento de politizar las creencias religiosas, pero otros sectores de la sociedad han comenzado a tomar también distancia del autoritarismo fundamentalista y anteponen a este modelo de sociedad autocrática el principio de autonomía del individuo. Además, el principio de soberanía en el Islam se fundamenta en Dios, pero, de acuerdo con las nociones de justicia que están implícitas en la fe musulmana, la voluntad divina se puede encarnar en el pueblo. Este ha sido el anhelo que ha aflorado en la ola de protestas que ha comenzado a cambiar el mapa político en el Magreb y Oriente Próximo, en donde las demandas de democratización no han sido la exigencia de potencias extranjeras sino que han surgido de las entrañas de estas mismas sociedades. Se está exigiendo no un cambio de régimen sino de sistema.

El concepto de libertad individual, que antes era demonizado como un valor occidental y cristiano, ha venido tomando arraigo en la conciencia de las nuevas generaciones y comienza a apreciarse como un valor universal. Aproximadamente, el 60% de la población en la región del Magreb (Norte de África) es menor de 25 años y han comenzado a perderle el miedo a la opresión y a demandar mayores oportunidades para progresar. Se percibe una relación distinta de las nuevas generaciones con la modernidad en lo que se refiere a los derechos civiles y políticos.

El Talón de Aquiles de las Transiciones

Sin embargo, el sistema político en estos países es demasiado frágil y el pluripartidismo es algo muy distante a una cultura política que ha estado marcada por el autoritarismo de décadas, lo cual plantea muchos obstáculos para que los procesos de concertación moderen las posturas maximalistas. No será nada fácil para los gobiernos que tendrán la tarea de enfrentar y conducir los procesos de transición a la democracia, porque encontrarán un gran escollo para su buena gestión y estabilidad en las tensiones que se producirán entre las reformas políticas y las demandas socioeconómicas, tales como generación de empleo y el cumplimiento de políticas macroeconómicas que puedan restringir la inversión social, reducir el poder adquisitivo de la población y generar carestía en los bienes de consumo básico.

Muchos del los Estados de la convulsionada región tienen graves problemas económicos que no son fáciles de superar. Se teme que se pueda producir una gran decepción en quienes han puesto sus esperanzas en el cambio, cuando experimenten que la simple introducción de elecciones libres no soluciona automáticamente la miseria social. El desencanto puede conducir a darle la espalda al proceso de democratización y puede abrir la puerta a agendas populistas o de fanatismo religioso. Este fantasma inquieta a las potencias occidentales, quienes han visto con recelo la participación de los miembros de la Hermandad Musulmana en la fase decisiva del derrocamiento de Mubarak en Egipto.

¿Cuál será el rol de Occidente en las Transiciones?

Tanto el Magreb como el Oriente Próximo tienen una importancia geoestratégica para EE.UU. y la UE. La gestión de sus intereses geopolíticos en esta parte del mundo depende mucho de su estabilidad y de las estrategias que desarrollen. Los sucesos de las últimas semanas tomaron por sorpresa a los gobiernos occidentales y sus respuestas han sido tardías frente a la velocidad y la fuerza abrumadora de los acontecimientos. En el caso de la UE por su vecindad inmediata, la volatilidad de la región representa amenazas directas para su seguridad. Por lo tanto, en los posibles procesos de transición a la democracia se hace indispensable la cooperación tanto económica y como logística de la UE, EE.UU. y de organismos internacionales como la ONU. De lo contrario, los movimientos fundamentalistas, como en el pasado, podrían aprovechar la anomia social para acceder al poder. No bastará con asesorar a las autoridades de transición sobre las bondades del Estado de derecho y las leyes electorales. Se requiere ayudar a construir una sociedad civil y un sistema político fuertes que le den consistencia al proceso de democratización. Hasta ahora, la estrategia de Occidente, que prefirió una estabilidad precaria, garantizada por regímenes autoritarios, ha fracasado. La democracia no echo raíces en la región con la complicidad externa de EE. UU y la UE, quienes, a pesar de su discurso ético sobre los DDHH, practicaron una doble moral.

Democracia y Libertad son Valores Universales

Considero que la conformación de una esfera pública global, facilitada por el alto grado de interconexión entre las distintas sociedades, como producto de la masificación planetaria y el bajo costo de las TIC, ha contribuido paulatinamente a la compresión universal de valores como la autonomía del individuo, la libre formación de la opinión y la voluntad de los ciudadanos y su participación libre en los procesos democráticos. Las nuevas generaciones, que han crecido familiarizadas con el uso de las redes sociales, han aprendido a darle importancia al derecho de estar informado, a la necesidad de transparencia en la gestión de lo público y a valorar el derecho de poder expresarse libremente. La nueva sociedad civil global, cuyo accionar e influencia trasciende las fronteras de las sociedades autoritarias, está logrando que los DDHH y las ideas de democracia, que antes eran considerados sólo valores universales, se vayan convirtiendo en bienes públicos universales, que ahora son reclamados como propios por ciudadanos pertenecientes a otros círculos culturales. En fin, parece que las sociedades árabe-musulmanas están llegando a su mayoría de edad y sus gritos de libertad los convierte en protagonistas de su ingreso a su propia modernidad al despuntar el siglo XXI. El tiempo tendrá la última palabra.



* Director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana y Editor de la Revista Papel Político.

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